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    Milei no cambia, pero la oposición no aparece y Quintela le regala un punto al Gobierno. Por Diego Sehinkman

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    El Presidente mantiene su estilo y su plan económico pese al costo político. Mientras el consumo no despega y el ajuste sigue sin llegar al bolsillo, la falta de una alternativa opositora y las polémicas declaraciones del gobernador riojano terminan favoreciendo al oficialismo.

    Pero qué favor le hizo Ricardo Quintela de La Rioja a todo el gobierno con sus declaraciones! No se puede creer. Un espantapájaro. Pero déjenme llegar hasta ahí.

    La cosa es que Milei gana, mata o muere con sus botas puestas. Milei mata en las elecciones o muere con sus botas puestas. ¿Cuáles son sus botas? Su temperamento y sus ideas. No va a haber 20 versiones de Milei ni un Milei herbívoro.

    El temperamento manda

    Ustedes ya lo vieron. Otra vez, cuando parecía que el conflicto con Brasil empezaba a cicatrizar y que no iba a escalar, fue fuertísimo, sin medir consecuencias diplomáticas y nombrando cuatro o cinco veces la palabra ladrón contra Lula da Silva y la Justicia brasileña. Temperamento. La estrategia propone, el temperamento dispone.

    Escuchen a Milei contra Lula: “A ver, es ladrón, es ladrón, es un ladrón, es un corrupto. Fue condenado por ladrón y corrupto. Estuvo preso, con lo cual también es cierto lo de presidiario. Y no solo eso, lo liberaron por una falla administrativa”. Ahí tenés. Redobla. El que no frena en las curvas.

    ¿Hay consecuencias de esto? Por ahora, no. Está recalculando la diplomacia brasileña. La Argentina está así, agarrada para que no escale. Tienen que hacer operativos de emergencia para apagar el fuego que el Presidente atiza con sus palabras.

    La pregunta es: ¿le sirve a él como referente de la derecha internacional, como representante de Trump en la región? ¿Le sirve a él o le sirve al país? Bien, no va a cambiar.

    Sin plan platita

    Y lo otro que tiene vital importancia -y quizás más- tiene que ver con sus ideas. Él tiene un plan, lo va a ejecutar. Y si no lo votan, se va a ir a la casa. Me refiero a la economía. No va a haber plan platita, no va a haber ayudas extra, no va a tirar plata del helicóptero. Ya lo dijo.

    Básicamente, por ejemplo, la morosidad que venía siendo récord en la Argentina. Por suerte, la última medición muestra que ya se planchó, dejó de crecer. Vamos a ver que no siga creciendo el mes siguiente. ¿Hay algo para los morosos? No hay nada para los que están endeudados.

    ¿Milei flexibiliza en función de que el año que viene son las elecciones? ¿O sigue y acelera?

    Vamos a la deuda, el mal cálculo de los privados, los bancos que no tienen gimnasia de evaluación crediticia porque no venían prestando. Todo esto dice el gobierno. Del otro lado, hay un porcentaje muy significativo de argentinos que se fueron en chiquitaje teniendo que endeudarse. En la tarjeta, hay deuda y los bancos se repliegan porque no están pudiendo cobrar. Y entonces, como no cobran, no prestan. Eso genera un efecto recesivo.

    Pero fiel a sus convicciones, Milei no va a hacer nada. Hay algunas pequeñas líneas en el Banco Nación y no va a haber mucho más. Entonces, morosidad, el gobierno sigue sin una narrativa de auxilio, sigue en la suya.

    El consumo no alcanza

    Fíjense cómo también, por ejemplo, en algo sensible como es el consumo. El gobierno viene diciendo -y Milei lo dijo en últimas entrevistas- que el consumo crece. Y el consumo crece, pero si vos tenés en cuenta también el turismo que gasta en el exterior, eso se suma al consumo y otras actividades. Pero si vos hacés zoom sobre el consumo masivo, ahí hay un problema.

    Cuando vos y yo hablamos de consumo, en la historia argentina decimos que las elecciones las ganan los gobiernos cuando hay consumo, cuando hay movimiento, se refieren al consumo masivo. Mirá este dato: la Cámara Argentina de Comercio dijo que en el mes pasado, junio, con respecto a mayo, decreció el 1,6% el consumo de bienes y servicios en las familias argentinas. En el interanual, también decreció.

