La siniestra trama detrás del peón rural que fue decapitado en Pichanal y su vínculo con el sicario Díaz y Monges

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El cuerpo de Pablo César Almaraz fue encontrado maniatado en una finca que tiene relación con Alejandro “Cabezón” Díaz, el jefe de un grupo de asesinos por encargo en el norte del país. Aún no encontraron la cabeza.

“Tengo autos, fierros, chalecos y handies”. De esa manera, Alejandro “Cabezón” Díaz garantizaba un buen “trabajo” a un “cliente”. Por el servicio que ofrecía -matar por encargo- el sicario de Orán pedía 80 mil dólares a cambio. Se estima que, cuando entabló esa comunicación, estaba escondido en una finca ubicada a pocos metros de la ruta nacional 34, a unos 4 kilómetros de la localidad de Pichanal, en el departamento Orán.

En un camino alternativo que lleva a ese mismo sitio, un cuidador encontró el cuerpo decapitado y maniatado de Pablo César Almaraz, un peón rural de 40 años, que vivía en el barrio 9 de Julio y que diversas fuentes vinculan al narcotráfico.

Así se disfrazaba Alejandro “Cabezón” Díaz para seguir prófugo. (Foto: TN).

Esa finca, muy cerca de una balanza de control de carga entre Pichanal y colonia Santa Rosa, solía ser arrendada por el padre de Díaz, Juan Alberto “McGiver” Díaz, considerado uno de los delincuentes más peligrosos de Salta. Su hijo es el yerno y jefe de sicarios de “El Coya” Rojas, un capo narco de la zona que está preso en Chaco.

“Cabezón”, “Cabeza” o “El Ale”, como lo llaman al asesino a sueldo, fue capturado en mayo de este año luego de que TN expusiera su actividad en la zona de la frontera. Pese a que tenía cédula roja de Interpol, se movía con custodios armados y camuflado con bigotes postizos, lentes y gorra para evitar ser reconocido. Lo atraparon en un departamento de Tarija que había alquilado.

Ahora, permanece alojado en la Unidad Carcelaria N°3, de Salta, donde fue visitado, el 1 de junio, por Darío Esteban Monges, un asesor político que consiguió la autorización para entrar al penal haciéndose pasar por abogado del Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia, por intermedio de Benjamín Cruz, exsecretario de la cartera.

El 3 de septiembre, Monges fue hallado acribillado en el interior de su camioneta, a un costado de una planta industrial del Barrio El Círculo. El cuerpo fue descubierto por chicos que jugaban en la zona. Le avisaron a un vecino que llamó a la policía. El viernes último, la fiscalía informó que tres hombres (un padre y sus dos hijos) fueron detenidos por el crimen.

En esa causa, con reserva de actuaciones vigente, interviene un Equipo Conjunto de Investigación compuesto por el Ministerio Público Fiscal de Salta y la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR). Fuentes del caso indicaron que el mayor de los detenidos, Alfredo “El Viejo” Bejerano, está relacionado con Díaz y la banda de “El Coya” y ya había una investigación con su nombre en la Justicia.

Darío Monges, acribillado en Salta

Sus hijos, Roberto y Santiago, son mecánicos. El mayor tiene antecedentes por tenencia y portación ilegítima de arma de fuego en poblado, delito por el que fue detenido en noviembre y liberado tras pasar 11 días en la Alcaldía de Salta. Ambos se negaron a declarar.

Los detectives buscan determinar si Monges fue ejecutado en otro lugar y luego trasladado hacia ese sitio. En tanto, la cabeza de Almaraz aún no fue encontrada y creen que esa situación pueda formar parte de la trama mafiosa de Orán que cada vez cobra más brutalidad.

Las hipótesis narco del crimen del asesor político Darío Monges y del peón rural Pablo César Almaraz: puesteros, automexicaneadas y ajustes de cuentas.

El primer reflejo fue suponer que Pablo César Almaraz fue asesinado por haberse quedado con parte de una carga de cocaína, motivo común que enlaza a otros crímenes de peones rurales en el norte argentino. Los investigadores creen que los sicarios dejaron el cuerpo en ese lugar como un mensaje a Díaz, no como una advertencia, sino como un aviso de que la orden había sido cumplida.

En el pasado, killers que ejecutaban a pedido del “Cabezón” dejaban dinero en la boca de sus víctimas. De esta manera, el jefe sabía que había sido su banda la que había cumplido el encargo, una especie de firma siniestra.

Fuentes de la investigación indicaron que Almaraz era puestero de “Yampa”, un ex gendarme que, exonerado de la fuerza de seguridad hace 15 años, se volcó hacia el negocio del tráfico de drogas y es, en la actualidad, un temido narco de Pichanal. El ex uniformado -que fue entrenado en operaciones especiales en el monte salteño- también trabajó con “El Coya” Rojas.

Los puesteros, en la cadena narco, son las personas encargadas de acopiar la droga en un lugar estratégico. En ese lugar, la “enfrían” para luego continuar su camino, o bien, es entregada a los compradores. Quien cumpla ese rol, el más delicado y tentador, debe ser de extrema confianza: sabe cuánta droga ingresa y cuánta sale.

En cuanto a Monges, también se trataría de un ajuste de cuentas. El asesor habría tomado el lugar de “Cabezón” Díaz en las conversaciones por el envío de 200 kilos de cocaína que serían enviados a Reino Unido: 100 kilos habrían llegado a destino, pero los otros 100 quedaron en el camino. El hombre asesinado tenía que hacerse cargo de la droga que ingresó al país hasta Salta, otra estructura lo haría desde esa provincia hacia Rosario, sostienen los investigadores.

Creen que los narcos detectaron que en Orán se “perdió” la mitad del cargamento que, en realidad, fue entregado por “el puestero” a otra organización. Es decir, una “automexicaneada”.

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