“Lo que importa es tener el poder”: el loco va en serio. Por Cristina Perez

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    Los analistas locales eligen detenerse en la extravagancia del acto de Milei en el Luna Park. Los analistas internacionales, no se privan de esas excentricidades, pero, además, se lo toman en serio.

    Mientras algunos aquí sugieren que el show del Luna fue para tapar que se demora la recuperación económica, a la mañana siguiente del mitin, el presidente argentino es tapa de la revista Time. Y en España, la campaña por las elecciones europeas gira en torno a su figura.

    Quizás le parezca una ironía a Milei, el título elegido para la portada de Time en su edición internacional: el Radical, lo llama. Como el partido político que él deplora mayormente por el sesgo socialista de algunos de sus referentes. Pero la portada se refiere a sus posiciones radicales, es decir extremas en la paleta liberal y agrega: Cómo Javier Milei está sacudiendo el mundo.

    El péndulo en Argentina nunca había alargado tanto el envión, pero hay que ver de dónde venimos. El kirchnerismo, ensayó un avance ruinoso hacia un modelo de intervencionismo del estado asfixiante, mucho más que colectivista, bajo la inspiración del modelo chino y chavista a la vez, los modelos que admiraba Cristina Kirchner. El bolivariano, además del control total, le permitía deshacerse de la justicia. Un país postrado eligió la opción más radical frente a esa agonía.

    Consultado sobre liderazgos como el de Milei, el escritor Giuliano Da Empoli, autor de El Mago del Kremlin, respondió que cuando el desencanto es profundo, las sociedades ven en la elección de un loco, más sensatez que en la opción supuestamente normal:

    También Milei, hace su propio elogio de la locura. En el acto de ayer lo hizo al referirse a Adam Smith, a quien consideró doscientos años adelantado a su tiempo comprendiendo las dinámicas del crecimiento antes aún que lo comprobara el advenimiento de la revolución industrial. Luego de explicar sus teorías, Milei concluyó: “El que la vio era un loco”.

    ¿Un loco, un genio, o un adelantado? Es muy temprano para decir si Milei tendrá éxito. Es cierto que logró bajar la inflación más rápido de lo que cualquiera había imaginado. Lo que le da solidez al descenso es la disciplina fiscal a la que se ata como a un mástil frente al canto de sirenas. Pero persisten interrogantes sobre su política cambiaria y sobre todo sobre cuándo llegará la anhelada recuperación de la economía. Más allá de eso, Milei parece haber detectado antes que otros líderes un nuevo estado de cosas en el mundo. Una redefinición de lo que se entiende por izquierda y por derecha, al compás del choque entre democracias y autocracias que China y Rusia agudizaron. Cuando Milei bramó en Davos, diciendo que “Occidente está en peligro”, nadie esperaba que pocos meses después, replicara sus dichos el presidente de Francia. En un mundo sin liderazgos notorios de los países centrales, figuras como Milei o el ucraniano Zelensky aparecen como destacadas, mientras un desgastado Estados Unidos y una relegada Europa pugnan por mantenerse en su eje.

    El empresario Martin Varsavsky da su propia reinterpretación sobre la dicotomía que representan hoy izquierda y derecha.

    El acto de ayer en el Luna Park bien puede ser prueba de esa evolución de la derecha hacia un lenguaje que logró cautivar a los jóvenes en Argentina, que suman tanto porcentaje electoral como la poderosa provincia de Buenos Aires, ya que son el 40% del electorado. Era desopilante escuchar a los chicos libertarios coreando a Hayek o insultando a Keynes por ladrón. Hasta hace no mucho, algunos dirigentes de la coalición Juntos por el Cambio, escondían como vergonzantes sus identificaciones con la derecha y el liberalismo. Es más, quisieron hacer pasar a Macri de centrista. Hasta Macri se arrepiente de ese buenismo.

    Milei volvió a poner a la derecha de moda, pero al mismo tiempo, con una posición tan o más facciosa que la de Cristina Kirchner, está decidido a dar una pelea frontal con la izquierda a la que considera una ideología que tras la patina del altruismo esconde lo peor. Su cruzada a favor del mercado, es demostrar cómo la intervención del estado atenta contra las libertades y lleva a la pobreza.

    Aquí es donde se entiende que la revista Time lo llame Radical. Cuando el mundo parecía haber llegado a un consenso sobre la necesidad de combinar estado y mercado en la forma más virtuosa posible, Milei denuncia que, en realidad, eso había sido un subrepticio avance de la izquierda para contrarrestar la caída del Muro de Berlín y que el estado es una organización criminal.

    Luego del avance de los estados en la pandemia que generaron intromisiones sin antecedentes para las democracias en la vida de las personas, y cuarentena eterna mediante en Argentina, no es extraño que la predica del libertario haya encontrado oídos fértiles sobre todo en los jóvenes, que sufrieron el encierro en forma tan traumática como los ancianos.

    En su libro Juicio al Peronismo, Laura Di Marco, habla de la oligarquizarían de la política argentina que estalló por las crisis sucesivas y con la aparición de Milei. Era un acuerdo implícito de los partidos, por el cual el status quo permanecía sin cambios y las reformas se bloqueaban. Todo eso voló por el aire. El advenimiento de lo nuevo que tenían taponado arrasó como un tsunami. El Congreso es la foto vieja del escenario político. ¿Cómo metabolizaran el fenómeno Milei? Eso se medirá con la aprobación o no de la Ley Bases. Anoche, los negociadores decían estar a un voto.

    ¿Qué representa Milei? ¿Milei es un fallo de mercado y podrá ser corregido cuando la gente se dé cuenta de que esto sólo fue una catarsis luego de tanta crisis? ¿O Milei tiene razón, y lo que estalló fue la realidad que intentaban no ver para forzar el sistema que les convenía? Esto es un poco lo que el nuevo presidente intenta argumentar en su libro para referirse a una discusión económica pero que sirve trasladar a la política.

    Si lo del Luna Park es simplemente un lenguaje nuevo con el que el loco Milei conecta con sus votantes, también hay que decir, que cree absolutamente lo que postula. No es un relato ante el que los otros hacen seguidismo. Ayer no llevaron a gente en colectivos, y no era un electorado de Palermo y Recoleta. Había votantes de todos los rincones y partidos. Y había jóvenes, muchos jóvenes. Hasta tal punto coincidían todos en que lo anterior ya no va más, que dos cosas fueron las que rugieron más fuerte en las tribunas: la palabra Libertad y que Cristina vaya presa.

    Y al final, prácticamente antes de despedirse, apareció un elemento que explica muchas cosas. Milei lo introdujo con un ejemplo futbolístico.

    Quizás Milei no se de cuenta, pero explicó su contradicción más profunda y al mismo tiempo admitió su necesidad de la política. El outsider, que quiere seguir cantando rock para no ser un político más, sino el rey de un mundo perdido, descubrió que hay que meterse al barro, si realmente se quiere cambiar algo. O más aún, dar una batalla permanente. Y para esto, como él dice: “Lo que importa es tener el poder”.

    Milei va en serio. El tiempo dirá si tuvo razón o locura. Si la vio o no la vio.

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