{"id":22107,"date":"2021-05-01T12:18:49","date_gmt":"2021-05-01T15:18:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.todoeldia.com\/?p=22107"},"modified":"2021-05-01T12:20:08","modified_gmt":"2021-05-01T15:20:08","slug":"asi-bajaron-los-cuerpos-congelados-de-los-andinistas-perdidos-hace-25-anos-el-estremecedor-relato-del-hallazgo-en-la-montana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.todoeldia.com\/index.php\/2021\/05\/01\/asi-bajaron-los-cuerpos-congelados-de-los-andinistas-perdidos-hace-25-anos-el-estremecedor-relato-del-hallazgo-en-la-montana\/","title":{"rendered":"Encuentran andinistas perdidos hace 25 a\u00f1os en Mendoza"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan Cruz Rodr\u00edguez, de 23 a\u00f1os, relat\u00f3 en una charla con Infobae c\u00f3mo encontr\u00f3 los cad\u00e1veres de Roberto \u201cLeroy\u201d Villa y Nicol\u00e1s Ibazeta en la cima del cerro El Plata, en Mendoza. Los andinistas hab\u00edan partido a la monta\u00f1a en junio de 1996. \u201cSent\u00ed mucho miedo cuando los vi, la monta\u00f1a es un lugar muy hostil\u201d, cont\u00f3 el joven<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan Cruz no estaba seguro de lo que ve\u00eda delante suyo, un poco m\u00e1s arriba, al costado del sendero sobre el filo de la monta\u00f1a. No ten\u00eda certeza de si aquello era producto de una alucinaci\u00f3n como consecuencia de la altura, el fr\u00edo y la falta de ox\u00edgeno, o era parte de una realidad demasiado cruel que lo espantaba al punto de paralizarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llevaba 13 horas ininterrumpidas de escalada en el tramo final hacia el tope del cerro El Plata. Iba por el lado m\u00e1s complicado de la monta\u00f1a que domina el Cord\u00f3n del Plata, un sector al que pocos monta\u00f1istas se le animan. Estaba a casi 6.000 metros de altura, a nada de hacer cumbre. Hab\u00eda caminado durante toda la madrugada, por momentos a 12 grados bajo cero. Casi pierde dos dedos de una mano por el fr\u00edo. Tuvo detener la marcha y frotarlos durante media hora. De no sentirlos pas\u00f3 a sufrir el dolor horrible que el cuerpo experimenta cuando se recupera la circulaci\u00f3n, como pinchazos de mil agujas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.infobae.com\/new-resizer\/_Zwn6Zox7JYfrAzfYv_QP4z5mAw=\/420x236\/filters:format(jpg):quality(85)\/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com\/infobae\/T6MBA4WHABFQBFGAD5YU6CDHUI.jpg\" alt=\"&quot;Leroy&quot; Villa y Nicol\u00e1s Ibazeta, ten\u00edan 23 y 22 a\u00f1os cuando desaparecieron en la monta\u00f1a, en junio de 1996\" width=\"1066\" height=\"631\"\/><figcaption>&#8220;Leroy&#8221; Villa y Nicol\u00e1s Ibazeta, ten\u00edan 23 y 22 a\u00f1os cuando desaparecieron en la monta\u00f1a, en junio de 1996<br><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed marchaba Juan Cruz cuando se top\u00f3 con lo que primero vio como un \u201cbulto\u201d. Fren\u00f3, confundido, mientras aclaraba la visi\u00f3n, atrapada por la conmoci\u00f3n, en la soledad intimidante del techo de la Cordillera de los Andes: \u201cPens\u00e9 que quiz\u00e1 me estaba volviendo loco porque de repente me encontr\u00e9 con el cuerpo de un hombre acostado en la nieve, que me miraba. No me daba cuenta si estaba teniendo una alucinaci\u00f3n producto de la situaci\u00f3n extrema, pero enseguida entend\u00ed que no. Era real. Y me dio mucho miedo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSent\u00ed terror, hermanito\u201d, dice a Infobae con tonada mendocina Juan Cruz Rodr\u00edguez, el andinista de 23 a\u00f1os que el domingo pasado mientras intentaba llegar hasta lo m\u00e1s alto de uno de los picos de la provincia de Mendoza encontr\u00f3 los cuerpos congelados de Roberto \u201cLeroy\u201d Villa (23) y Nicol\u00e1s Ibazeta (22), dos j\u00f3venes que en junio de 1996 (dos a\u00f1os