Cuando los sueños se cumplen!!! Dedicado al prof. David Lopez. Por Jesús Rodríguez

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             A mediados del año 2005, Clarín decidió editar fascículos sobre la historia de los pueblos argentinos y encomendó a los corresponsales hacer un relevamiento de todas las ciudades y localidades del interior de cada una de las provincias. Fue un relevamiento minucioso, con miles de kilómetros recorridos. En ese lapso contraje gripe, y al Departamento Rivadavia lo hizo mi relevó en la corresponsalía, Gustavo Ruiz.

              Así fue que a fines de noviembre del 2005, llegué a Santa Victoria (Oeste), Salta. Era sábado. Durante casi todo el trayecto desde La Quiaca (Jujuy) a Santa Victoria (unos 120 kilómetros) nos acompañó una pesada neblina por los cerros arriba de los 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.

              Antes del mediodía, el sol dijo presente y al pueblo lo vi resplandeciente. No bien llegamos, me dirigía la plaza del pueblo que tiene la apariencia de un patio interno de una casona colonial. La Iglesia, Gendarmería, Policía y la Municipalidad, rodean la plaza.

              En cada una de estas dependencias fui recabando datos históricos y de las últimas décadas. Como era sábado, no había clases. Las escuelas suelen tener datos importantes de cada lugar, pero esta vez no estaban ni los docentes en el pueblo, como para que me cuenten cosas.

              A la hora de almorzar, pasado el mediodía, con Nelson (fotógrafo) y el “Gringo” Pérez (chofer), nos llegamos a un comedor ubicado en una de las esquinas de la plaza. Mientras esperábamos la comida, aproveché en acomodar los apuntes registrados en las instituciones.

              El hombre que nos sirvió el almuerzo, me pasa el dato que “en esta casa –por el comedor-, solía vivir el Marqués de Yavi”. El Marqués, se llamaba  José Feliciano Campero Herrera, y se dice, que el casco de su estancia en Santa Victoria estaba frente a la plaza. Él vivía cerca de La Quiaca (Jujuy), donde tenía otra estancia donde se fundó el pueblo de Yavi. El lugar, merece ser visitado por su historia y su belleza de la Puna.

              Después del almuerzo, y con toda la información sobre Santa Victoria que requería mi relevamiento, decidimos volver a Salta, para llegar cerca de la medianoche.

              Sin embargo, escucho que por unos altos parlantes se anuncia que “en minutos” se iba a realizar el acto de colación de grado de la Promoción 2005, en el colegio secundario. La invitación a los lugareños, viajaba a la velocidad del viento por las quebradas entre los cerros.

              Lo primero que se me cruzó fue: “ahí voy a conseguir más datos del pueblo porque deben estar los profesores”. Y decidí que nos quedemos un rato más. Fueron más de tres horas.

              Desde la plaza hay que seguir calle abajo por algunas cuadras hacia el sur, y luego tomar hacia el este. Desde el camino, se ve el colegio. Ahí, alumnos y profesores, apuran la ornamentación celeste y blanca en la cancha de básquetbol.Los jóvenes, acomodan un centenar de sillas que traen desde las aulas. Un profesor, se encarga de regular el sonido.“Por favor, todos se van a bañar y a vestirse con el uniforme”, este fue el pedido de David López, quien al vernos se acercó apurado para saludarnos. “Sí. Soy el director interino”.

              El profesor pensó que veníamos invitados a la colación. “Ah, del diario Clarín. Es un gusto que un medio tan importante nos visite, en este día tan especial para nosotros como lo es el acto de colación de grado”.

              A David López le comento que mi visita es casual. Que ya estábamos por regresar a Salta cuando escuchamos por los altos parlantes que se iba a realizar el acto de colación. Le expliqué que llegamos por la mañana a buscar información del pueblo para un relevamiento nacional de datos que se publicarán en una colección que editará próximamente el Grupo Clarín.

