“Juego de Reinas”, el reality drag queen salteño que se convirtió en un fenómeno viral

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Luego de la esperada final de la segunda temporada, quedó todo listo para una tercera entrega de esta fantástica disrupción que llegó del norte sin pedir permiso.

A million ain’t too cheap/One million is the fee/Goddamn, you wanna spend all your money on me. Un millón no es demasiado barato, es la tarifa, es lo que necesitás. El tema del DJ alemán Tujamo se repite y se pega a la cabeza como un chicle. Suena a todo volumen en el ensayo de la apertura del último programa de Juego de Reinas, el cierre de la segunda temporada.

El escenario es el del Teatro Provincial de Salta, que enfrenta a la Catedral y está rodeado por otras tantas iglesias. Salta es la linda y la conservadora, la celeste y también la casa de una vibrante comunidad trans, así como del primer reality de drag queens argentino.

“Juego de reinas” rompe los esquemas de la televisión salteña

El show empezó a emitirse gracias a la apuesta de una emisora que entendió la propuesta. La idea la iniciaron Mistika Reech, una figura con doce años de presencia en el El 10 TV, y Lalo Longarela, a cargo de una columna LGTB en la misma señal. Nació tras señalar un vacío: ¿cómo es que no tenemos un programa como el drag race de RuPaul en la Argentina?

Ustedes saben, el reality de RuPaul (RuPaul’s Drag Race) es un fenómeno global que en la Argentina tiene un enorme número de seguidores. Un show que empezó tímido y ya lleva 14 temporadas, numerosos premios y un nivel de producción a la altura de su exorbitancia.

Pero en el Teatro Provincial, donde se graba la final, no hay DJs alemanes ni presupuestos americanos. En lugar de eso, un clima de alegría, nervios y entusiasmo que contagia. En camarines, probando coreos y sonido, por todas partes, se encuentran, se saludan, se cruzan drags de Tucumán, Salta, Jujuy u Olavarría, como La Chicho Terez, una de las cuatro finalistas, con fans que viajaron desde capital para apoyarla. O Sherman Mendoza, de Jujuy, que resultará reina ganadora de esta segunda temporada, con una perfo completamente innovadora y rupturista que convenció al jurado.

El éxito de “Juego de reinas”, una apuesta que no para de crecer

Durante la pandemia, y a través de su canal de YouTube, Juego de Reinas se convirtió en un programa de culto. El boca a boca era infalible: ¿sabías que hay un reality drag argentino?, ¡¿y además, salteño?! Y llegaron las embajadoras, jurados invitadas de esta segunda temporada, enamoradas del show. Como la salteña Lucrecia Martel y su pareja, la cantante Julieta Laso, instaladas desde hace un tiempo en la provincia, se draguearon para la tarea.

“Estamos acá porque pensamos que este es el mejor programa político que ha habido en este país, y el único programa político que se está ocupando de cosas serias”, dice Martel vestida de gaucha, con vestuario que quedó del rodaje de Zama. Y se lamenta, vía whatsapp, por no poder estar en la final, pues está filmando su última película en Tucumán. También Valeria Bertucelli, que llegó y dijo: “Agradezco que exista este programa. Las admiro mucho, como artistas son espectaculares y como personas son increíbles”. En representación de ambas, Laso está presente como fan y amiga de la casa. Su vínculo con las protagonistas se extendió a la colaboración con la ganadora anterior, Katrina Raissa, para el arte de tapa de su último disco, Cabeza Negra.

La imaginación al poder, las ganas y la creatividad sorprenden en los juegos de identidades, la performance de género exacerbado en sus aspectos extremos, el arte del disfraz como construcción de una identidad que reivindica y disfruta su derecho a ser feliz.

Sherman Mendoza fue la ganadora de la segunda temporada de “Juego de Reinas

El transformismo evoluciona y se enorgullece de sus estrellas del norte argentino, donde ser distinta implica demasiadas veces violencia y maltrato. Que te echen de tu casa y de tu trabajo, que te nieguen amistades y te humillen hasta convertirte en víctima. Frente a ese oscurantismo, brillantina, baile y alegría. Como en la música, los que invitan a la fiesta son los desfavorecidos de una sociedad que, especialmente con la comunidad travesti trans, tiene una deuda enorme.

Quién fue la ganadora de la segunda temporada de “Juego de Reinas”

“Hacer este programa en Salta es importante, porque esta sigue siendo una provincia tan conservadora que duele, muchas veces duele. Hay una iglesia cada tres cuadras, y todo el tiempo se repiten mensajes como que la homosexualidad es una enfermedad que hay que curar”, asegura Mistika. Ella es también Pablo Goldaraz, que trabajaba en la Secretaría de Desarrollo Humano de la Municipalidad, hasta que fue invitado a dejar el puesto por razones que nada tenían que ver con sus probadas capacidades.

Entre desafíos, pruebas y etapas que van superando las protagonistas, como en cualquier reality, en Juego de Reinas se pone en escena el sinsentido de meterse en la vida de las personas. Parece perogrullo, pero hay algo en ese ejercicio de visibilidad, un concurso alegre cuyas participantes cargan mochilas de historias crueles, que permite a cualquiera entender lo que ya no puede seguir pasando. Un programa político, sin duda, pero en las antípodas de la política rancia, disfrazada de cool (dragueada) o rancia nomás, que corea consignas de inclusión mientras continúa lo de siempre.

Apunta, dispara/Yo pongo el pecho a la bala. Ahora lo pegadizo es Lali, banda sonora perfecta para que haga su entrada la host, la estrella y el corazón del programa, esa extraordinaria comunicadora social que es Mistika Reech, con su cabellera rojo fuego. Lo que dispara es fiesta, señal de largada para el último programa de un año en el que Juego de Reinas se convirtió en un fenómeno único.

Con Sherman Mendoza como ganadora, queda todo listo para la tercera temporada de esta fantástica disrupción que llegó del norte sin pedir permiso.

Por Mariana Mactas

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