A pesar de las prohibiciones, hubo denuncias por el uso de pirotecnia en distintos lugares de la Provincia.
Si bien las fiestas son un momento para la celebración y el disfrute, muchas personas y animales padecen las consecuencias del uso ilegal de fuegos artificiales. Tras las celebraciones de Año Nuevo, se reportaron muchos casos donde lamentablemente la pirotecnia perjudicó la vida de muchas familias.

A pesar de las prohibiciones y restricciones los fuegos artificiales y la pirotecnia con grandes estruendos volvieron a escucharse en el centro y todos los barrios de la ciudad.
Esto generó quejas y denuncias por el incumplimiento de las ordenanzas, especialmente por su impacto en personas con autismo y animales, aunque las normativas permiten pirotecnia regulada y de baja intensidad.

Vecinos reportaron detonaciones fuertes en distintos barrios de la ciudad, aunque la ley prohíba ese tipo de pirotecnia.
Hay malestar en redes sociales porque, según algunos vecinos, hubo venta y uso sin intervención visible de controles en varios sectores.
Hasta los mismos comercios autorizados venden la pirotecnia prohibida y siguen ofreciendo artículos con sonido, incluso a pesar de los operativos de control.

Esto muestra que no desaparece totalmente por la falta de un cumplimiento más amplio o efectivo en todos los barrios, especialmente de noche o en lugares más alejados del centro.
Las leyes existen, pero el control es limitado.
La pirotecnia sonora, está prohibida pero no hay suficientes controles ni sanciones reales, si no hay consecuencias, mucha gente sigue usándola.

Año Nuevo es una fecha “especial” para la gente. Aunque sepan que está prohibido, muchas personas priorizan la tradición, la emoción del festejo o el “siempre se hizo así”, y desobedecen igual.
Con más conciencia sobre el tema (mascotas, personas con autismo, adultos mayores), se presta más atención al ruido, entonces se siente más fuerte y más injusto que antes.

Aunque esté prohibida, la pirotecnia sonora sigue vendiéndose, a veces de forma informal o como “bajo ruido” cuando no lo es.
Se habla del tema cerca de las fiestas, pero no hay educación constante durante el año, así que el cambio cultural es muy lento.
La promesa falla porque no alcanza con prohibir. Sin controles reales, sanciones claras y educación continua, en fechas como Año Nuevo el ruido termina siendo igual o peor.







