Las parrillas argentinas sienten el impacto de una transformación histórica en la mesa familiar. Según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo interno cayó un 9,4% interanual en julio, promediando 46,3 kilos por habitante al año —equivalente a 4,8 kilos menos por persona—. Se trata del registro más bajo en más de dos décadas.
Las claves del retroceso doméstico
Menos hacienda en el gancho: Entre enero y julio, la faena bajó un 9,8% (7,09 millones de cabezas), reduciendo la oferta para el mercado local en un 12% interanual (1,202 millones de toneladas res con hueso).
Transición ganadera: En julio se faenaron 1,095 millones de cabezas (-12,2% interanual). La menor actividad responde a una fase de retención de hembras (su participación bajó al 44,3%), un proceso orientado a recomponer el rodeo tras años de liquidación.
Amortiguador de peso: La producción total cayó un 6,8% (1,689 millones de toneladas). A pesar del menor número de animales, el impacto se mitigó parcialmente gracias a un incremento en el peso promedio en gancho, que alcanzó los 244 kilos en julio.

La fuga hacia el mercado exterior
Mientras las parrillas locales se enfrían, el comercio exterior absorbe una tajada cada vez mayor de la producción nacional:
Récord exportador: En los primeros siete meses del año, las ventas al extranjero crecieron un 8,8%, alcanzando las 487.200 toneladas res con hueso.
El “boom” estadounidense: Impulsado por la ampliación de cuotas, EE. UU. multiplicó por más de cinco sus compras interanuales en junio, superando las 12.380 toneladas. Aunque China sigue liderando en volumen (28.566 toneladas en junio), ha perdido participación frente al avance norteamericano e israelí.
Divisas en alza: Las exportaciones de junio generaron US$ 427,8 millones (+40,4% interanual). El precio promedio se situó en US$ 7.880 por tonelada, acumulando 19 meses consecutivos de recuperación interanual (+29,8%).
Panorama del sector: El mercado ganadero atraviesa una encrucijada estratégica. Por un lado, la retención de vientres y la menor faena ajustan la oferta interna; por el otro, la firmeza de la demanda internacional y los precios atractivos en dólares continúan traccionando el volumen producido hacia el exterior.






