El Presidente sale de gira en medio de la escalada de la tensión interna. Por Sergio Berensztein

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    Días después del discurso de Cristina en Chaco donde redobló las apuestas, Alberto Fernández empieza una recorrida por Europa junto al canciller Santiago Cafiero.

    Alberto Fernández viajará esta semana a Europa donde visitará España y Alemania, en una pequeña gira de apenas cuatro días. En el viejo continente se reunirá con el presidente español, Pedro Sánchez, y con el primer ministro alemán, Olaf Scholz, que en diciembre sucedió a Angela Merkel. Además, hay posibilidades de que también visite Francia e Italia, donde se encontraría con Emmanuel Macron, que acaba de ser reelecto, y Mario Draghi.

    Apenas se anunció el viaje comenzaron las especulaciones, ya que esta mini gira se realiza con las tensiones internas en el Frente de Todos escalando y la unidad puesta en duda. Aún resuenan las palabras de Andrés “cuervo” Larroque: el presidente no se puede llevar el gobierno a la mesita de luz. Parece que no solo no se lo lleva a la mesita de luz, sino que encima por unos días se lo deja a Cristina Kirchner.

    En el acto realizado el viernes en Chaco, Cristina contó que estaba invitada a dar una conferencia magistral en Marruecos, en una convención de juristas sobre Derecho Penal y Derechos Humanos, y que no asistirá dado que no pueden estar ambos fuera del país. La vicepresidenta se quedará sin poder exponer sobre unos de los temas que le preocupan especialmente: la Justicia. Difícilmente acuda a la Casa Rosada para ocupar temporalmente el cargo de Presidente (no lo hizo durante los viajes anteriores de Alberto Fernández), pero si esto sucede está claro que se despertará en la Argentina una nueva oleada de rumores.

    El “debate de ideas” (como lo llamó Cristina el viernes, insistiendo en que no se trata de una “pelea”) está recrudeciendo con críticas cada vez más agraviantes dirigidas al presidente Fernández y su núcleo cercano. En este marco, mostrarse cerca de líderes occidentales, que lo recibirán como a un par, para conversar acerca de asuntos globales, puede representar para Alberto Fernández un buen mecanismo de distensión, que le permite alejarse de los golpes que le da la política interna (en especial los golpes que le da su propio espacio político).

    Más allá de las razones oficiales (fortalecimiento de las relaciones, la búsqueda de inversiones y la apertura de mercados), en ocasiones los viajes presidenciales sirven también a otros fines. No es la primera vez que Alberto Fernández decide viajar justo cuando las tensiones en el FDT escalan.

    En febrero, el Presidente realizó una controversial gira a Barbados, China y Rusia (días antes de que Vladimir Putin invadiera Ucrania) luego de que el acuerdo con el FMI comenzara a resquebrajar la unidad de la coalición. De hecho, aquel viaje comenzó el día siguiente a que Máximo Kirchner renunciara a la presidencia del bloque oficialista en Diputados, por sus diferencias respecto al acuerdo, y con una carta en donde Alberto Fernández era duramente cuestionado. Probablemente, haya sido una casualidad, pero lo cierto es que un día después de la misiva, Alberto se subió a un avión.

    Alberto Fernández no es el primer mandatario (y probablemente tampoco sea el último) que se apoya en las giras internacionales con motivaciones veladas, que permiten segundas lecturas. Puede que el actual presidente utilice los viajes como mecanismo de distensión ante el conflicto interno, pero también Carlos Menem, una vez frustrada su vana ilusión de una nueva reelección, se valía de los viajes internacionales al final de su gobierno porque había perdido la iniciativa política y ya no contaba con una agenda doméstica. De una forma u otra, los viajes presidenciales pueden decirnos mucho de la situación en la que se encuentra la política interna.

