Tartagal: la delincuencia obliga a cerrar con rejas y muros el barrio 200 Viviendas

0
54

Residentes del barrio 200 Viviendas de Tartagal describen una rutina de miedo por robos reiterados y reclaman presencia policial permanente.

En Tartagal, vecinos del barrio 200 Viviendas contaron que viven rodeados de rejas, concertinas y cámaras por la delincuencia que, según denuncian, castiga la zona desde hace años. El barrio, pensado como un lugar tranquilo para familias trabajadoras, terminó convertido en un espacio donde muchos se sienten “encerrados”, con rutinas modificadas y miedo constante dentro de sus propias casas. Entre los pedidos más repetidos aparece la creación de una comisaría o subcomisaría dentro del barrio para tener presencia policial cercana.

Los testimonios recogidos en el barrio 200 Viviendas describen robos reiterados, sospechosos conocidos y causas judiciales que, según los residentes, no avanzan. En ese contexto, una vecina llamada Mercedes relató un intento de ingreso a su vivienda en plena madrugada que la dejó cara a cara con un intruso. El caso se suma, según su propia cuenta, a varios hechos sufridos por ella durante la última década en esa misma zona de Tartagal.

Mientras aseguran que ya no usan libremente patios ni veredas por temor a la delincuencia, los habitantes de las 200 Viviendas señalan que continúan soldando puertas, levantando muros y reforzando rejas, a la espera de respuestas de las autoridades competentes en materia de seguridad y justicia.

En el B° 200 Viviendas refuerzan casas como si fueran búnkeres

En el corazón de Tartagal, el barrio 200 Viviendas dejó de parecerse al complejo familiar que se imaginó cuando se entregaron las casas. Hoy muchos frentes están cubiertos por estructuras de hierro, cercos altos y cámaras, mientras en los techos se ve alambre de púas y concertinas. Los vecinos describen que la única forma que encontraron para enfrentar la delincuencia fue blindar sus viviendas por todos los medios posibles.

En varias cuadras del barrio 200 Viviendas se repite la misma postal: garajes totalmente enrejados, accesos con varios candados, ventanas protegidas con barras reforzadas y pasillos internos cerrados. De acuerdo con los residentes, estas medidas responden a una serie de robos y ataques que se vienen dando desde hace años, con especial impacto en familias que salen temprano a trabajar o que quedan solas durante la noche.

Uno de los puntos más mencionados por los vecinos de Tartagal es la zona del taller de la OEA, dentro del mismo barrio 200 Viviendas. Allí, por temor a la delincuencia, los dueños decidieron soldar las puertas al terminar cada jornada para resguardar la maquinaria industrial. Según contaron allegados al lugar, incluso tareas sencillas como lavar ropa en el patio se trasladaron puertas adentro, porque ni de día sienten que el espacio externo sea seguro.

Esta transformación diaria no solo cambia la apariencia del barrio, sino también la forma de vivirlo. Familias que antes compartían veredas, charlas o mateadas en la puerta ahora permanecen la mayor parte del tiempo encerradas, vigilando cámaras o escuchando ruidos por miedo a otro intento de robo. Para muchos, la sensación es que quienes se mueven con libertad por las calles son los mismos que cometen delitos.

El caso de Mercedes: ocho robos en diez años en el mismo sector de Tartagal

Mercedes vive en la zona del taller de la OEA, sobre calle Dorrego, dentro del barrio 200 Viviendas de Tartagal. Según relató, en la madrugada de un día reciente, alrededor de las 3.50, delincuentes intentaron entrar a su casa aun cuando su auto estaba en el garaje, señal clara de que había alguien adentro. De acuerdo con su testimonio, los intrusos forzaron tres candados y uno de ellos llegó hasta la puerta de su habitación.

La mujer detalló que los sospechosos violentaron primero dos candados del portón del garaje y luego uno más en la reja de la cocina. Ese avance terminó dejándola frente a frente con uno de los hombres dentro de la vivienda. “Lo encontré así, cara a cara, frente a frente”, describió Mercedes, todavía con la voz quebrada al recordar el momento en que quedó sola, casi sin salida, frente al presunto ladrón.

Según contó, sus gritos y la intervención rápida de un vecino lograron que los intrusos se retiraran del lugar antes de concretar el robo. Más tarde, al amanecer, Mercedes dijo haber encontrado manchas de sangre en el techo del auto y en el piso del garaje. Ella las atribuyó a heridas sufridas por los delincuentes al tratar de pasar por encima de los vidrios que había colocado sobre los muros como medida extra de defensa.

Sin embargo, ni los vidrios, ni las rejas, ni los varios candados evitaron que el ingreso estuviera a punto de concretarse. Para la vecina, lo vivido no fue un hecho aislado. Explicó que, en los últimos diez años, sufrió ocho robos distintos en esa misma casa del barrio 200 Viviendas de Tartagal, muchos de ellos cuando viajaba a Salta capital para acompañar el tratamiento médico de su hija. En esos períodos de ausencia, según su relato, aprovechaban para entrar a la vivienda.

Denuncias reiteradas y sospechosos señalados por los mismos vecinos

En charlas entre residentes del barrio 200 Viviendas, el caso de Mercedes aparece como uno más dentro de una larga lista de episodios similares. Vecinos comentan que conocen de vista o por apodos a varios de los presuntos autores de robos, a quienes ubican transitando con frecuencia por las calles internas del complejo. Uno de los nombres que más se repite en los relatos es el apodo “Chupete”, mencionado como ejemplo de personas acusadas de delinquir desde hace más de una década.

Los pobladores aseguran que esas identidades figuran en numerosas denuncias presentadas ante la Justicia y que, a pesar de ello, los vuelven a ver circulando por el barrio. De acuerdo con su mirada, en Tartagal y específicamente en el barrio 200 Viviendas habría personas que han hecho del robo una práctica constante, sin que la acumulación de causas derive en cambios visibles para los afectados.

También señalan que los nombres y apodos mencionados son conocidos por las fuerzas de seguridad que patrullan la zona. Lo que genera mayor malestar entre los vecinos es la sensación de que, aun así, la situación no se modifica. Muchos plantean dudas sobre el funcionamiento del sistema judicial y se preguntan por qué no se aplican con más rigor las herramientas disponibles frente a la reincidencia.

Pedido de comisaría en el barrio y críticas a los operativos aislados

Frente a este panorama de robos reiterados en Tartagal, los vecinos del barrio 200 Viviendas formularon un pedido concreto: contar con una comisaría o subcomisaría dentro del propio complejo habitacional. Consideran que una dependencia policial cercana permitiría acortar tiempos de respuesta ante emergencias y fortalecer los patrullajes diarios.

Además, cuestionan que la situación de la delincuencia se explique solo por la cercanía con otros sectores, como el barrio Tapiete. En su lugar, reclaman un abordaje más amplio que vaya más allá de operativos puntuales o controles esporádicos. En las charlas entre residentes se repite una misma pregunta dirigida a las autoridades de Seguridad: “¿Qué es lo que van a esperar? ¿Una muerte para que algo cambie?”. Mientras aguardan alguna definición oficial, las familias del barrio 200 Viviendas siguen sumando cerraduras, candados y rejas a sus casas en Tartagal.

Por Cristina Carrazan

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí