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El ajuste de Milei entra en zona electoral: la macro mejora, pero crece el malestar por los salarios y el empleo. Por Adrian Ventura

La confianza del consumidor volvió a caer y ya hay seis millones de personas en mora. Mientras el Gobierno descarta un giro inmediato y mantiene una política monetaria contractiva, las encuestas muestran señales de alerta entre los votantes más jóvenes.

La gente no llega a fin de mes. Seis millones de personas están en mora. Los salarios pierden contra la inflación. Los trabajadores se endeudan para comer. En las últimas semanas, la oposición logró imponer esos temas en la agenda pública.

Pero el Gobierno ratifica el rumbo. Javier Milei reconoció que la foto de la realidad es horrible, pero sostuvo que la película es la mejor de la historia argentina. Una remake del “estamos mal, pero vamos bien” que decía Carlos Menem. El Presidente no va a ceder. Lo dejó en claro, una vez más, cuando el jueves habló ante empresarios y ejecutivos en el Consejo de las Américas.

Revisemos datos objetivos. Hechos; solo después el análisis. Esta semana se conocieron numerosos relevamientos sobre la economía y el bolsillo. En junio, los salarios registrados, es decir, los de los trabajadores en blanco, crecieron 2,4% y le ganaron a la inflación, que ese mes fue de 1,9%. Aunque, en el acumulado del semestre y de los últimos 12 meses, quedaron abajo de la inflación por varios puntos. Los salarios no alcanzan y el Índice de Confianza del Consumidor volvió a caer, esta vez 1,1%.

Las tarifas de agua, luz, gas y transporte subieron 53% en los últimos 12 meses, es decir, 20 puntos por encima de la inflación, como parte del proceso de reducción de subsidios. Si el salario le ganó a la inflación un mes, quedó menos dinero disponible para gastar.

Sin embargo, en julio, según la consultora Scentia, el consumo masivo en supermercados, almacenes, farmacias, kioscos y comercio electrónico tuvo un salto considerable: 4,2% más que en junio, aunque sigue perdiendo en la comparación interanual, con una caída de 2,6%, y en el acumulado del primer semestre, con un retroceso de 2,9%. Y en junio cayó 9,4% interanual el consumo de carne, aunque los cortes bajaron sus precios.

Según el Observatorio Pyme, el 80% de las empresas sufren por la caída de las ventas y los atrasos en la cadena de pagos. La inversión cayó 7,6% en el primer semestre, asegura Orlando Ferreres. Y la industria metalúrgica cayó 4,4% y tiene paradas seis de cada diez máquinas.

Entonces, ¿la actividad económica se derrumba? No. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC arrojó tres datos positivos: 0,8% intermensual, 1,9% en los primeros seis meses y 1,7% en los últimos 12 meses.

Claro que no todo reacciona igual. A pesar de que Milei dice que no hay una economía a dos velocidades, esos números estuvieron traccionados por la pesca, la minería y la agricultura, mientras que la industria manufacturera y el comercio tuvieron un desempeño más débil.

Es cierto que hay seis millones de personas en mora, de las cuales 3,5 millones tienen un atraso de un año, es decir, están calificadas como irrecuperables, en situación 5.

La pregunta de fondo es quién debe solucionar ese problema. El peronismo y algunos otros sectores de la oposición, las centrales obreras —CGT y CTA— y los movimientos sociales dicen que es un problema social y piden que el Congreso sancione una solución colectiva. En esa línea hay más de treinta proyectos.

Milei, en cambio, ya definió que es un problema individual del que debe hacerse cargo cada deudor, negociando con bancos y billeteras virtuales.

El riesgo país tocó los 532 puntos. ¿Por qué sube el riesgo país si la macroeconomía está ordenada y países similares tienen valores menores a los 300 puntos? La suba del riesgo país refleja el temor de los inversores frente a las encuestas que dan cuenta de que la imagen de Milei no repunta. Es el miedo a que se discontinúe el plan económico actual, el mismo que provoca que los grandes inversores que anuncian proyectos RIGI de miles de millones de dólares hayan hecho hasta ahora solo desembolsos parciales.