              Con el apuro del momento, el director me hace pasar a su escritorio y me pasa datos sobre la población de la zona, y los rodeos (parajes), que están dispersos a kilómetros a la redonda de Santa Victoria.

              Y el dato inesperado surgió de una acotación que me hizo David López: “Aquí, el 90% de los chicos no puede seguir estudiando cuando salen del secundario”.En milésimas de segundos, me dije esto es para una nota de actualidad y merece el cuerpo del diario.

              No bien el profesor encontró la información que él consideraba necesaria para mi relevamiento, le pedí que me hable sobre las vivencias de los estudiantes y de su colegio.

              De aquel apuro por llegar con todo en condiciones para el acto, David López, se sentó en una silla (la única que quedaba dentro del colegio), y con tono pausado y paternal (hasta entristecido), comenzó a contar “qué le deparará el futuro a estos alumnos”de ahora en más.

              “Hay jóvenes que se van a las grandes ciudades a trabajar, y los menos, a estudiar”. Y para que no ocurra el desarraigo de estos chicos, el profesor pidió públicamente ante Clarín a las autoridades de Educación, de la provincia de Salta,“que se construya un terciario en la región para contenerlos”.

              Pasaron 15 años de aquel pedido, y el destino quiso que a fines de agosto último, en plena pandemia del Covid-19, lo encuentre en la ciudad de Salta al profesor David López, hoy director titular del colegio. A él, no le pasaron los años. En mi caso,  ya estoy retirado del diario Clarín.David, de su celular, comenzó a mostrarme fotos de su Colegio Secundario (albergue) Nº 5.066, con todo orgullo.

    • ¿Recuerda cómo era nuestro colegio”, me preguntó.
    • Claro que lo recuerdo, respondí.
    • Estas fotos son recientes. ¡Mírelas!

              A decir verdad, me sorprendieron las fotos. Hace 15 años el colegio no estaba tan equipado y con flamantes ampliaciones. Hasta una radio FM la 91.9,cuya frase: “Esta Escuela tiene voz”, se destaca en el cartel colocado en la puerta del colegio.

              “Te felicito David, sos un trabajador en favor de toda la gente que tanto necesita en la región. Un colegio así, vale la pena tener”, le dije.

    Fotos del Colegio Nº 5066 Santa Victoria (Oeste)

    El reencuentro con David, realmentefue emotivo, ya que desde el vamos,me aseguró: “después de aquella nota en Clarín, Santa Victoria, ya tiene su terciario, y los jóvenes no tienen que emigrar hacia las grandes ciudades para estudiar”.

              ¡¡¡Grande David!!!

                                              Jesús Rodríguez

    Nota de tapa!!! Facsímil Clarín (Foto: Nelson Ruiz)
    Prof. David López en primer plano – Facsímil Clarín (Foto: Nelson Ruiz)

    Nota de tapa!!! Facsímil Clarín (Foto: Nelson Ruiz)

    Prof. David López en primer plano – Facsímil Clarín (Foto: Nelson Ruiz)

    Buenos Aires, sábado 3 de diciembre de 2005

    UNA COLACIÓN DE GRADO DIFERENTE EN LA ESCUELA ALBERGUE DE SANTA VICTORIA OESTE, SALTA

    Terminaron el secundario en la Puna y luchan para seguir progresando

    Son 43 nuevos bachilleres que saldrán a buscar oportunidades para un futuro mejor.

              Escuchar cantar el  Himno Nacional argentino eriza la piel a 2.561 metros sobre el nivel del mar, aquí entre las montañas que abrazan a Santa Victoria Oeste, en el acto de colación de grado del polimodal de 43 alumnos de la escuela albergue Nº 5.066.

