Cepo sobre cepo. Por Sergio Berensztein

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    Al margen del malestar social y los eventuales efectos judiciales, la medida pone de manifiesto algo mucho más profundo: los parches y cepos en la Argentina se están tornando cada vez más estrafalarios.

    La medida dispuesta por el BCRA prohibiendo la venta en cuotas de pasajes, paquetes y estadías en el exterior traerá muchos problemas a los argentinos.

    El jueves por la tarde se conoció la noticia de que el Banco Central impedirá el pago en cuotas de viajes al exterior, hoteles y demás servicios turísticos. La medida generó un fuerte malestar en parte de la clase media, aunque los sectores que cuentan con recursos para seguir viajando al exterior son cada vez menos. Al ser consultada, la portavoz de la Presidencia, Gabriela Cerruti, aseguró que “vamos a poder seguir viajando y va a haber diferentes maneras de hacerlo. Algunos, pagando el viaje en una cuota, otros financiando su tarjeta de otra manera y otros esperarán unos meses”.

    ¿Conoce Cerruti cuál es la tasa de financiación que ofrecen las tarjetas de crédito? Está claro que, con esta medida, la porción de la población que puede viajar al exterior se reducirá aún más. Un dato adicional no menor: la decisión afecta a los sectores de ingresos medios y medios altos que en su mayoría son votantes de Juntos por el Cambio. ¿Esto también lo habrá tenido en cuenta el Gobierno?

    La medida podría tener incluso consecuencias judiciales: ayer mismo algunos dirigentes de Republicanos Unidos (como Yamil Santoro) presentaron una denuncia penal contra las autoridades del Banco Central por los delitos de “incumplimiento de deberes de funcionario público” y “abuso de autoridad”, la cual quedó radicada en los tribunales de Comodoro Py.

    Al margen del malestar social y los eventuales efectos judiciales, la medida pone de manifiesto algo mucho más profundo: los parches y cepos en la Argentina se están tornando cada vez más estrafalarios. Alguno podrá decir que ya no saben que más inventar, pero el ingenio de los artífices de la política económica parece no tener límites. La medida sorprendió a la propia Aerolíneas Argentinas, que promocionaba viajes a Estados Unidos en 12 cuotas sin interés como parte del Black Friday justo en el momento en el que el Banco Central lo estaba prohibiendo.

    Es un secreto a voces que la decisión del Banco Central se debe a que las reservas internacionales están entrando en una situación crítica. Nuevamente, Cerruti intentó tapar el sol con la mano e increíblemente sostuvo que las reservas “están robustas”. Sin embargo, la medida adoptada habla por sí sola.

    Mientras tanto, seguimos sin conocer absolutamente nada del plan plurianual que, en teoría, Alberto Fernández enviará al Congreso en unos días. El Gobierno continúa a la deriva, eludiendo los problemas de fondo de la economía y acumulando nuevos parches que nada solucionan. La crisis de confianza y las inconsistencias macroeconómicas no se solucionarán limitando la compra en cuotas de hoteles y pasajes aéreos.

    Si esta fuese una medida para ganar tiempo, hasta poner en acción un plan realmente consistente, la medida podría comprenderse. Sin embargo, la gestión del Frente de Todos nunca termina por ofrecer una salida superadora. En este marco, medidas como estas, lejos de ser positivas, terminan aumentando la incertidumbre y retroalimentando el pánico, que se pone de manifiesto todos los días con la brecha cambiaria por encima del 100%.

    Por eso, al examinar los costos y beneficios, la decisión del Central se vuelve aún más cuestionable: parece poco probable que Argentina vaya a ahorrarse una cantidad significativa de dólares (más aún si como dijo Cerruti “vamos a seguir viajando”), pero las señales de falta de rumbo sí quedan en evidencia.

    La portavoz de la Presidencia aclaró también que la restricción al financiamiento de los viajes es “temporal”. En Argentina sabemos bien que lo temporal muchas veces (probablemente la mayoría de las veces) se vuelve permanente. Con la gestión del Frente de Todos hasta ahora viene sucediendo lo contrario: cada nuevo parche se fue colocando sobre los anteriores. ¿Por qué esta vez sería distinto? La dinámica que el Gobierno muestra es la de ir acumulando restricciones, no la de ir levantándolas.

    Sobre el dólar que los turistas gastan en el exterior pesan dos gravámenes: el Impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria (PAÍS) del 30%, adoptado en diciembre de 2019; y el adelanto del Impuesto a las Ganancias del 35%, adoptado en septiembre de 2020; ya que el primero no fue suficiente. Ambos nacieron en el marco de la emergencia, económica primero, y de la pandemia después, pero parecen haber llegado para quedarse.

    Sin embargo, aún con estos recargos, el dólar que el turista gasta en el extranjero con su tarjeta de crédito cuesta hoy aproximadamente $175, bastante por debajo de lo que marcan las cotizaciones financieras y el dólar blue. Esto también es parte de la irracionalidad del actual sistema.

    Supongamos que esta vez es distinto, y que el Gobierno realmente tiene la intención de levantar esta restricción puntual para la compra de pasajes en cuotas. Vale entonces preguntarse qué está haciendo para encontrar soluciones de fondo. Por más que haya voluntad de acordar con el FMI, la administración del presidente Alberto Fernández procrastina la adopción de decisiones clave y esconde la hoja de ruta, moviéndose como si tuviera un margen de maniobra que no tiene.

    Si el acuerdo con el FMI no está acompañado de un plan serio y consistente, que además se cumpla de manera estricta, entonces el clima de pesimismo no cambiará: los dólares seguirán sin aparecer, la tensión cambiaria no cesará y, por lo tanto, los pasajes en cuotas probablemente no regresen.

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