El silencio de la madrugada se quebró de golpe entre la 1:00 y las 1:30. El crujido de la madera antigua y una densa cortina de humo anunciaron lo impensable: el fuego se apoderaba del Château San Miguel, la icónica y enigmática propiedad erigida en 1913 sobre la calle Estanislao del Campo. En cuestión de minutos, las llamas abrazaron una estructura cargada de más de un siglo de historia.

La caída de un coloso de 1913
Considerado un baluarte del patrimonio arquitectónico e histórico sanlorenceño, el Château no era solo un edificio; era un testamento de piedra y madera que durante décadas permaneció envuelto en mitos, mitologías locales y un halo de misterio. Aunque en los últimos años lucía las marcas invisibles del abandono y un avanzado estado de deterioro, su majestuosa silueta continuaba siendo un imán inevitable para la curiosidad de vecinos y visitantes.
Incertidumbre y cenizas
Tras la sofocación del siniestro, sobre el terreno solo quedan el humo residual y los interrogantes. Los peritos trabajan en el lugar para precisar las causas del foco ígneo y evaluar la magnitud real de los daños estructurales. Por ahora, el pueblo contempla con conmoción las huellas de una noche que amenazó con borrar de un plumazo parte del alma de San Lorenzo.