              La mayoría de estos jóvenes –descendientes en su mayoría de aymaras y omaguacas de 18 a 21 años- no tienen la posibilidad de seguir un terciario, y mucho menos en pensar en ir a una universidad. Santa Victoria Oeste, está a 537 kilómetros al norte de Salta. Aquí se llega por la provincia de Jujuy hasta la ciudad de La Quiaca, ubicada a 120 kilómetros de este lugar. La ruta provincial Nº7 tiene un camino de cornisa que trepa entre los 3.700 y 4.500 metros de altura, y por lo peligroso del terreno los vehículos transitan a un paso tan lento que el viaje puede demorar más de cuatro horas.

              “El 90 % de los chicos no puede seguir estudiando. Sus familias son de escasos recursos y viven en rodeos (parajes), muy alejados e inhóspitos”, dice a Clarín, el director David López. Liliana Quiroga (18) es cortante al hablar. Vive en rodeo Mecoyita y confiesa que este año no va a trabajar en la ciudad: “Quiero quedarme en el campo con mis padres. Pero me duele no seguir estudiando”.

              Aquí, las distancias no se miden en kilómetros sino en horas de caminata por los cerros. Llegar a Mecoyita, Trigo Huaico u Hornillos no lleva menos de 6 horas, aunque los “changos” son los que demoran menos porque son más ligeros que las chicas.

              Cada viernes, a media tarde, los albergados regresan a sus ranchos de adobes y paja. Pero el domingo a la tardecita vuelven al colegio. Por la mañana, a eso de las 6.30, un preceptor les prepara mate cocido que acompañan con pan casero, se bañan, arreglan las camas, y a estudiar.

              Cada vez que culmina un año es común ver partir a los jóvenes a buscar trabajo en las grandes ciudades, resignados a no pasar las fiestas en familia: “Me voy para Cerrillos (Salta) a trabajar en el tabaco. Si me quedo para la Navidad, quizás no consigo un puesto y no quiero que me pase”, dice Cándido Toconás, (18).

              “Las chicas se van a trabajar de mucamas a Jujuy o a Salta. Quienes alguna vez se fueron y nunca más volvieron, aprovechan ahora para llevarse a sus hermanos que terminaron de estudiar”, comenta el director. “Los chicos ya tienen sus contactos en las grandes ciudades desde donde los llaman para trabajar. Y se aventuran y van –agregó-. Pero me tocó verlos volver, aunque unos pocos, recibidos de profesores, maestros, gendarmes, policías. Aprovecharon esa libertad que alguna vez buscaron”.

               Al sudeste del pueblo, cruzando algunos cerros, está el Parque Nacional Baritú. Allí está el paraje Cañaní, desde donde vienen 25 chicos que caminan por la selva durante 6 horas.

              Mario Martínez (21) ya juntó el dinero del pasaje que lo llevará a la cosecha de la manzana en Río Negro. Armando Flores (19) ya piensa en viajar a Bahía Blanca a cosechar cebollas: “con lo que gane este año, mevoy a estudiar Medicina a Córdoba. Sé que es muy difícil, pero voy  a probar suerte. Y si me recibo, vendría a trabajar a mi pueblo”.

              “Esta es la realidad. Vienen los padres que no pueden ayudar  a sus hijos a seguir estudiando –dice López-. El colegiocontiene a los adolescentes pero falta un terciario en la región para contener aún más a la juventud”.

                                                                        Jesús Rodríguez

    Buenos Aires, lunes 5 de diciembre de 2005

    MUESTRAS DE SOLIDARIDAD

    Alumnos salteños

              La solidaridad no tiene fronteras para los 43 egresados del Polimodal de la Escuela Albergue de Santa Victoria Oeste, Salta, donde “el 90% de los chicos no puede seguir estudiando”, como lo aseguró su director David López. Dada la repercusión de la nota aparecida en Clarín el sábado, se publica el e-mail del director: davidlopez307(arroba)yahoo.com. Los correos llegaron desde Nueva York, Capital, Buenos aires, Tucumán y Mendoza. También hubo llamadas a este corresponsal. Todos quieren ayudar a que los chicos continúen estudiando una carrera universitaria. También se destaca un ofrecimiento de construir un instituto de nivel terciario en Santa Victoria Oeste.

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