    Al margen de estas especulaciones políticas, habrá que seguir de cerca los resultados y temas que surjan de esta gira internacional, en especial habrá que estar pendiente de cómo continúa el conflicto armado en Ucrania. Los países de Europa están adoptando una posición cada vez más dura contra Rusia. Pedro Sánchez visitó hace dos semanas a Zelenski en Kiev, cuando anunció el mayor envío de armamento y equipamiento militar de España a Ucrania, desde que comenzó la guerra.

    Por otra parte, Ucrania le viene reprochando a Alemania su falta de apoyo, pero precisamente en estos días, justo antes de la visita de Alberto Fernández, comenzaron a limarse las asperezas. De hecho, el viernes Zelenski invitó formalmente a Olaf Scholz para que acuda a Kiev.

    En este marco, podría haber pronunciamientos conjuntos entre el presidente Fernández y sus pares europeos respecto a la guerra. ¿Puede generar esto alguna tirantez mayor en el frente doméstico? Los sectores más duros del kirchnerismo evitan criticar a Putin, relativizan su decisión de invadir Ucrania o incluso simpatizan con él, por lo que no es posible descartar dicha posibilidad. De hecho, mientras Alberto Fernández se refugia en la Europa occidental y habiendo recibido hace pocos días en su despecho del Senado nada menos que a la titular del Comando Sur, Laura Richardson, Cristina Kirchner reivindicó el viernes a China como modelo de desarrollo capitalista.

    Además de encontrarse con jefes de Estado, Alberto Fernández se reunirá con empresarios en búsqueda de nuevas inversiones. Paradójicamente, visitará Alemania, cuna de Volkswagen, automotriz a la que el presidente dejó “plantada” el miércoles pasado. Volkswagen acaba de anunciar un plan de inversiones por U$S 250 millones para la fabricación de la pick-up Amarok y la motocicleta Ducati. En el marco de estos anuncios, estaba planeado que el presidente Fernández visitara el Centro Industrial Pacheco junto al embajador de Alemania en Argentina, Ulrich Sante. Finalmente, el embajador alemán fue, pero el Presidente no.

    A último momento suspendió su visita y asistieron en su lugar el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, y el secretario de Industria, Ariel Schale. Fuentes cercanas al titular de la Casa Rosada confirman que el motivo del faltazo fue esperar el resultado de la “misión de paz” que Sergio Massa habría realizado ante la vicepresidenta. Sin dudas, el “debate de ideas” en el FDT desplaza otros objetivos de la agenda presidencial. Argentina no tiene un entorno de negocios tan atractivo para inversionistas como para darse el lujo de ni siquiera difundir los gestos políticos correctos.

    Probablemente, Alberto Fernández vuelva de este viaje con algún anuncio de inversiones, que permita seguir alimentando la idea de la recuperación económica. Hasta ahora, la Casa Rosada se encargó de que así sea con cada viaje que realizó el Presidente.

    Durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) celebrada en Glasgow, en noviembre de 2021, el gobierno argentino anunció que una firma australiana realizará una millonaria inversión, más de U$S 8.000 millones, destinada a producir hidrógeno verde. Más tarde, en el viaje a China de febrero, el presidente Alberto Fernández aprobó la incorporación del país a la Franja y la Ruta de la Seda. Según se anunció, a partir de esta iniciativa, Argentina podría acceder a financiamiento para proyectos de infraestructura por más de U$S 23.000 millones. Como son tan solo anuncios y a muy largo plazo, veremos después si se cumplen o no. Por el momento lo que se celebró fue la inversión de Volkswagen, pero sin la presencia del Presidente.

    En materia de inversiones y acuerdos comerciales, es hora de poner en valor el dilatado entendimiento entre la Unión Europea y el Mercosur, que en el contexto de la guerra en Ucrania cambia de características, dado que ahora hay un mayor impulso a la demanda de alimentos y, sobre todo, por la necesidad europea de independizarse del gas y el petróleo rusos. Tanto Brasil como la Argentina tienen un enorme potencial que permitiría aprovechar esta oportunidad.

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