Goleada de River a Belgrano en el Monumental y números que le cierran

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El Diablito Echeverri festeja el primero junto a Borja.

Qué importante será para River golear el jueves 30 de mayo a Deportivo Táchira. Entrar a los playoffs de la Copa Libertadores como primero de los primeros siempre es importante, para cualquier equipo, pero para ninguno lo es tanto como para River, para este River. Para este River y para este estadio Monumental que es una pesadilla para el visitante, por el rival que tiene enfrente, por un campo de juego que salvo para el CARP es como pasar de súbito de jugar una vida al tenis en tierra batida a hacerlo en el césped rápido de Wimbledon, porque hay entre 80 y 90 mil personas que rugen pegadas al partido y se sienten de verdad.

Lo sufrió este sábado Belgrano de Córdoba así como vienen de sufrirlo Libertad de Paraguay y Central Córdoba de Santiago del Estero y casi todos los que llegaron a Figueroa Alcorta 7597 en este año y medio que va del ciclo de Martín Demichelis: el Monumental, River en el Monumental, es una de las razones más fuertes por las que el colectivo gallina puede ilusionarse de verdad en este 2024.

Con la Copa Libertadores pero también con el bicampeonato de una Liga Profesional en la que será difícil no sacar diferencias, como el año pasado, si el equipo de MD sigue arrasando con un porcentaje de efectividad que se acerca al 100% jugando en casa: ocurrió en 2023 y si no cambia la mano repentinamente va en buena dirección de suceder esta temporada y en este torneo que recién arranca pero en el que ya tachó seis puntos sobre seis disponibles.

Contra un Pirata que llegó disminuido por las bajas de Passerini y Jara, River se hizo cargo del protagonismo de un partido que pudo y debió definir bastante tiempo antes del 2-0 de Colidio y del 3-0 de Solari: con presión alta y la voracidad de otros tiempos asfixió a los cordobeses desde el arranque y se adueñó de la pelota ante un rival que apenas pudo refugiarse atrás y rezar para que el tiempo corriera más rápido de lo que corre.

Así fue como promediando la primera parte las cifras de posesión llegaron a tocar un inédito y hasta caricaturesco 92-8 en favor del equipo de Demichelis, que jugó sabiendo que por decantación el gol tenía que caer. Y así fue de la mano de Claudio Echeverri: el Diablito, cada vez más suelto y con más confianza, no sólo anotó el 1-0 con una definición de marca River sino que condujo al CARP entre el enjambre de defensores de celeste.

CE19 fue la luz para un River que no tuvo puntos bajos a excepción de un Enzo Díaz que volvió a ser titular después de dos partidos y no hizo los méritos suficientes para recuperar el puesto ni para salir de su meseta de rendimiento: con una zaga central que necesitará jerarquía para la Copa que para el medio local está sobrada de categoría, especialmente por un Paulo Díaz que no corta el estado de enamoramiento de la gente con cruces de jugador de elite; con un Sant’Anna menos preciso que ante Central Córdoba y Libertad pero con el mismo buen criterio para sostenerse en el puesto.

Con un Fonseca que fue una buena elección del entrenador imaginando un partido de posesión casi total bien secundado por Simón y Barco; con un Borja que demostró que aún sin hacer goles puede romperla con descargas top y definiciones de clase internacional (si la metía de taco, en el PT, habría hecho el gol de la Liga) y un Pablo Solari que exige siempre (su presión, clave para la victoria) y que más allá de que puede apurar la finalización es un generador silencioso de peligro.

Con buenos ingresos desde el banco, entre los que se destacó un Matías Kranevitter que se mostró muy fino con la pelota, un Nacho Fernández que a pesar de un par de pérdidas tuvo la lucidez para ceder el tercer gol y un Facundo Colidio que en el último mes tiene el mejor promedio goleador de todo el fútbol argentino.

River va engranando. Necesitará constancia, no bajar la tensión como le ocurrió en un tramo del segundo tiempo (y como le había pasado, también, en los últimos dos partidos). Necesitará algunos refuerzos para cuando la vara suba la categoría de un fútbol argentino que por momentos le queda chico. Necesitará, también, de golear a Táchira: el Monumental, donde no parece haber quien le haga frente, puede ser la llave para soñar en grande, pero en grande de verdad

Ole

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