Durante el alegato de apertura, la Fiscalía sostuvo que el acusado, de 19 años, empleó engaños, amenazas y manipulación para someter a la menor de edad.
Este martes se llevó a cabo una nueva audiencia de juicio contra un trabajador gastronómico que había aprovechado su rol de mozo para contactar a una menor que estaba en una mesa. La fiscal penal Celina Morales Torino, interina en la Fiscalía 3 de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual (UDIS), representó al Ministerio Público Fiscal en el juicio donde un joven de 19 años es acusado del delito de abuso sexual con acceso carnal en perjuicio de una menor de 12 años.
Durante su alegato de apertura, la Fiscal sostuvo que a lo largo de las audiencias presentará las pruebas que permitirán acreditar que el imputado utilizó “la seducción y el engaño para captar, el terror para someter y la manipulación para garantizar su impunidad”. El debate inició el lunes 8 de junio y se prevé que se extienda hasta el jueves 11. La audiencia es presidida por la jueza Cecilia Flores Toranzos.
La fiscal sostuvo que la niña conoció al acusado, de 19 años, en un restaurante donde este trabajaba como mozo, ocasión en la que habría aprovechado un momento en que ella se encontraba sola para manifestarle que le parecía muy linda. Esa misma noche habrían iniciado contacto a través de redes sociales y, cuando la menor le informó que tenía 12 años, el imputado le habría indicado falsamente que tenía 16, con el propósito de reducir la diferencia etaria existente y ganarse su confianza
Tras varios días de contacto, el acusado se presentó en el departamento donde se encontraba la menor y, luego de verificar que estaba sola, le habría solicitado ingresar evitando las cámaras de seguridad del edificio. Una vez dentro, le habría propuesto dirigirse a una de las habitaciones.
La fiscal Morales Torino sostuvo que el imputado habría utilizado el miedo como mecanismo de sometimiento, exhibiéndole una navaja y manifestándole falsamente haber estado detenido por un homicidio. Según expuso, una vez en la habitación ignoró los pedidos de la menor para que se detuviera e impidió que tomara su teléfono para pedir ayuda, generando en la víctima un temor que anuló cualquier posibilidad real de resistencia, consumando el abuso sexual.
Finalmente, según sostuvo la fiscal, el acusado habría obligado a la menor a borrar el contenido de su teléfono celular y a desactivar su geolocalización, además de indicarle que dijera a sus padres que el dispositivo había sido robado, para posteriormente ofrecerlo en venta a través de redes sociales.