antes de que el propio Juan Cruz naciera) desaparecieron durante una escalada y, ahora se sabe, murieron acurrucados en la monta\u00f1a, probablemente como consecuencia del fr\u00edo y el \u201csue\u00f1o blanco\u201d que invade a los monta\u00f1istas en situaciones de tormentas de nieve y viento, fr\u00edo y desorientaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de que Juan Cruz ya hab\u00eda subido el cerro El Plata -por la otra ruta, la tradicional- no conoc\u00eda la historia de Villa e Ibazeta. No sab\u00eda que eran los \u00fanicos dos andinistas que aun quedaban en la lista de los que jam\u00e1s volvieron de esa monta\u00f1a. Rodr\u00edguez estuvo no m\u00e1s de seis minutos frente a los cuerpos momificados desde hace 25 a\u00f1os, los mir\u00f3 con obsesivo detallismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era consciente de que ten\u00eda que recordar los colores y las marcas de los equipos que llevaban porque no ten\u00eda bater\u00eda en su tel\u00e9fono para sacar fotos y sigui\u00f3 hasta la cumbre. Pero ya nada iba a ser igual. Horas despu\u00e9s baj\u00f3, cont\u00f3 lo que vio, un amigo gu\u00eda de monta\u00f1a le dijo que probablemente se tratara de ellos y entonces Rodr\u00edguez llam\u00f3 a la oficina del fiscal Carlos Torres e hizo la denuncia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al otro d\u00eda lo llamaron de la Patrulla de Rescate de Alta Monta\u00f1a de la Polic\u00eda de Mendoza y el joven parti\u00f3 de nuevo al cerro para guiar a los rescatistas durante tres d\u00edas de escalada hasta el lugar donde durante un cuarto de siglo los cuerpos esperaron que alguien los descubriera. Finalmente el equipo los baj\u00f3 en camillas especiales a pie, por un tramo que demand\u00f3 dos d\u00edas, hasta llegar a una zona donde pudiera acceder un helic\u00f3ptero. Los restos de Villa e Ibazeta fueron reconocidos por sus familiares en la morgue de la capital mendocina el jueves. Ese d\u00eda, en ese momento, se desintegr\u00f3 el peso de la incertidumbre que hab\u00edan cargado durante tantos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.infobae.com\/new-resizer\/RqdTk7iWpoNEv5e4sAseYIjxXxc=\/420x236\/filters:format(jpg):quality(85)\/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com\/infobae\/RSPM2CKDXFBOZM5KC43ENXHG4Q.jpeg\" alt=\"Juan Cruz Rodr\u00edguez, en la cima de El Plata, donde encontr\u00f3 los cuerpos en la cima del cerro El Plata. Tiene 23 a\u00f1os. Cuando Villa e Ibazeta desaparecieron, \u00e9l no hab\u00eda nacido\" width=\"1056\" height=\"625\"\/><figcaption>Juan Cruz Rodr\u00edguez, en la cima de El Plata, donde encontr\u00f3 los cuerpos en la cima del cerro El Plata. Tiene 23 a\u00f1os. Cuando Villa e Ibazeta desaparecieron, \u00e9l no hab\u00eda nacido<br><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El camino hacia el reencuentro con los andinistas perdidos comenz\u00f3 para Juan Cruz el viernes de la semana pasada. Sali\u00f3 de su casa en colectivo hasta Potrerillos. Desde la base camin\u00f3 ocho horas hasta que cruz\u00f3 la laguna del Platita, en Los Morteritos, en el Cord\u00f3n del Plata, ya a 4.100 metros sobre el nivel del mar. Pas\u00f3 la noche all\u00ed y el s\u00e1bado arranc\u00f3 la trepada hasta la base de la cara sur del cerro El Plata, en la Quebrada de Casas, donde descans\u00f3 la segunda noche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa cara sur es la m\u00e1s jodida, la m\u00e1s expuesta y alejada\u201d, explica Juan Cruz sobre su aventura. \u00c9l ten\u00eda la ventaja de que ya conoc\u00eda el lugar, hab\u00eda estado y ten\u00eda todo estudiado. \u201cConozco bastante los tiempos, me conozco a m\u00ed mismo. Hay que encarar la monta\u00f1a muy enfocado, pensando en el itinerario de la subida\u201d, detalla. La organizaci\u00f3n y la concentraci\u00f3n son determinantes. Cada minuto es