“Alperovich, el fin del poder y el fin de la impunidad” Por Cristina Pérez

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    Como en el caso Cecilia, el silencio es atronador en el peronismo luego de la condena por abuso sexual contra José Alperovich de 16 años de prisión efectiva.

    La sentencia que escuchó con ojos cerrados fue el punto más abismal de su carrera y marcó la caída desde una cumbre muy alta como la que lo llevó a ser indiscutido caudillo provincial por casi dos décadas.

    Su cumbre de poder coincidió en el tiempo con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner de quienes fue uno de sus principales aliados.

    No fue una investigación por enriquecimiento ante una fortuna que se multiplicó con el poder, la que lo hizo caer de esa cima, sino la shockeante denuncia de su sobrina y ex secretaria que a pesar de las presiones y las ofertas de dinero prefirió seguir adelante con el juicio en el que se dio por probado abuso sexual simple reiterado en tres oportunidades, dos hechos en grado de tentativa y otros seis hechos con acceso carnal, mediando intimidación, abuso de una relación de dependencia, de poder y de autoridad.

    Los hechos investigados ocurrieron en un período de cuatro meses que van de diciembre de 2017 a marzo de 2018. Un año después cuando el escándalo aún no se había desatado Alperovich fue noticia por acosar en vivo a la periodista Carolina Servetto de La Gaceta de Tucumán mientras hacía campaña para volver a ser gobernador de Tucumán.

    Para Beatriz Rojkes, su esposa, que llegó a ser presidenta provisional del Senado y persona de extrema confianza de Cristina Kirchner, la denuncia de la sobrina fue un límite en la relación.

    A la hora final, durante la sentencia, el ex gobernador llegó con sus hijos que luego de la fría orden del juez, cuando dijo: Proceda Señor Comisario, lo vieron ser trasladado por la policía, absolutamente ensimismado, con la mirada perdida y sin responder a los periodistas.

    Esta mañana su hija Sara, al ir a visitarlo al Penal de Ezeiza luego de la primera noche en prisión, defendió a su padre y afirmó que las acusaciones en su contra son una mentira.

    Paradójicamente quien terminó resolviendo en esta causa fue un juez abiertamente identificado con el kirchnerismo, el doctor Juan Ramos Padilla.

    Más allá de que debe resolverse una apelación de la defensa, la condena a quien fuera un poderoso líder político del Norte, otrora intocable, ofrece una imagen pocas veces vista en un país plagado de casos de corrupción que se empantanan por décadas generando un virtual estado de impunidad. ¿Cómo repercute simbólica y políticamente que caiga un poderoso en el marco de este contexto?

    Un fiscal que investiga casos de corrupción respondió en forma reservada que “es emblemático lo que está pasando y que hay un paralelismo del fin del poder con el fin de la impunidad” en este tipo de personajes. Da a entender que por eso se aferran a los cargos y tratan de evitar el temido aterrizaje en el llano.

    Otro fiscal que también ha investigado a políticos poderosos considera que cuando hay delitos aberrantes no hay manera de que zafen y lo demuestra el hecho de que a Alperovich lo condenó un juez militante de su mismo signo político. “Nadie sale a defender a Alperovich como no salen a defender a Eduardo Belliboni por las acusaciones de esclavizar a beneficiarios de planes”, ejemplificó.

    La opereta política sólo parece funcionar ante los casos de corrupción mientras en situaciones como la de Alperovich, lo que tiende a prevalecer es la cobertura del silencio.

    Hay quienes defienden los derechos de las mujeres cuando les conviene. Y en casos como el de Emerenciano Sena o José Alperovich directamente hacen silencio. Semanas atrás el mismo día que había sido procesado por supuesto abuso también de su secretaria, el intendente de La Matanza Fernando Espinoza, apareció en un acto con el gobernador Kicillof y la vicegobernadora Magario, como si nada hubiera pasado.

    Pero en la justicia los casos de abuso o femicidio no parecen gozar de la impunidad que los hechos de corrupción, y eso también marca un cambio de época, aunque en algunos territorios el poder se ejerza aún con criterios medievales. Vale destacar que en el comportamiento de los dirigentes involucrados en estos casos parecen no haber hecho mella ni las banderas del feminismo ni los derechos de género en los que dicen embanderarse, para proseguir con prácticas machistas a plena luz del día. Sólo eso puede explicar el repugnante trato que le da Alperovich a la periodista de la Gaceta delante de cámaras. Pero no es todo. La impresión es que la impunidad que otorga el poder, atornillarse en el poder, enriquecerse desde el poder, los obnubila de tal manera que realmente, aún en medio de la toma de conciencia pública sobre los derechos de las mujeres, creen que ellos siguen siendo intocables.

    ¿Hasta qué punto llegaron a creerse intocables los Sena como para proceder a matar y hacer desaparecer a Cecilia de quien se hallaron restos óseos tan calcinados que no se pudo probar ni el ADN? ¿Hasta qué punto se sintió impune José Alperovich como para acosar en vivo por TV a una periodista en plena campaña cuando ya habían ocurrido los hechos por los cuales lo denunció su propia sobrina? Claramente si como dice la justicia, abusó carnalmente de su sobrina en seis oportunidades, nunca pensó que podía alcanzarlo la ley. Una de las características de los impunes es precisamente creerse por encima de la ley. Creer que se puede cruzar límites morales y criminales porque simplemente se tiene poder. Hasta que el poder se termina. 

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