Un hombre que conducía en estado de ebriedad profunda colisionó en las inmediaciones de la calle Uriburu. Su hijo pequeño sufrió heridas en el pecho y, pese a la gravedad, el conductor intentó evitar a la policía.
El impacto y el ruego de impunidad
El siniestro se produjo sobre la calle Uriburu, a escasos metros de la comisaría de la zona. Tras el impacto, el menor comenzó a manifestar fuertes dolores en el pecho, producto del golpe contra el interior del habitáculo. El riesgo para la vida del niño no pareció ser la prioridad inmediata del conductor: según testigos y fuentes policiales, el hombre intentó por todos los medios evitar la intervención de las fuerzas de seguridad.
“No quiero intervención policial”, habría sido la frase del padre mientras su hijo lloraba por el impacto.
Estado de salud y situación legal
La “criaturita”, como la llamaron los vecinos que asistieron al lugar, fue víctima directa de la negligencia. Al no poder ocultar el estado del vehículo ni los síntomas del menor, el personal policial procedió a la demora del sujeto.
El control: El test de alcoholemia confirmó lo que su andar delataba: 1,97 g/l.
El niño fue atendido por personal médico para descartar lesiones internas graves en la zona del tórax.
El conductor permanece demorado y enfrenta cargos por conducción peligrosa y poner en riesgo la integridad de un menor.
Manejar con casi 2 gramos de alcohol en sangre anula cualquier capacidad de defensa ante un imprevisto. En este caso, la cercanía con la comisaría no fue un freno para la irresponsabilidad, pero sí garantizó una detención inmediata antes de que el desenlace fuera irreversible.