importante para un monta\u00f1ista. \u201cSi sal\u00eds una hora tarde a caminar te agarra el sol y ya cambia las condiciones porque te derrite la nieve y pod\u00e9s morir en una avalancha\u201d, pone como ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso el \u00faltimo tramo Juan Cruz lo inici\u00f3 a las a las 4 am del domingo. Era de noche: \u201cSal\u00ed a esa hora para aprovechar que la nieve est\u00e1 congelada y progresar m\u00e1s r\u00e1pido y evitar avalanchas\u201d. La naturaleza puede ser cruel en su b\u00fasqueda del equilibrio. La ventaja de un terreno s\u00f3lido por la falta de sol era a la vez un problema: \u201cEstuvo fr\u00edo, sufr\u00ed bastante de fr\u00edo, 12 grados bajo cero. Dos dedos de la mano ya no los sent\u00eda y no los pod\u00eda mover y estuve un largo rato reanim\u00e1ndolos para poder sentir. Duele mucho eso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La monta\u00f1a exige al andinista desde todo aspecto. La fortaleza mental es tan importante como la capacidad aer\u00f3bica o la potencia de los m\u00fasculos de las piernas o la capacidad para leer el clima. A las 8.30 sali\u00f3 el sol. Juan Cruz ya estaba a 5.500 metros. \u201cY la nieve se empez\u00f3 a poner blandita y me tir\u00e9 a la izquierda, al acarreo, a la pendiente de roca\u201d, cuenta, porque en la nieve ya se hund\u00eda mucho y no pod\u00eda caminar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pendiente lo llev\u00f3 al filo suroeste del cerro. El sector m\u00e1s complicado y hostil. El andinista caminaba lento, como si cada paso valiera una vida de energ\u00eda corporal. All\u00ed arriba el ox\u00edgeno es poco y vale como el oro. Eso provoca que la frecuencia card\u00edaca se acelere demasiado. Se camina despacio para no hiperventilar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed iba Juan Cruz cuando se cruz\u00f3 el primer aviso de algo extra\u00f1o: la varilla de una carpa. Y luego, inmediatamente, un pedazo de tela en un lugar donde no hay m\u00e1s que nieve y piedra. \u201cMe estaba cruzando con todo, me estaba chocando\u201d, relata Juan Cruz, y la voz parece caer en un t\u00fanel vertiginoso, como si otra vez estuviera all\u00e1 arriba. \u201cHice cuatro pasos y cuando mir\u00e9 para arriba vi que hab\u00eda una persona mir\u00e1ndome. Un bulto enorme de colores, y me di cuenta y ca\u00ed en la cuenta de todo. La varilla, la carpa, el bulto. Eran personas congeladas, muertas. Y me dio mucho miedo. Me agarraba la cabeza, y no me la pod\u00eda ni creer, parec\u00eda que me observaban\u201d, cont\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Atrapado por el estupor, Juan Cruz tom\u00f3 valor y se acerc\u00f3 a los cuerpos. Me puse al lado y fue tratar de ver lo m\u00e1s que pueda, el equipo que ten\u00edan, las chaquetas, vi las marcas, busqu\u00e9 alguna insignia de un club andino, estuve un ratito, pero no los toqu\u00e9, no quise tocarlos\u201d, admite el joven, que sinti\u00f3 la aparici\u00f3n de los cuerpos congelados como un mensaje intimidatorio de la monta\u00f1a: \u201cEra una tremenda se\u00f1al. Me estaba encontrando con dos personas muertas, lo interpret\u00e9 como una se\u00f1al\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una hora y media despu\u00e9s lleg\u00f3 a la cumbre. Era la primera vez que tocaba la cima de la monta\u00f1a por la ruta m\u00e1s dif\u00edcil. Pero Juan Cruz no pod\u00eda parar de pensar en Roberto y Nicol\u00e1s. \u201cEstaban enteros, momificados. El fr\u00edo los conserv\u00f3, estaban los dedos, las piernas, los pies, las caras. Vi que eran j\u00f3venes. Lo que m\u00e1s quer\u00eda saber era c\u00f3mo se llamaban, qui\u00e9nes eran, qu\u00e9 vida habr\u00e1n tenido. Habr\u00e1n tenido sue\u00f1os, como cualquier persona\u201d, dice conmovido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rodr\u00edguez lleg\u00f3 extenuado