    Ahora, es cierto que los dos meses anteriores venía subiendo. Entonces tenés un serruchito: sube dos, baja uno, baja otro. Pero no es un serruchito al alza, ascendente en la velocidad que el gobierno pretende y que vos y yo pretendemos. Un serruchito que no te saca necesariamente campeón en las elecciones.

    Salarios: en dólares sí, en el bolsillo no

    Por ejemplo, salarios. Milei dice, y tiene razón, que estamos con los salarios más altos en dólares. Pero el costo de vida en dólares también está mucho más alto. Ganamos más en dólares, gastamos más en dólares. El poder adquisitivo está muy discutido. Los que están en el sector público vienen perdiendo. Los que están en el sector privado formal ganan dos, tres puntos y apenitas van tratando de emparejar contra la inflación.

    Es decir, ahí hay todo un paquete de evaluación económica. Y el manual de historia argentina no es este nivel de consumo masivo. La foto que suele ser la foto que hace ganar elecciones a los gobiernos -sacá Vaca Muerta, sacá energía, sacá el campo, sacá minería- en los centros urbanos, en los conglomerados urbanos, la actividad que hay ahí no necesariamente es la foto de los gobiernos que ganan.

    Pero estamos en un momento distinto del ciclo de la Argentina, donde no tenés una actividad que reluzca en el consumo masivo, pero la gente dice: tengo fresca la memoria de la prehiperinflación de Massa, de ese descalabro donde las góndolas se movían: “No seré feliz, pero tengo marido”. ¿Te acordás de esa obra de teatro? No seré feliz, pero tengo precio. Es un montón en Argentina.

    Inflación y dólar, las anclas

    ¿Será de dos la inflación cuando la den en unos días del nuevo mes? Hay un horizonte. No había nada. Hay un dólar que está planchado. ¿Qué puesta debería costar esto? Está planchado. La inflación está más o menos lo que representa en la cabeza del argentino: 1,9; 2,2; 1,2; 2,2. Para eso es una inflación dominada, en la cabeza del argentino, no en otro país.

    De manera tal que este gobierno, si bien no tiene una actividad económica de consumo masivo ganadora de otros gobiernos, tiene el recuerdo del gobierno anterior y está dominando algunas variables clave. Dólar, inflación y -escuchá esto- orden público. Se circula por las calles. Antes no se circulaba. La 9 de Julio está despejada. El gobierno se para del lado de las víctimas y no de los delincuentes. Hay tres, cuatro, cinco elementos que son ordenadores.

    El Gobierno tiene un planteo. Tiene un juego ahí. Tiene una propuesta muy insuficiente y hay mucha gente enojada todavía porque no le llega lo de la macro a la micro.

    La oposición, sin oferta

    Tanto es así que las encuestas muestran que en esta primera mitad de año el gobierno perdió apoyo, perdió validación. Básicamente por dos factores: uno, la economía, que no derrama todavía necesariamente al bolsillo en gran parte de la población; y por Adorni, que bastante tardó el gobierno en sacárselo de encima. El gobierno bajó.

    Pero ¿sabés qué es el tema? Nadie lo usufructúa. Nadie está siendo el receptáculo de ese desilusionado de Milei que quiere ir a votar otra cosa. Hay un sector de la sociedad argentina que tiene una demanda y esa demanda electoral no tiene oferta. No hay un señor en una ventanilla que diga “soy yo el candidato”, porque no hay alguien que tenga texto, no hay alguien que tenga la palabra justa, no hay alguien que represente -diría Kicillof- las nuevas músicas.

    Ese señor desencantado está enojado con Milei, pero no lo suficientemente enojado todavía para irse de casa. ¿Qué es irse de casa? Estoy podrido de él o de ella, ya sé dónde me mudo y me llevo la valijita. Todavía no hay quien albergue a ese votante del medio -no los núcleos duros fanáticos- que está enojado con Milei porque no le llega, pero que sin embargo valora y respeta que hay cierta noción de orden que no había.

    ¿Y sabés por qué? Básicamente porque el gobierno tiene dos yacimientos: Vaca Muerta, que le da los dólares, y oposición muerta, que es un capital simbólico a favor. Pero pone algo que es insuficiente: una motosierra, una herramienta para cortar y no para sembrar.

