Una unidad de la empresa Sofía fue atacada durante la madrugada sobre la Ruta Nacional 34, entre Tartagal y General Mosconi. Un grupo de personas encapuchadas arrojó una piedra de gran tamaño contra el parabrisas. Una azafata resultó herida y el chofer evitó que el ataque terminara en una tragedia.
La madrugada se convirtió en una escena de terror para los pasajeros y trabajadores de un colectivo de la empresa Sofía, que realizaba el primer servicio del recorrido Tartagal-Salta.

La unidad había salido de la terminal de Tartagal y circulaba por la Ruta Nacional 34, pocos minutos antes de llegar a General Mosconi, cuando fue atacada a piedrazos por un grupo de personas que se encontraba a la vera del camino.
Según los testimonios, el colectivo era seguido de cerca por una motocicleta y una camioneta. En ese momento, varias personas encapuchadas arrojaron una piedra de gran tamaño directamente contra el parabrisas.
El proyectil impactó con violencia y atravesó el vidrio, provocando que una de las azafatas, ubicada en los primeros asientos, recibiera el golpe y quedara expuesta además a una lluvia de fragmentos de vidrio.
“Cerré los ojos y sentí el impacto”
Angy Cáceres, una de las trabajadoras lesionadas, relató los dramáticos segundos posteriores al ataque.
“Nos esperaban encapuchados en una Toyota. No puedo decirle de qué color, solo vi el impacto y cerré los ojos”.
La trabajadora contó que la piedra impactó directamente contra su cuello y que luego recibió los vidrios que se desprendieron del parabrisas.
“Apenas nos tiraron la piedra, subieron a la camioneta y se fueron”, denunció.
El chofer logró reducir la velocidad y mantener el control del colectivo, evitando que el ataque desencadenara un choque o una tragedia de mayores dimensiones.
Minutos después llegaron efectivos de la Policía de Salta, quienes verificaron la situación y constataron que los pasajeros se encontraban fuera de peligro.
El episodio volvió a encender la alarma por la violencia en las rutas y por el riesgo al que quedan expuestos trabajadores y pasajeros durante los servicios nocturnos.
“Aquí estoy viva de milagro”, resumió Cáceres, todavía conmocionada por un ataque que pudo haber terminado con consecuencias mucho más graves.







