El ulular distante de las sirenas en las calles de Salta no es solo un presagio de urgencia; es la banda sonora de una crisis silenciosa pero sangrienta. Durante la conmemoración del 39° aniversario del SAMEC, las cifras oficiales le pusieron un baño de cruda realidad a la jornada: siete de cada diez siniestros viales en la provincia son protagonizados por motociclistas.
La revelación, expresada por el ministro de Salud, Federico Mangione, dejó al descubierto una epidemia sobre ruedas que desborda las calles y tensiona de manera crítica el sistema sanitario.
Del asfalto a la sala de urgencias: factores de riesgo
En el marco de un encuentro que combinó homenajes al personal sanitario y simulacros de rescate, las autoridades volvieron a señalar las conductas humanas que desencadenan la tragedia:
La delgada línea del casco: La falta de elementos básicos de protección continúa siendo la regla en los ingresos de urgencia, transformando accidentes menores en cuadros fatales.
Alcohol al volante: Persiste como la causa primaria en la pérdida del control vehicular y el exceso de velocidad.
“Tenemos que tomar conciencia”, remarcó Mangione, invocando el dramático recuerdo de dos mujeres que sufrieron un grave accidente al circular sin casco.
Guardias colapsadas y el verdadero costo de la emergencia
El drama no concluye cuando se apagan los destellos de la ambulancia. El verdadero impacto se traslada a los pasillos del Hospital San Bernardo, donde las consecuencias de la imprudencia vial sobrecargan la capacidad operativa de los profesionales.
Hospitales al límite: En picos críticos, los siniestros de tránsito llegan a absorber más del 40% de la demanda total en las guardias del Hospital San Bernardo.
Cada impacto activa un engranaje costoso que abarca desde la asistencia del SAMEC y el traslado de urgencia, hasta cirugías complejas e internaciones prolongadas.
Atender secuelas evitables genera un enorme drenaje de recursos públicos, por lo que la educación vial ya no se define solo como una norma de tránsito, sino como una prioridad de salud pública.
En este escenario, la respuesta ciudadana también resulta crucial: la capacitación en primeros auxilios para saber actuar en los minutos posteriores a un impacto puede marcar la delgada línea entre la vida y la muerte.







