La interna paraliza al Gobierno y pone a prueba a Javier Milei.  Por Diego Sehinkman

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    La disputa entre los principales armadores del poder libertario frena la gestión y expone el límite del modelo en plena mitad de mandato.

    ¿Cómo es posible que esté más cerca Trump de hacer un arreglo con los ayatolas de Irán que Karina Milei con Santiago Caputo? Hay una guerra acá que no se resuelve, que pasa el tiempo y que no tiene mediador. No hay un Pakistán, no hay una China.

    ¿Por qué no lo hay? Porque ese mediador debería ser Milei. Y por diversas razones que no vamos a analizar en este momento, no puede, no sabe, no quiere. Y esto es un problema porque probablemente el frente más complejo que tiene el Gobierno es el frente interno.

    Tiene problemas con la economía, tiene problemas de algunas sospechas de corrupción… Pero frente a la adversidad de la mitad de mandato -que son los dos años- debería tener coherencia y debería tener solidez interna. No puede crujir internamente. Y por momentos lo hace.

    Los síntomas: paranoia general y parálisis

    Como hay dos bandos que hacen control cruzado, no salen los expedientes, nadie quiere poner la firma, no se sabe de dónde viene el misil porque es más probable que venga de adentro que de afuera. Esto ralentiza la gestión, ralentiza la toma de decisiones.

    ¿Qué loco esto, ¿no? Porque una de las demandas sociales es: “No queremos un Estado omnipresente, lleno de burócratas, lleno de escritorios, donde cada firma a veces te cobra un peaje. Queremos un Estado ágil. Achicalo y hacelo ágil. Que esté presente pero que esté ágil”.

    Este tipo de organizaciones, con internas muy fuertes y desconfianzas adentro, generan parálisis. Que paradójicamente se empiezan a parecer a eso que venían a suplantar: un Estado lento para gestionar. No en todas las áreas. Hay ministerios que son muy efectivos, pero hay otros que están lentos. Esta es la realidad.

    ¿Podrá/querrá resolver este tema Javier Milei? No hay ni un solo elemento de la realidad que permita vislumbrar que esto va a terminar. Insisto: es más fácil que Estados Unidos haga alguna suerte de acuerdo con Irán que esta interna del Gobierno. Cosas del destino.

    Dogmatismo o pragmatismo

    ¿Qué conviene a mitad de mandato? Uno diría que el dogmatismo es muy importante porque te da identidad, te da tus fundamentals. Tu ideología. Milei fue muy dogmático en toda la campaña. Y fue muy dogmático en estos primeros largos meses. Casi como un predicador, con una certeza, con un discurso de “te voy a contar lo que exactamente está pasando”. Estos son los principios, estos son mis autores liberales, evocados permanentemente.

    Ese dogmatismo hace un contrato con sus votantes que es: yo no sé técnicamente si puedo seguir lo que dice Milei. Pero lo dice con una certeza y con citas de autores que, en el medio de la incertidumbre del gobierno anterior que terminó muy mal, yo elijo creer.

    Ese dogmatismo inicial sirvió para un nivel importante de estabilidad, para acomodar la macroeconomía. Pero en este momento empieza a no alcanzar. Entonces la pregunta es: ¿le va a agregar dosis de pragmatismo al dogmatismo? ¿Puede tener flexibilidad frente a las eventualidades de la gobernanza?

    Voy a poner un ejemplo irónico. Nadie me juzgue ni me mande carta documento. Milei fue a rezar al Muro de los Lamentos en Israel. ¿Saben qué es el Muro de los Lamentos? Lo hizo Herodes, el Grande. Era el segundo templo. Y lo que quedó después del derrumbe del segundo templo fue esa pared, que no era otra cosa que el sostén estructural de donde se iba a apoyar el templo. Permítanme la ironía: obra pública. Era la obra pública de Herodes. O sea, Milei, que desprecia la obra pública porque le parece que todo eso lo tiene que hacer el privado y no el Estado, se apoya sobre algo que fue parte de la obra pública. Que alguien, en algún momento, pensó para la civilización humana.

    Lo que digo no es que pase todo a la obra pública. Sino que se haga la pregunta: ¿hay algo de obra pública que se necesite en este momento, después de todo este ciclo más dogmático?

    Argentina necesita rápidamente infraestructura. Incluso para los sectores dinámicos que están saliendo adelante: la energía, el campo, la industria del conocimiento, la minería. Van a necesitar rutas. ¿Creen que urgentemente van a venir privados a invertir en eso? En algún momento, Milei va a tener que definir si algo de la partida de economía va a estar destinado a esto que se llama obra pública. No la vialidad de Lázaro. No los robos. No la oportunidad de usar al Estado para medrar y para enriquecerse. Otra forma de ejercer algo de la obra pública.

    El fin de la inflación

    Quiero evocar 2023. Milei venía a derrotar la inflación. Hay un libro de ese año: Javier Milei. El fin de la inflación. La foto de tapa: Milei con los ojos fijos, casi un hipnotizador. Casi como un pastor evangélico que detiene al demonio. No es casual la elección de esa imagen deteniendo a ese fenómeno casi paranormal -pero que es normal para los argentinos- que es la inflación.

