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Emboscada en la oscuridad: la cegaron por la espalda para robarle camino al trabajo

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El terror duró apenas unos segundos, pero se sintió eterno. En una cancha solitaria entre los barrios San Benito y San Ignacio, tres hombres acorralaron a una adolescente, le cubrieron los ojos con violencia y la despojaron de todo. Años después de huir de la justicia, la sombra del delito finalmente los alcanzó.

Eran las primeras horas de la jornada y una adolescente de 17 años caminaba hacia su trabajo con la rutina habitual. Sin embargo, al cruzar el descampado que divide los barrios San Benito y San Ignacio, la tranquilidad se quebró en mil pedazos. Tres sombras salieron a su paso y la cercaron en segundos.

Sin darle margen de reacción, uno de los atacantes la tomó fuertemente por la espalda y le cubrió los ojos con las manos, dejándola a ciegas en medio del pánico. Mientras la víctima quedaba inmovilizada por el miedo, los otros dos delincuentes le hurgaban los bolsillos para sustraerle un teléfono celular, dinero en efectivo, sus auriculares y una gorra.

Logrado el botín, los tres delincuentes huyeron a la carrera en distintas direcciones, dejando a la joven desorientada y en estado de shock.

La persecución y las pruebas

La ayuda no tardó en llegar gracias a una vecina que transitaba por la zona, quien contuvo a la menor y dio aviso de inmediato al Sistema de Emergencias 911.

Apenas arribaron las patrullas, la joven demostró una valentía determinante: subió al móvil policial y recorrió las calles aledañas junto a los efectivos hasta que identificó visualmente a dos de los agresores. Tras una breve persecución a pie, la policía logró reducirlos. En poder de uno de ellos aún estaban la gorra y los auriculares recién robados, aunque el celular y la plata ya habían sido desviados.

Prófugos de la justicia: años en la sombra

Aunque la causa fue elevada a juicio en 2019 por el fiscal penal Martín Ávila (Distrito Centro), el expediente quedó congelado en los tribunales: los sospechosos se dieron a la fuga, se declararon en rebeldía y arrastraron pedidos de captura vigentes durante años.

Finalmente, acorralados por el avance judicial, optaron por un juicio abreviado donde reconocieron su culpabilidad:

Jorge Alfredo Ojeda fue condenado a 3 años de prisión de ejecución condicional por robo en poblado y en banda. En su expediente se acumuló además una causa previa por violencia de género, al haber mantenido cautiva, amenazada e incomunicada a su expareja.

Cristian Luis Zambrano: Condenado a 3 años de prisión de ejecución condicional como coautor del delito de robo en poblado y en banda.