La iniciativa buscaba adecuar el Código Ambiental a la Ley Provincial 8.340. Solo cuatro concejales apoyaron la modificación. La decisión provocó fuertes críticas de familiares de personas con TEA y proteccionistas de animales, que reclamaron mayor compromiso frente a los efectos de los estruendos.
La polémica por la pirotecnia sonora volvió a sacudir Rosario de la Frontera. El Concejo Deliberante rechazó la modificación del artículo 125 del Código Ambiental municipal, que buscaba adecuar la normativa local a la Ley Provincial 8.340, vigente en todo el territorio salteño.
La propuesta, impulsada por el interbloque integrado por el Partido Justicialista, Parte y Libres del Sur, surgió a partir de reclamos de familias de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y proteccionistas de animales, quienes solicitaron mayores medidas de protección frente a los efectos de los estruendos.
Durante la votación, solamente los concejales Cuadrado, Chaud, Calderón y López acompañaron la iniciativa. El resto no permitió alcanzar los votos necesarios para modificar el artículo.
Una ley provincial que ya está vigente
La Ley 8.340, sancionada en septiembre de 2022, prohíbe en Salta el uso, la tenencia, comercialización, fabricación, manipulación y almacenamiento de pirotecnia con efectos audibles o sonoros.
La legislación comprende bombas de estruendo, petardos, cohetes, rompeportones y fuegos artificiales sonoros. Al tratarse de una norma provincial de orden público, su aplicación alcanza también a Rosario de la Frontera.
Por lo tanto, el rechazo legislativo no elimina la prohibición provincial, aunque frustró la adecuación del Código Ambiental municipal.
Fuertes críticas de familiares y proteccionistas
La decisión generó indignación entre los sectores que habían reclamado una actualización de la normativa. Fernanda Delgado, integrante de la comunidad TEA, y Mariel Gonza, proteccionista de animales, cuestionaron duramente lo sucedido y calificaron la situación como «bochornosa».
También tomó relevancia el planteo de Julieta León, madre de un joven próximo a cumplir 18 años, quien publicó una reflexión titulada El ruido de la política. Allí cuestionó la distancia entre los discursos de inclusión y las decisiones concretas de los representantes políticos.
En su testimonio relató las dificultades que atravesó su hijo durante la infancia debido a los ruidos estridentes, especialmente los provocados por motocicletas. Además, advirtió que la contaminación sonora puede desencadenar angustia y desregulación sensorial en algunas personas autistas, además de afectar a bebés, adultos mayores y animales.
El rechazo dejó expuesta una fuerte controversia política y social en la ciudad, con un reclamo concreto de las familias y organizaciones: que la protección de las personas con hipersensibilidad auditiva y de los animales se traduzca en decisiones y políticas públicas, más allá de los discursos sobre inclusión.



