Una sonrisa torcida, la pérdida repentina de fuerza en un brazo o dificultades para hablar pueden anunciar un accidente cerebrovascular. En Argentina, estas enfermedades provocan unas 17.000 muertes al año. Los especialistas insisten en la prevención, el control de la presión arterial y la atención médica inmediata.
Un rostro que se desvía, un brazo que deja de responder o palabras que no logran salir. Tres señales que pueden marcar la diferencia entre recibir tratamiento a tiempo y sufrir secuelas graves. El accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica en la que cada minuto cuenta: ante la aparición repentina de estos síntomas, hay que llamar al servicio de emergencias y no esperar a que desaparezcan.
En el marco del Día Mundial del ACV, especialistas advierten que la detección temprana, el acceso oportuno a los tratamientos y la rehabilitación son fundamentales para reducir las consecuencias de esta enfermedad.

El doctor Javier Vilosio advirtió que la hipertensión arterial puede no presentar síntomas previos a un ACV
Según datos de la Cámara de Instituciones de Diagnóstico Médico (CADIME), las enfermedades cerebrovasculares provocan alrededor de 17.000 muertes anuales en Argentina y constituyen la principal causa de discapacidad adquirida en adultos.
Las tres señales que no hay que ignorar
- La sonrisa se desvía: un lado del rostro puede quedar caído o mostrar dificultades para moverse.
- Un brazo pierde fuerza: la persona puede sentir debilidad repentina en un brazo o no lograr mantenerlo levantado.
- El habla se altera: pueden aparecer dificultades para hablar, pronunciar palabras o comprender lo que otros dicen.
Ante cualquiera de estos síntomas, hay que solicitar asistencia médica de inmediato, recordar la hora en que comenzaron y no trasladar a la persona por medios propios si se dispone de un servicio de emergencias. Tampoco se deben administrar medicamentos por cuenta propia.
La presión alta, un enemigo silencioso
La prevención comienza mucho antes de que aparezca una señal de alarma. El doctor Javier Vilosio, director del Área Técnica de CADIME, identificó entre los principales factores de riesgo la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el colesterol elevado, el sedentarismo, el sobrepeso, la fibrilación auricular y una alimentación poco saludable.
La hipertensión merece especial atención porque puede avanzar sin provocar molestias. “Sentirse bien no garantiza tener la presión controlada”, advirtió el especialista.
Controlar periódicamente la presión arterial, mantener los niveles de glucosa y colesterol bajo vigilancia médica, no fumar, realizar actividad física, reducir el consumo de sal y moderar el alcohol son medidas que ayudan a disminuir el riesgo.
La recuperación puede continuar durante años
Superar la emergencia no siempre significa haber terminado el camino. La rehabilitación puede favorecer avances meses e incluso años después del ACV, según las necesidades y la evolución de cada paciente.
Los tratamientos disponibles también pueden ofrecer nuevas posibilidades para determinados casos, pero su indicación depende del tipo de accidente cerebrovascular, del tiempo transcurrido y de la evaluación médica.
El mensaje de los especialistas es claro: reconocer los síntomas, actuar sin demora y sostener la prevención puede cambiar el desenlace. Ante un ACV, esperar para ver si los síntomas desaparecen puede costar un tiempo decisivo.



