Entre cerros que guardan memoria y colores que laten desde siempre, hay una canchita donde el fútbol se juega con el alma.
Al costado del mojón de la comparsa Cerro Negro en Maimara, la historia no solo se recuerda: se vive, se corre y se patea.

Aquí, la cultura baja de los cerros, el polvo se levanta como bandera y cada partido es un ritual que une generaciones, tradición y pasión.
Porque acá, el fútbol también es identidad.






