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Milei frente al desafío del desencanto: bajar la inflación ya no alcanza. Por Diego Sehinkman

El Gobierno logró su principal objetivo, pero ahora enfrenta una demanda social mucho más amplia y espera que la mejora económica llegue a la vida cotidiana.

Pasaron 32, casi 33 meses desde que asumió Milei. Milei tenía una demanda social clarísima, que fue el contrato electoral: bajame la inflación. Yo firmo -y es el voto- y vos a cambio me bajás la inflación. Esa fue la demanda original.

¿Cuál es la novedad? Bajame la inflación sigue siendo una cláusula de ese contrato no escrito. Pero se agregan otras. Mejorame la capacidad de compra, mejorame la calidad de vida, mejorame el poder adquisitivo. Quiero vivir mejor. El equilibrio fiscal es un medio, pero no es un fin. Pasaron 32 meses, yo te banco el equilibrio fiscal, te banco con tus propuestas y tus consignas, pero mejorame.

La libertad, como vos mismo dijiste, le podría decir un votante de Milei que está un poco incómodo -como dijiste el 17 de agosto-, la libertad que nos legó San Martín es un medio, pero no un fin en sí mismo. El fin es mejorar las condiciones de vida de la población.

Es decir, al changuito original del supermercado, en donde vos le ponías a Milei “te voy a comprar un producto que es la baja de la inflación”, la gente le fue agregando. 32 meses, más pedidos, más cosas. ¿Cuál es el problema? Que esas otras cosas, además de la inflación, no necesariamente están llegando para una buena parte de la población. Hay necesidades que están postergadas.

Y no es que la sociedad o el periodismo se está quejando. Lo dice Patricia Bullrich, que dijo que hay que escuchar a las pymes, hay que escuchar lo que le está pasando a las empresas, hay que acelerar el cambio y la transformación para que lo que está ocurriendo -que es muy bueno- llegue a la gente. Lo reconoció también Toto Caputo, ministro de Economía, cuando dijo por primera vez el verbo que era un tabú: hay que reactivar, por eso los créditos en dólares. Y hasta Bausili, del Banco Central, dijo que la velocidad de mejora de la economía estaba ralentizada. No puede decir Milei que esa es la oposición: es el corazón de su gobierno.

El enojo operativo y el enojo catártico

¿Y qué pasa frente a este registro de la realidad que no se cumple tal como son los deseos de Milei? Aparece el enojo. En política hay dos clases de enojo. Hay un enojo operativo, estratégico, pensado y calibrado que sirve. Porque registra y detecta un momento social.

La emoción social que estaba cuando Milei ganó y asumió era bronca. Bronca contra la casta. Mirá lo que nos hicieron. Nos dejaron en el zaguán de la hiperinflación. Se burlan de nosotros. Los billetes no valen nada. Rompen los horneros en nuestra cara. Sáquenos de acá. Tenemos que ir a comprar cualquier cosa por dos, por tres. Hay tres aceites máximos en la góndola. No hay stock, hay desabastecimiento. ¿Te acordás? Sacanos de ahí. Eso se llamó motosierra. La motosierra era el ajuste que iba contra la casta. Y lo que retrataba Milei, con su percepción muy buena y con su ira y su enojo, era que en ese momento la sociedad estaba enojada. En vez de que se vayan todos, que se queden todos. Pero que paguen por lo que hicieron. El enojo de Milei fue operativo. Fue estratégico.

¿Qué pasa ahora? Es otro enojo distinto. Es un enojo de frustración. Es un enojo catártico. Se lo saca de encima. Es un impulso. Vía insultos, vía descalificaciones. ¿Milei está frustrado? Sí, está frustrado porque cree que no entienden lo que está haciendo, y el valor del proceso que él está llevando adelante.

Milei no entiende cómo no le valoran la complejidad de la situación que heredó. No del gobierno anterior, dice Milei en su cabeza: de décadas de decadencia de la República Argentina que hasta acá nos habían traído. ¿Cómo no ven lo que estoy haciendo? ¿Ustedes qué se creen?, dice Milei. Que esto era fácil. Que esto se resolvía rápido.

