La realidad en gran parte del Valle de Lerma vuelve a ser la misma de siempre: inundaciones, caos y vecinos abandonados a su suerte. Bastaron apenas 70 milímetros de lluvia en 30 minutos para que Rosario de Lerma y La Merced colapsaran por completo.
Canales de riego desbordados por falta total de mantenimiento, desagües pluviales inexistentes y obras hídricas prometidas durante años que nunca llegaron. El resultado: calles convertidas en ríos y barrios enteros bajo el agua.
Rosario de Lerma volvió a transformarse en la “nueva Venecia del Valle de Lerma”, aunque sin glamour y con pérdidas millonarias para los vecinos. Barrios como San Rafael, Parque Las Rosas, calle Aniceto Latorre, o la Pellegrini y la siempre castigada calle Irigoyen quedaron completamente anegados, con niveles de agua que en algunos sectores alcanzaron casi 70 centímetros.
En la parte más baja del Valle de Lerma, La Merced, la situación fue aún más grave. La Ruta Nacional 68 sufrió cortes y anegamientos severos; el agua arrastró al menos tres vehículos, cuyos conductores fueron rescatados de de milagro por otros automovilistas. Una postal dramática que se repite año tras año.
Lo más grave es que nadie da respuestas claras: nadie explica de dónde sale tanta agua, por qué los canales no se limpian, por qué no existen desagües pluviales acordes al crecimiento urbano, ni qué pasó con las obras anunciadas una y otra vez. Pasan los años, cambian los discursos, pero el problema sigue intacto.
Cada temporada de lluvias es una sentencia para los vecinos: pérdidas económicas, daños en viviendas, comercios destruidos y el miedo permanente de que la próxima tormenta sea peor.
La falta de obras hídricas en el Valle de Lerma ya no es una deuda: es una negligencia sostenida en el tiempo. Mientras tanto, los vecinos siguen pagando el precio de la desidia. Llueve, y la región se inunda. Siempre. Como si nadie gobernara.
Valle de Lerma Hoy





