Maniobras zigzagueantes y una bomba de tiempo en el asfalto
La mañana del domingo se convirtió en el escenario de un grave operativo policial que evitó lo que pudo ser una catástrofe vial. Sobre la traza de la Ruta Nacional 50, efectivos de la División Seguridad Vial advirtieron la marcha errática de un automóvil blanco que realizaba maniobras altamente sospechosas y peligrosas entre el resto de los conductores. Al interceptar el vehículo y lograr que detuviera su marcha, los uniformados constataron el lamentable estado del conductor: un joven de 23 años que apenas podía mantenerse en pie.
La prueba del tubo y el descarado intento de soborno
Al momento de solicitarle la documentación del rodado, el automovilista no pudo acreditar la propiedad ni los papeles reglamentarios para circular. Ante el evidente y fuerte aliento etílico, el personal policial le realizó el test de alcoholemia, arrojando una cifra escalofriante: 2,96 gramos de alcohol en sangre, rozando el estado de coma alcohólico.
Al notificársele que su vehículo sería secuestrado de inmediato y que no podría continuar su marcha, el joven buscó una salida ilegal: extrajo un mazo de billetes y les ofreció dinero en efectivo a los policías a cambio de que “miren para otro lado” y lo dejen ir. Los efectivos rechazaron de plano la coima, le colocaron las esposas en el acto y secuestraron el automóvil.
Imputado por cohecho y alojado en la comisaría
El comisario Sandro Santos ratificó el procedimiento y ponderó el rápido y ético accionar de los uniformados intervinientes.
Por disposición de la Fiscalía Penal de turno, el joven de 23 años fue trasladado a la dependencia policial más cercana, donde quedó alojado e imputado formalmente por el delito de cohecho en concurso con la contravención por alcoholemia positiva y falta de documentación, mientras que el vehículo permaneció incautado en el canchón policial a disposición de la Justicia.