Milei cree, en espejo con los que la están pasando mal, que el incomprendido es él. Mientras hay en espejo un moroso que dice: Milei cree que yo soy un analfabeto financiero y que me endeudé por glotón para comprarme un televisor, y no me está escuchando que tengo un problema con las cuotas porque la inflación puede bajar, pero no está subiendo el sueldo. Mientras yo me siento incomprendido y no escuchado, en espejo el que se siente incomprendido es el presidente. Este es el fenómeno que estamos viendo hoy.

Milei está enojado porque siente que no están comprendiendo y entendiendo la magnitud de lo que él considera el ajuste mayor de la humanidad, que era la única intervención quirúrgica posible para la enfermedad de la economía argentina. En esto estamos.

El piloto y los pasajeros

Ahora vos me podés preguntar con todo derecho: ¿está bueno este enojo de Milei? ¿Sirve? ¿Es estratégico? Yo te diría que no. Está insultando al periodismo como chivo expiatorio, muchas veces con razón. Porque también es cierto lo de una parte del periodismo, no todo el periodismo, y una parte de la clase política que está empezando a buscar etiquetas.

¿Te acordás de las mesas del hambre que le armaron a Macri, en donde parecía que la Argentina estaba llegando a niveles de pobreza africanos y se escenificaba? ¿O metían a la gente en situación de calle en el estadio de River porque Argentina ya estaba en niveles africanos de decadencia, pobreza y frío y de desamparo? ¿Te acordás que eso se escenificó? Hubo toda una batalla cultural para instalarlo.

¿Es cierto que la gente la está pasando mal? Sí, la gente la está pasando mal ahora. Pero también es cierto que hay un aprovechamiento y un etiquetado. Y la oposición está usando los huecos que el propio Milei deja. Porque cuando Milei dice que no se comprueba esa morosidad, que es un asunto entre privados, que tienen que tener mayor conocimiento de cómo se toma deuda, o que muchos fueron, en realidad, a comprar televisores para el Mundial… cuando Milei dice eso, no lo invalida. No, no lo invalida. Si no hay seis millones de tipos con problemas con las cuotas, lo que hace es dejarle el penal abajo del arco a la oposición, que la tiene servida para decir: insensible. Es un gobierno que no escucha. Es un gobierno que no tiene ningún plan para los que le están pasando mal.

Y ahí, en espejo, Milei vuelve a escalar el enojo. ¿Y qué pasa con gran parte de la población? Que no ama ni odia. Porque estoy quitando de este análisis al núcleo duro. El núcleo duro, haga lo que haga, lo va a odiar -peronismo, kirchnerismo, la izquierda- y su núcleo duro, 25, 28, 30, el que sea, pase lo que pase, lo va a querer. En el medio hay un montón de gente que lo acompañó a Milei y está esperando simplemente que se tenga registro de lo que está pasando.

Hay un piloto de avión que es Milei, que debería decir: “Vamos a atravesar las turbulencias propias de un proceso de estabilización. Venimos de una situación muy mala. Ajústense los cinturones. Falta un tiempo más de turbulencias. Pero yo sé adónde vamos. Hay que pasar esta turbulencia. Después relajaremos y las condiciones de vida serán mejores”. Ese es un piloto. El que da seguridad. El que te muestra lo que sabe y lo que puede pasar.

Milei en este momento, como piloto, agarra el control y el altoparlante y está enojado con los pasajeros. Está insultando a gran parte del empresariado y a diversos colectivos de la Argentina. Y esto genera, paradójicamente, la sensación de que el piloto, en vez de darte seguridad de adónde está yendo, está sin control de la situación. No de la economía. Sin control de algo más importante que la estabilización monetaria: la estabilidad emocional.

Es un momento clave en donde Milei no parece ser muy permeable. No digo a las críticas de mala fe, que las hay. Sino a las sugerencias, a los puntos de vista, a pequeñas dosis de heterodoxia en un momento en donde se podría navegar en zigzag, sin alterar la identidad ni el rumbo del gobierno, pero haciendo alguna pequeña concesión para llegar al lugar que para Milei es la tierra prometida.