    Del otro lado lo que hay es una interna feroz que parece no resolverse, y es más, parece complicarse. Kicillof, si lo mirás de cerca, tiene un punto rojo en la frente que es un láser. Está apuntado por Máximo y por Cristina, que lo único que quieren que él diga y que salga de su boca es: “Cristina libre, indulto. Voy a apoyar su moción en la ONU”. Quieren que básicamente muestre lealtad y obediencia, y Kicillof no lo está haciendo. Pero Kicillof tampoco tiene un texto nuevo que represente las nuevas canciones.

    Entonces ahí hay una lucha interna donde hasta vos, si querés soñar, decís: ¿de verdad Cristina prefiere que gane cualquiera a que gane Kicillof? ¿Vos ponés las manos en el fuego porque Cristina a lo último va a arreglarse? ¿Vos querés arreglar con Kicillof y le va a ceder la marca kirchnerismo a alguien que es igual que ella pero que simplemente quiere liderar sin ser un nuevo Alberto Fernández? Yo no estoy seguro de que Cristina apruebe eso. Esa es la interna peronista.

    El espantapájaros

    Y para rematarla y cerrar esta cuestión, aparece un espantapájaros que parece guionado por el gobierno. ¿Qué podemos poner cuando Milei parece un loco? Putea a Lula como un loco y nadie le puede poner una mordaza. Y el guionista de la vida dice: “Voy a conseguir un loco y medio”. Y lo trae a Quintela, que te lleva a viajar a 1950 y cuando alguien decía “Milei está loco”, lo escucha Quintela y dice “este tipo está reloco”.

    Escuchá a Quintela: “…El peronismo va a revisar a la gente, el peronismo va a revisar absolutamente todo. Todo va a revisar el peronismo. Y lo que sea necesario nacionalizar, lo vamos a nacionalizar, lo que sea necesario expropiar, vamos a expropiar, vamos a recuperarlo. Digo para que no se entusiasmen con este señor que está desequilibrado”.

    Pero es una maravilla. A Quintela lo compraron. Viste cuando alguien te compra el abogado, a este lo compraron, lo compró el gobierno. A loco, loco y medio.

    Cuando parecía que el que estaba fuera de foco y fuera de eje era Milei, aparece un tipo proponiendo todo aquello que los argentinos no quieren ni olvidan. ¿Qué argentinos? No el núcleo duro kirchnerista y el peronismo histórico. Me refiero a todos esos votantes del medio desilusionados de Milei, transitorios, que están buscando a quien les abra los brazos, les dé la mano y puedan llegar a una orilla distinta.

    Y aparece Quintela activando el reflejo máximo del miedo que puede tener un argentino, que puede estar recaliente con Milei porque todavía la macro no se transforma en micro, pero que no quiere volver ahí, a un Congreso aplaudiendo y celebrando nuevas estatizaciones delirantes que le cuestan a la Argentina tantos años de decadencia, en una Argentina que desde 2011 no crece y que tiene una tasa de inversión de las más bajas de la región. Quintela aparece como un espantapájaros, abre sus brazos y espanta a cualquiera que sueñe con poner un mango en la República Argentina.

    Punto involuntario para Milei. En el medio de las vociferaciones extralimitadas aparece alguien que pone el ancho de espada de los locos y dice “yo lo llevo con el peronismo de vuelta a 1950”, y el que le tenía miedo a Milei pone en la balanza, en los platillos, dos miedos y se queda con Milei. Ahí sí que no vuelvo.

    Pero ojo que no está terminado esto, falta mucho para las elecciones y crisis es oportunidad y oportunidad a veces es crisis. El gobierno tiene una oportunidad porque está completamente desarmada la oposición. Vaca Muerta, oposición muerta.

    Pero hay un elemento que es fuerte que tiene que ver con el ajuste. ¿Cuál es la diferencia? Lo dijimos muchas veces, entre el remedio y el veneno. La dosis. El gobierno está aplicando un remedio para curar la macro enferma. Ojo con la dosis, que no se transforme en veneno. Porque si la dosis es alta y la recesión se profundiza en estos sectores que todavía no ven las virtudes de este nuevo ciclo y transformación, el veneno hace que la gente vote incluso lo que jamás votaría.