Siempre hay un Massa. Por Alejandro Borenzstein

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    Un mix de torpezas y arranques autoritarios para mantenernos entretenidos durante el verano

    Antes que nada, vaya un pedido de disculpas para todo el pueblo uruguayo por las torpes expresiones de nuestro ministro de economía Sergio Massa cuando dijo “Uruguay es un hermano menor al que tenemos que cuidar”. Sucede en las mejores familias y también en los mejores gobiernos: siempre hay un Massa. Sepan comprender y sean piadosos en la desgracia ya que, además de un Massa, nosotros tenemos un Alberto. Ya va a pasar, son rachas.

    Dicho esto, vayamos a lo importante. Tenía razón el diputado kirchnerista Durañona cuando el 12 de marzo de 2019, siendo intendente de San Antonio de Areco, dijo textualmente en un acto partidario: “los miembros de la Corte Suprema tienen que ser militantes nuestros” (posta, está en YouTube).

    La vida enseña que si queres vivir en paz y no tener problemas con la justicia, hay solo dos caminos: o te portas bien y no cometes delitos o nombras jueces amigos que te protejan y a otra cosa mariposa. Dado los antecedentes, los hoteles, el convento y todo lo que vimos por televisión, al kirchnerismo solo le estaría quedando la segunda opción. Eso explica en buena parte lo que viene pasando en la Argentina.

    Lo ideal sería que los jueces de la Corte Suprema de Justicia vayan a laburar vestidos con una pechera de La Cámpora y, de ser posible, se tatúen un brazo con la cara de Néstor o de Cristina, como la estadista Mayra Mendoza. Sería perfecto. Pero parece que estos tipos no quieren.

    No está claro si el problema es que a los miembros de la Corte no les gusta el Proceso de Reorganización Judicial, si les molesta el fascismo o si se les dio por querer ser independientes, pero la realidad es que esta gente se resiste.

    De ahí que el gobierno ha tomado el toro por las astas y allá van, a por la Corte Suprema. En cierto aspecto, tiene su lógica: ya que no pueden bajar la inflación, ni controlar el dólar, ni disminuir la pobreza, ni juntar reservas, ni hacer un caño de gas, ni segmentar tarifas, ni hacer andar el país, por lo menos van a intentar rajar a los miembros de la Corte. Algo es algo.

    El punto es que todo indica que ni siquiera van a lograr eso ya que el gobierno no tiene los votos para enjuiciar a la Corte. Recordemos que en 2021 el pueblo fue hipnotizado por TN, Feinmann, la CIA y otros poderes ocultos y, en lugar de votar bien y elegir la boleta de Tolosa Paz, votó mal y eligió la de Santilli. Por lo tanto, perdieron la mayoría parlamentaria. Para corregir estos inconvenientes que provoca la democracia, el gobierno está pensando en eyectarlos por decreto.

    De hecho, vienen evaluando un DNU para aumentar el número de miembros, de 5 Supremos a… 25. Acá hay que recordar que la Corte tenía 9 miembros hasta que, en noviembre de 2006, la entonces senadora Cristina Kirchner impulsó y logró aprobar un proyecto que achicó la Corte de 9 a 5 miembros. Obviamente volaron a los 4 que no les gustaban. Ahora, como no les gustan los 4 que están, le quieren agregar 21 muñecos más, especialmente seleccionados por Capitanich, Zamora, Insfrán y otros demócratas. Lo más curioso es que llevan 14 meses sin siquiera proponer al jurista que debería ocupar la vacante que dejó Elena Highton de Nolasco cuando renunció a la Corte en noviembre de 2021. Son geniales, no pueden designar uno y quieren meter veinte más.

    Los ciudadanos fanáticos de la democracia, la república y todas esas pavadas, no deberían preocuparse demasiado por estas movidas chavistas. A juzgar por la capacidad de gestión a la que nos tiene acostumbrados el kirchnerismo, lo más probable es que dentro de un año la mitad de estos diputados estén buscando laburo en algún municipio y los cuatro Supremos sigan en sus cargos, lo más panchos.