Hay un problema emocional que realmente está desatendiendo la demanda de escucha de una parte de la población. Están las medidas y está la escucha. Si vos sentís que estás mal y que el gobierno te registra, es una cosa. Si vos estás más o menos y el gobierno dice: “Eso que decís que te pasa, te pasa porque hiciste vos mal el cálculo. Es un asunto entre privados”. Capaz que tenés razón en que el tipo hizo mal el cálculo financiero. Pero al fin del día tenés un voto menos. No es muy estratégico, ¿verdad?

El índice de confianza y el piso

De todos modos, el gobierno tiene mucho tiempo por delante. Y quiero compartir el índice de confianza en el gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. El gobierno está contento porque le mejoró 6,4 de un mes al otro. Este es un índice muy escuchado por los inversores, por el Círculo Rojo y el empresariado, porque copia con bastante fidelidad los números de intención de voto. Un número que se viene tomando en cuenta. Y la verdad es que levantó bastante bien.

¿Cuál es la interpretación que hacen quienes crearon este índice? Lo que dicen es que probablemente el gobierno tuvo en su primera mitad del año una caída fuerte. Y que habría, en potencial, encontrado un piso. Por eso simplemente empezó a levantar. Creen que hasta acá es la caída y que a partir de ahora el gobierno empezaría a levantar. Está muy contento el gobierno con esto, que recordemos también lo castigó duramente los últimos meses, a pesar de que los últimos dos -uno par y uno impar- había venido mejorando.

Esto es un insumo. El gobierno sabe que tiene tiempo y apuesta a esta idea de que ya se tocó un piso. ¿Se tocó un piso?

Del otro lado, se la hacen fácil

Y quiero cerrar con lo siguiente, que tiene que ver con que del otro lado, en vez de hacérsela difícil, se la hacen fácil a Milei. Hablamos de este segundo avión de Massa. A precio de uno, usted lleva dos: dos aviones transparentes, dos aviones fantasma. Massa usó al menos dos aviones para ocultar una conducta muy habitual del candidato.

¿Qué es lo que está pasando? Que se ha hecho un poco de capitalismo de amigos: pedir un favor o recibir un favor y después pedirlo o recibirlo en una retroalimentación tóxica en donde lo que se ve es una conducta corporativa y de protección a un círculo de amigos, que además vienen ganando licitaciones y haciéndose de empresas muy importantes en conexión con los servicios. ¿Hace falta que te diga de cuáles hablo?

¿Te acordás de la mujer maravilla que usaba un avión transparente? Massa usó dos aviones transparentes porque trató de que fueran invisibles. Es decir, hay un registro de Sergio Massa de que eso no debía ser visto. Y de hecho, tanto no debía ser visto que lo colocó en un problema.

En el momento en donde el peronismo debía ser ejemplar y tener la sensibilidad y la empatía que le reclama a Milei, ¿qué está pasando? Se está dividiendo. Por eso, la apertura de las cajas. Se perdió un candidato a su revancha presidencial -porque de hecho fue un año y medio cuando ocupó el Ministerio de Economía, en los hechos presidente, quiere su revancha- y el propio Axel Kicillof está bastante contento con este daño que se le provoca a Massa con el conocimiento de este segundo avión fantasma que lo llevó a Barbados.

Lo que quiero decir con esto es: el peronismo está dividido. Sigue siendo un activo fuertísimo para Milei. Pero está en la decisión de Milei ver si puede corregir lo que tenga que corregir para tratar de traer de vuelta a este electorado que está desorientado y está en esta otra nueva emoción social que es el desencanto. Seducir nuevamente a los desencantados. Nunca enojarse con ellos. Esta sería la estrategia.

De hecho, el gobierno venía planificando bajar los decibeles, comunicar más empáticamente y que los ministros -de hecho Patricia Bullrich lo hizo, lo hizo en el Banco Central, lo hizo Caputo- bajaran el tono y reconocieran que algo no marcha, que no todo marcha acorde al plan. Esa fue la estrategia. Milei, con su personalidad, hizo lo que sabe hacer: un electrón libre. Es su propia personalidad. La estrategia política propone, el temperamento de Milei dispone. Veremos cómo sigue esta novela.

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