Atendido nuevamente por su dueña. Por Ricardo Roa

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    Cristina mostró esta semana que es la que manda en el Gobierno. Massa devaluado y la alianza con Schiaretti.

    Esta que termina fue la semana de Cristina. Quedó más claro que nunca: es la que manda en el Gobierno y la que le impone al Gobierno la agenda y el modo de manejar la agenda. Le ordenó a Massa romper en Diputados los puentes con la oposición y en el Senado despejó el camino para sacar de la cancha a tres jueces clave en causas de corrupción que la comprometen.

    A medida que Cristina aumenta su poder y es evidente que lo aumenta, aumenta la necesidad de Alberto Fernández de mostrar que no está perdiendo poder y que él es el que manda. El problema es que le está costando cada vez más mostrar que él es el que manda. Está a la vista también que Cristina se mete en los temas que le interesan y le escapa a los que pueden acarrearle costos aunque sean los que más le preocupan a la gente: la crisis económica, la inseguridad, la toma de tierras o las complicaciones de una cuarentena de nunca acabar.

    Al primer amague de un acercamiento de Fernández con los empresarios, lo bombardeó y agregó otro conflicto con la estatización de Vicentin que Fernández insistía en que había sido su idea sin convencer a nadie. Al final tuvo que meter la marcha atrás en algo que no había sido idea suya. Auspiciados por Máximo Kirchner le cayeron los Moyano y el abrazo con los Moyano, que devaluó su relación con la CGT. Más puentes rotos o rompiéndose fueron el DNU que interviene las comunicaciones y el que lo unía a Rodríguez Larreta.

    Desde que Cristina atacó a Larreta, Fernández ya no puede decirle amigo.

    – ¿Sigue siendo su amigo?, le preguntaron Bonelli y Alfano. Respuesta de Fernández:

    – Yo le tengo mucho afecto, no pensamos igual, pensamos muy distinto, está claro que no somos lo mismo. La pregunta no había sido si pensaban lo mismo sino si seguían siendo amigos. Y la respuesta cantada: nada que enojara a Cristina.

    Con escándalo, Cristina volteó un principio de acuerdo de Massa con la oposición para sesionar. Ganó el absurdo de considerar presentes a los que estaban en línea y ausentes a los que estaban en el recinto. Para ser quien es, Cristina necesita mantener el conflicto y sacar las cosas a como sea. Al Gobierno no le alcanzan los votos aunque sume, a los propios, los ocho del bloque del mendocino Ramón y seis del bloque lavagnista. Ahí la llave la tiene el gobernador Schiaretti, que en Córdoba vocifera contra Cristina y en la Cámara la acompaña en silencio. Con esos votos, el cristinismo logró sacar la moratoria especial para Cristóbal López y la ampliación del presupuesto con el artículo que dolarizó títulos en pesos de los fondos Templeton y Pimco. Schiaretti dice que no votará la reforma judicial. Se verá cuando llegue el momento.

    También se verá cómo cae en la gente la compra-venta de votos. Dice ahora Fernández: “No veo la hora que la pandemia se termine porque ese día vamos a salir a la calle y va a haber un banderazo de los argentinos de bien”. A Fernández todavía le están doliendo los banderazos de los argentinos de mal.

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