a su casa el domingo a las 21 y el lunes a la noche volvi\u00f3 a salir para la monta\u00f1a por pedido del fiscal Torres. \u201cFue volver a ver la escena del terror\u201d, comenta Juan Cruz. Camin\u00f3 junto a siete rescatistas. Dos de ellos llevaban las camillas especiales. \u201cEllos estaban tristes porque los conoc\u00edan, me agradec\u00edan, me dec\u00edan \u2018gracias, hermano, vas a dejar gente tranquila, en paz\u2019. Cuando los encontramos se pusieron los guantes, yo no toqu\u00e9 nada, ayud\u00e9 a bajar las camillas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De la cumbre bajaron hasta la Quebrada de Casas, por el otro lado, el m\u00e1s \u201cf\u00e1cil\u201d. Durmieron all\u00ed y al otro d\u00eda llevaron los cuerpos hasta la laguna del Platito. Ya era mi\u00e9rcoles. \u201cEst\u00e1bamos expuestos a avalanchas y buscamos un buen lugar para dormir\u201d, cuenta Juan Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La expedici\u00f3n de rescate termin\u00f3 a las 2 de la ma\u00f1ana del jueves, cuando los rescatistas volvieron a la base del cerro. Ese d\u00eda a las 10.30 un helic\u00f3ptero levant\u00f3 los cuerpos en la orilla de la laguna. \u201cEl cansancio fue letal, fue muy duro, estuvimos sin comida, con ganas de volver. Sufrimos mucho, fue muy duro\u201d, comenta Juan Cruz. La frase corta indica la profunda conmoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLeroy\u201d Villa y Nicol\u00e1s Ibazeta eran j\u00f3venes y ten\u00edan experiencia. A los 22 a\u00f1os, Villa hab\u00eda subido la pared sur del Aconcagua, el cerro m\u00e1s alto de toda Am\u00e9rica, una gesta que para los andinistas es como para un tenista ganar un Grand Slam. Quiz\u00e1s confiados en esa capacidad atl\u00e9tica y mental los j\u00f3venes decidieron subir durante aquel invierno pleno de 1996, y tomaron el riesgo que siempre existe en la monta\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSiempre asum\u00eds que puede pasar cualquier cosa. En este caso los chicos estaban en invierno. Las temperaturas se van a -25 grados, m\u00ednimo. Y sopla mucho el viento\u201d, describe Juan Cruz, que se anima a conjeturar sobre el destino de Villa e Ibazeta: \u201cSeguro los agarr\u00f3 una tormenta. Las condiciones clim\u00e1ticas, la altura, el fr\u00edo, todo se junta y todo suma para que pasen esas cosas. Es muy extremo, la monta\u00f1a mendocina en esos lugares es hostil, est\u00e1s solo, alejado, sin comunicaci\u00f3n, est\u00e1s por tu cuenta. Quiz\u00e1s ellos en su \u00e9poca habr\u00e1n tenido el equipo. Leroy ten\u00eda mucha experiencia. Nico tambi\u00e9n. Hay que saber mucho para mandarse al cerro Plata en invierno por esa cara. Es una decisi\u00f3n fuerte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al volver de traer los cuerpos, Juan Cruz habl\u00f3 con los familiares de los andinistas encontrados. \u201cEstaban con un mont\u00f3n de cosas en la cabeza, felices porque se termin\u00f3 la incertidumbre, muy agradecidos conmigo. Ellos ya no esperaban encontrarlos\u201d, se emociona. La madre de Villa, que sufri\u00f3 esa incertidumbre, ya no est\u00e1 para cerrar el c\u00edrculo que permaneci\u00f3 abierto durante 25 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cA las familias se les termina una tristeza enorme. Espero que ahora les venga paz y que puedan volver a recordarlos. Ser\u00e1n d\u00edas de festejo\u201d, dice el joven de 23 a\u00f1os. Mientras habla, una cicatriz invisible marca la historia de su vida para siempre. Es una de las formas humanas de crecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Cruz Rodr\u00edguez, de 23 a\u00f1os, relat\u00f3 en una charla con Infobae c\u00f3mo encontr\u00f3 los cad\u00e1veres de Roberto \u201cLeroy\u201d Villa y Nicol\u00e1s Ibazeta en la cima del cerro El Plata, en Mendoza. 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