    En él mientras tanto, tendremos un largo show en la Comisión de Juicio Político cuyo lado positivo es que algunos diputados, habitualmente ocupados en otros asuntos, ahora van a tener que ir a laburar. Al pedo, pero van a ir.

    La mejor prueba de ello es que el lunes, después de mucho tiempo, reapareció en el Congreso el diputado Máximo Kirchner. Según los diarios, fueron solo 15 minutos. Calculando la guita que le garpamos y el tiempo que estuvo, deben haber sido los 15 minutos más caros de la historia parlamentaria argentina. No importa, este estadista bien lo vale.

    Por las dudas que lo de la Corte salga mal, el “presidente” retomó su famosa guerra contra la inflación, esta vez encarándola con una definición aparentemente novedosa: “la inflación es autoconstruida, gran parte está en la cabeza de la gente”. Decimos “aparentemente novedosa” porque ese argumento es el mismo que utilizaban Martínez de Hoz y su Secretario de Hacienda Juan Alemann durante el Proceso Militar. De tanto falsificar progresismo empieza a argumentar como los genocidas. ¿Será por eso que apoyó los indultos? ¿Vendrá de ahí la culpa y la necesidad de inventarse un pasado comprometido con los DDHH? Arduas tareas deben tener los psicólogos que tratan a este muchacho.

    Sobre el pucho de estas declaraciones de Alberto, aparecieron las del Papa Francisco cuestionando el descalabro económico de la Argentina. Automáticamente, el “presidente” y la vocera Cerruti responsabilizaron a Macri por el fracaso en el tema de la inflación. Y tienen razón.

    El Gato les dejó 50% anual y ellos en 3 años solo pudieron duplicarla, o sea llevarla al 100%. Si Macri hubiera dejado 120% o 150%, Cristina, Alberto y Massa podrían haber llegado a 300% y ser los campeones mundiales de la inflación. Lamentablemente, la Copa del Mundo 2022 la ganó Zimbabue con 260% de inflación, el subcampeón fue Líbano (122%) y en tercer lugar Venezuela (119%). La Kirchnereta quedó en cuarto lugar con el 94,8%. Todo por culpa del Gato que solo dejó 50%.

    Si lo pensamos bien, Cristina y Alberto deberían ser reelectos y tener la oportunidad de ganar la Copa. Se lo merecen, al fin y al cabo, fue Ella la que reinstauró en 2008 la inflación en la Argentina que había sido eliminada en 1992. Recibió de Néstor el 7% anual y le entregó al Gato el 30%, según aquel INDEC de 2015 intervenido por Ella misma. Ojalá Cristina reconsidere su autopercepción de proscripta, se presente como candidata, arrase, vuelva a la presidencia y gane la Copa Mundial de la Inflación así se retira con toda la gloria mientras nosotros cantamos “muchachos (peronistas) ahora nos volvimos a ilusionar…”.

    En fin, amigo lector, podríamos seguir entreteniéndonos infinitamente con todo esto si no fuera que todo es una tragedia decadente producto de la impericia que estos genios nos vienen regalando desde hace 20 años.

    Cerremos solidarizándonos con el ministro del interior Wado De Pedro que no fue invitado a la fiestita que Alberto organizó para Lula. Eso no se hace. Como era lógico, De Pedro se quejó entre sollozos diciendo que Alberto “no tiene códigos” y Tolosa Paz le respondió con dureza.

    Hay que entender que no estamos hablando de administradores del Estado Nacional al frente de una crisis socioeconómica descomunal, sino de niñitos de jardín de infantes cuya autoestima puede ser dañada si se los margina y no se les permite socializar con sus compañeritos. Desde acá lamentamos el dolor de Wadito, hacemos votos para que Albertito se comporte mejor, Tolosita no se enoje y esperamos que Tía Cristina los lleve al shopping, les compre un chiche, un heladito y seque esas lagrimitas. También eso es liderar.

    Cuando Francisco se vuelva a preguntar por qué la Argentina tiene 50% de pobres y 100% de inflación, habría que contarle este episodio. Habrase visto, semejantes grandulones boludones haciendo estos papelones.

    Como dijimos al principio, siempre hay un Massa.

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