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Sillas vacías, olor a abandono y latidos sin escuchar: la angustia de esperar un control que nunca llega

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En la sala de espera del centro de salud del barrio Ramón Abdala, en Rosario de la Frontera el tiempo transcurre entre el eco del silencio y la desolación. Mientras la panza crece y los días avanzan, la incertidumbre se vuelve sofocante. Para Emi Machuca, la llegada de un hijo se ha transformado en un peregrinaje constante marcado por puertas cerradas, trámites truncos y un sistema de salud barrial que parece haberle dado la espalda.

Un laberinto de demoras y ecografías a medias

Todo comenzó hace unas tres semanas. Guiada por la indicación de su agente sanitario, Emi decidió acudir al centro asistencial de su barrio con la promesa de acceder a la atención de una obstetra y a los estudios pertinentes para el seguimiento de su gestación.

Sin embargo, el recorrido médico pronto se atascó:

Estudios inconclusos: Una ecografía realizada a medio terminar quedó suspendida en el aire. Pese a contar con la orden explícita de su ginecólogo para completar el estudio, las respuestas operativas nunca llegaron.

Turnos esquivos: En su intento por ver a la obstetra, le pidieron regresar en otra fecha; pero al volver, la profesional ya no se encontraba atendiendo.

“Vuelvo y nuevamente no puedo ser atendida”

El inicio de semana prometía ser distinto, pero la escena volvió a repetirse. Este lunes, tras acudir al horario fijado, la joven encontró un panorama desértico: no había personal de enfermería disponible para los controles de rutina ni para el registro en el sistema. A su lado, otras mujeres embarazadas compartían la misma resignación.

Nuevamente, la respuesta fue la postergación: regresar el jueves.

«Ya voy a tener a mi hijo y no me van a poder hacer un control o ver unos análisis», expresó Machuca, sintetizando el temor visceral de no saber cómo avanza la vida que lleva dentro.

El dilema del bolsillo y el riesgo en dos ruedas

La elección del dispensario del barrio no fue un capricho, sino una necesidad de supervivencia. Madre soltera y sin ingresos fijos, Emi se desplaza en una motocicleta, un medio de transporte que a estas alturas de la gestación representa un riesgo creciente.

La alternativa pública más cercana despliega un costo inalcanzable:

Remis al hospital: Un trayecto que demanda aproximadamente $6.000 de ida y $6.000 de vuelta, un monto imposible de afrontar para quien no cuenta con recursos económicos.

Entre baños insalubres y el reclamo de una respuesta

A la falta de profesionales y la desatención administrativa se le suma un entorno hostil. En su descargo público, la mujer describió el estado de los sanitarios del dispensario, donde la suciedad y la falta de mantenimiento atentan contra los mínimos estándares higiénicos exigibles para un centro asistencial.

El caso de Emi Machuca, multiplicado en las redes sociales, no solo expone su lucha individual, sino que pone al descubierto las grietas en la atención primaria de la salud, donde la espera silente de los vecinos sigue aguardando una respuesta urgente de las autoridades.