    El Fondo Monetario Internacional acaba de rever la previsión de inflación y dice que es de 34. Cuando la hizo originalmente era de 15. Es decir, la duplicó. Pasaron cosas. Pero por supuesto que pasaron cosas. Y Milei claramente emprendió una batalla contra la inflación y claramente está bajándola, con sus zigzags. Pero lo que estamos viendo es que algo el Gobierno va a tener que hacer extra al dogmatismo. Para proponer, para generar esperanza.

    Cierto nivel de estabilidad es necesario, pero no es suficiente. 3, 4 es la inflación. Podría bajar a 2,5 dicen los especialistas el mes que viene. Pero el tema tiene que ver con el nivel de actividad.

    Se viene, despacito, la batalla por las elecciones. Va a haber que hacer armados, va a haber que hacer alianzas políticas. Vamos a ver si Karina Milei sigue dogmática y dice “yo voy a poner mis listas en las provincias y no voy a dejar correr a nadie”, o si va a haber pragmatismo: para no pelearse con los gobernadores y que acompañen en el Congreso, van a decir “corran, no les pongo candidatos propios”. Ahí también hay una tensión entre dogmatismo y pragmatismo.

    La herramienta que viene después de la motosierra

    La motosierra fue la síntesis visual hecha herramienta. La herramienta que sintetizaba una demanda de la sociedad argentina. El aparato que, como si fuera una película de terror, Milei empuñaba para ir contra un enemigo que era la casta. Y había un consenso social -o por lo menos de la base electoral de Milei- de que esos eran los culpables. Había algo que sobraba. Gasto público, privilegios. Había que ir por eso. La motosierra fue perfecta.

    Pero llegamos a mitad de gobierno. ¿Alcanza la motosierra como elemento simbólico para generar optimismo, esperanza en el electorado? Yo te diría que sí, pero… Porque la motosierra viene a sacar de la escena lo que sobra. Y seguramente hay que seguir sacando. Pero ahora hay una demanda nueva: Cortaste, sí. También me cortaste a mí, porque yo sufro un ajuste y tengo dolor. Me tuve que restringir. Todavía mi salario no sube lo suficiente. Ok, ya está la motosierra. Si querés, usala. Pero mostrame otra herramienta nueva.

    ¿No te gusta el casco amarillo? ¿Te parece que la idea de la industrialización de los años 50 y 60 está idealizada? ¿Cuál es la nueva herramienta que viene a poner en escena la reconstrucción de la Argentina? La motosierra saca. ¿Y cuál es la que viene a colocar algo nuevo que genera ilusión y esperanza?

    No en el 40 % que sigue apoyando a Milei, que es un excelente número. En todos esos votantes que fluctúan, que hoy están con Milei pero se te pueden ir. Los que estuvieron con Macri, pero también estuvieron con Alberto Fernández. Gente que como el parabrisas va y viene. Y a esa gente -a los conglomerados urbanos de la Provincia de Buenos Aires, el conurbano, los conurbanos de otras provincias- aún sabiendo que va a perder o que podría perder con el peronismo, tiene que achicar la pérdida. Tiene que reconquistar, tiene que seducir.

    Es cierto que hay generaciones jóvenes que se habían pasado de su casa peronista, habían dejado la casita de los viejos y se habían mudado solos a la casita libertaria, y se te volvieron a ir. Hay que traerlos. ¿Cómo los va a entusiasmar?

    La niebla

    Hay una entrevista hermosa en Seúl Radio que le hizo Hernán Iglesias Silla a un sociólogo, Juan Carlos Torre, que sintetiza mejor de lo que yo lo voy a contar qué pasa cuando estabilizás. No está terminada la estabilización en Argentina, pero está en progreso. ¿Qué pasa con la demanda social?

    Primero te dicen: quitame la inflación. Pero cuando empezás a quitarla, viene una pregunta que quizás es más angustiante. La inflación es una niebla. Vos caminás en medio de la niebla. Te movés de un lado para otro. Cuando parás la inflación, ahí se armó. Porque la foto te encuentra ahí. Y vos decís: ¿este es mi lugar? ¿Esto me corresponde acá?

    Hasta ese momento, no sabés cuál es tu lugar. Uno de los problemas que tiene la estabilidad es que te corre ese velo. Y cuando viene la estabilidad, decís: ¿qué hago acá? Qué metáfora, casi poesía, ¿no? La inflación es una niebla que no te permite ver dónde estás parado. Porque como todo se mueve -las góndolas se mueven, lo que vas a consumir se mueve- estamos en tinieblas. Cuando la niebla se va, porque la inflación se empieza a frenar, viene un problema. Te mirás los bolsillos y decís: ¿esto yo ganaba? Ahora me doy cuenta de que no llego. Cuando se va la niebla, empieza la puja por no entrar en crisis.

    Entonces la pregunta de cierre es: en este segundo tiempo -porque Milei también tiene segundo tiempo, estos dos años- ¿qué herramienta nueva tiene para generar eso que había generado la motosierra? La herramienta que genere optimismo. El insumo básico para cualquier gobierno: la esperanza. Quizás no estoy del todo bien, pero creo que con este gobierno voy a estar mejor. ¿Podrá fabricarla Milei?