El animal fue sustraído de una vivienda del barrio El Tuscal y rescatado a tiempo con profundos cortes en las patas y el abdomen. Agonizante, fue asistida por una fundación veterinaria. Vecinos exigen justicia.
La crueldad en su estado más puro y desalmado volvió a golpear al norte provincial, dejando una estela de indignación y dolor entre los vecinos. Lo que comenzó como un abigeato de rutina en las sombras de la madrugada estuvo a punto de convertirse en un macabro acto de mutilación animal con fines comerciales.
La pesadilla se desencadenó en el barrio El Tuscal, cuando desconocidos irrumpieron en una propiedad privada y sustrajeron una yegua. Horas más tarde, el animal fue localizado en un estado desgarrador: presentaba profundos tajos provocados con armas blancas a la altura de las extremidades y del abdomen, maniobras que evidencian un desesperado intento de faenamiento clandestino para comercializar su carne en el mercado ilegal.
Tras ser recuperada por su desesperado propietario, la equina fue trasladada de extrema urgencia a las instalaciones de la Fundación Patitas en la Calle.
En el lugar, profesionales y voluntarios montaron un operativo médico para contener la hemorragia, desinfectar las graves heridas cortantes y suturar los tejidos dañados. Aunque el diagnóstico inicial era reservado debido a la brutalidad de los cortes y el nivel de estrés sufrido, la rápida intervención veterinaria logró estabilizar al animal.
El salvaje ataque generó una ola de repudio inmediato en toda la comunidad de Embarcación, donde los vecinos alzaron la voz para exigir a las autoridades policiales y judiciales una investigación profunda y exhaustiva.
El caso reabrió la alarma social sobre la proliferación del delito de abigeato, la venta ilegal de carne sin controles bromatológicos y la imperiosa necesidad de aplicar sanciones penales ejemplares contra los responsables de semejante acto de barbarie.







