Tras la muerte del subadjutor Juan Pablo Burgos en Orán, el Servicio Penitenciario de Salta volvió a quedar bajo la lupa tras un nuevo hecho gravísimo. Este domingo, cerca de las 13.20, un efectivo de la Unidad Carcelaria N°2 de San José de Metán, un cabo primero identificado como J.F., ingresó de urgencia al hospital del Carmen luego de protagonizar un intento de suicidio. El desenlace no fue fatal por una circunstancia fortuita, pero el cuadro es alarmante.
Según pudo obtener El Caudillo a partir de información directa del propio ámbito penitenciario, el agente intentó ahorcarse, pero el elemento utilizado se cortó, provocando una caída violenta que le ocasionó múltiples lesiones en la cabeza y el rostro. Actualmente permanece internado, con contención médica y custodia policial, pero sin acompañamiento efectivo del Servicio Penitenciario.
De acuerdo a los testimonios recogidos por el medio El Caudillo, Figueroa atravesaba una situación de malos tratos constantes, excesos de horas laborales, amenazas de traslados y sanciones por parte de jefes de turno en Metán. A esto se sumaban problemas familiares, en un contexto donde la institución no ofrece ninguna respuesta real en materia de salud mental.
Se pudo constatar además que el hecho habría sido silenciado internamente, ante el temor de que trascendiera luego de la reciente muerte del personal en Orán. Lejos de activar protocolos de contención, la prioridad habría sido evitar que el caso se conozca.
Las responsabilidades vuelven a recaer sobre el director del SPPS, Enrique Torres, señalado por el personal como sostén de un modelo de conducción basado en la presión y el castigo. El Departamento de Bienestar del Personal es descripto como inoperante y ajeno a las verdaderas necesidades de los agentes.
La cadena política es clara. El SPPS depende del Ministerio de Gobierno, a cargo de Ignacio Jarsún, y en última instancia del gobernador Gustavo Sáenz, quien hasta ahora decidió sostener sin cambios a la cúpula penitenciaria.
Fuente: El Caudillo






