En agosto de 2025, el aire viciado de una vivienda en el barrio La Loma se impregnó del tufo inconfundible de la sangre. Tras años de agresión mutua y un clima hostil que ahogaba a la pareja, la tensión acumulada detonó en un nuevo y feroz enfrentamiento. En medio de la disputa, la mujer, de 30 años, tomó un arma blanca y asestó una estocada profunda en la zona inguinal de su compañero.
El ataque dio inicio a un drama prolongado. Tras caer herido de gravedad, el hombre fue evacuado a toda prisa al hospital local, donde permaneció internado durante veinte interminables días. Finalmente, una infección generalizada —un shock séptico derivado de la lesión— quebró sus signos vitales.
El fiscal penal de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, Gonzalo Ariel Vega, representó al Ministerio Público Fiscal en el debate donde se reconstruyeron los hechos y se acreditó la atmósfera de agresión sistemática en la que convivía la pareja.
El juez Ricardo Martoccia, integrante de la Sala I del Tribunal de Juicio, emitió el fallo tras evaluar el contexto de violencia:
Homicidio calificado por el vínculo, en exceso de la legítima defensa. El magistrado consideró que, si bien existió una agresión previa que justificaba la reacción, el empleo del arma blanca constituyó una desproporción letal y la condenó a tres años de prisión de ejecución efectiva.







