El Presidente parece estar convencido de que tiene que ser el mismo que en 2023 ganó las elecciones que lo catapultaron a la Casa Rosada, aunque el país y sus aliados no son iguales.
“La campaña ya empezó”, reconoció Javier Milei en Rosario, veinticuatro horas después de haber ratificado todo su programa económico ante los empresarios que lo escuchaban en el Consejo de las Américas.
Aquellos que siguieron con atención sus discursos del jueves y el viernes, vieron un Milei auténtico, lejos del moderado y dialoguista que esperan, no solo los hombres de negocios del círculo rojo, sino también sus aliados políticos y el Episcopado, que ya empezó a trabajar con funcionarios en la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para el 8 de noviembre.
Encontraron un presidente intolerante, confrontativo y cómodo, como ya es costumbre, con el insulto a empresarios, políticos de la oposición y periodistas.
Milei parece estar convencido de que tiene que ser el mismo que en 2023 ganó las elecciones que lo catapultaron a la Casa Rosada, aunque el país y sus aliados no son iguales.
El gobierno prioriza la macro sobre la microeconomía y le pone atención a la baja de la inflación mayorista que llegó al 0,8 %, mientras al costo de vida del IPC (índice de precios al consumidor) le cuesta perforar el piso del 2 %.
Con tono triunfalista, Milei asegura que siempre habló de la inflación mayorista cuando prometió que empezaría con cero, aunque muchos esperaban la otra. Y prometió armar un festival con su banda, donde cantará como parte de esos festejos.