El BCRA redujo el volumen de compra de dólares para que esa moneda no supere los 1500 pesos.

Milei intentó interpretar el momento cuando el lunes admitió que las personas, cuando no hay bienestar económico, se olvidan de la libertad. Mostró que lee la realidad. Se esperaba que en su discurso del jueves volviera a modular esa sintonía más empática.

Pero Milei está convencido de que su misión es garantizar la macroeconomía y que es tarea de los privados generar riqueza y su propia prosperidad.

Durante las últimas semanas, varios ministros le comentaron en intimidad su preocupación: si la mejora en la macro no derrama, habrá muchos sectores que no lo votarán nuevamente. Le piden que introduzca algún cambio.

Milei, con su ajuste, pone en juego la base electoral que lo llevó en 2023 a convertirse en un fenómeno disruptivo: el voto joven.

Ana Iparraguirre explica que los menores de 30 años son el 26% del padrón electoral, unos 9,4 millones de votos. Una caída de 30 puntos, como la que indica el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, representa unos 3 millones de votos, básicamente la diferencia que separó a Milei de Massa en el balotaje de 2023.

Hay tres datos relevantes. Los jóvenes son los que más sufren el desempleo; también es el segmento donde se concentra la mayor cantidad de deudores morosos y, además, los más jóvenes no tienen memoria del gobierno de Cristina Kirchner, por lo cual no pueden sentir miedo por el llamado “riesgo kuka”.

Lucas Romero, de Synopsis, también mide que Milei supera por poco el 30% de imagen positiva. Según su estudio, la franja de jóvenes varones menores de 29 años lo sigue acompañando: el 50% tiene una imagen positiva de Milei, que se va achicando a medida que aumenta la edad de los varones encuestados.

Pero también aparecen otros dos datos inquietantes para Milei: las mujeres de todas las edades tienen mala imagen del Presidente y todos los géneros coinciden en señalar que los principales problemas que enfrentan son los salarios bajos, con 46%, y la falta de empleo, con 21%.

Milei no cambiará su manera de pensar. Uno de esos ministros que se reunieron con el ministro Luis Caputo se llevó una esperanza apenas tenue: este año no habrá medidas que calienten la economía; a lo sumo habrá alguna el año próximo.

¿Alcanza el tiempo para que los votantes sientan sus beneficios? Ratificando la ortodoxia, el titular del BCRA, Santiago Bausili, afirmó que mantendrá la política contractiva, es decir, no inyectará pesos.

¿Está todo mal? No. La inflación sigue bajando y el 0,2% que saltó la minorista fue apenas un respingo. La inflación mayorista se redujo a 0,8% por la caída del precio del petróleo, un buen dato que Milei aprovechó para decir que había anticipado que en agosto comenzaría con cero.

Y el Gobierno logró mantener en julio el superávit financiero, de 0,8%, y el superávit fiscal, de 0,1%.

gobernadores dialoguistas y busca evitar un impacto en el Congreso

Todo este debate económico tiene un trasfondo bien político. Si la semana pasada se lanzó de hecho la campaña electoral, en los últimos siete días se terminó de instalar un debate impulsado por la realidad dura, pero también por la oposición.

De un lado, el planteo de los sectores más moderados del Gobierno: el modelo económico ortodoxo es un éxito y es el único camino, aunque haya que esperar un poco más para que derrame. Del otro, el diagnóstico de la oposición: el modelo económico ortodoxo fracasó definitivamente y Milei se encamina hacia la derrota electoral.

Y su traducción electoral aparece como la pregunta de fondo: incluso si avanza en coalición con el PRO, ¿puede Milei garantizar que gana la segunda vuelta?

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