Elecciones 2023: ¿Por qué se acelera la dinámica electoral? Por Sergio Berensztein

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    La competencia por el poder reemplaza al ejercicio del poder y pone en funcionamiento una maquinaria que involucra a un gran número de actores. Además, es un negocio.

    De forma anticipada, a pesar de que faltan catorce meses para las PASO presidenciales y dieciséis para la primera vuelta, Argentina comienza a hablar del escenario electoral. Lo paradójico es que estamos más cerca de las elecciones que pasaron (noviembre 2021) que de las que vendrán, y aun así ya se especula sobre la próxima contienda.

    Debería ser este un año enfocado en la gestión y en el debate respecto a las políticas públicas y cursos de acción. De hecho, hay una multiplicidad de temas para resolver, que deberían estar en el centro de la discusión política. Pero entonces, ¿por qué estamos debatiendo internas, candidatos, alianzas…? ¿Por qué se adelanta tanto este proceso, cuando las principales preocupaciones de los argentinos son otras?

    Es cierto que hay provincias que adelantarán su calendario electoral, en algunos casos porque las constituciones provinciales exigen el desdoblamiento y en otros por mera especulación política, ya que los gobernadores ven con cierto temor un arrastre negativo del gobierno nacional. Pero esto no es suficiente para explicar por qué a nivel nacional los temas que predominan en el debate público están vinculados a las internas de las coaliciones y las elecciones.

    La principal causa es a la vez la más lamentable: en Argentina la gestión de gobierno es tan deficiente que es mejor apuntar para otro lado. Las fuerzas políticas compiten para llegar al poder, a veces conforman gobiernos más o menos razonables a nivel subnacional, pero cuando tienen responsabilidades de mayor envergadura fracasan de forma recurrente (y no solo por problemas presupuestarios o deudas heredadas).

    Los problemas de gestión son tan significativos que las internas y otros asuntos específicamente electorales funcionan muchas veces como escapismo. Como hay poco para decir en lo que refiere a los logros de la política pública, entonces de lo que se termina hablando es de poder. Por eso Alberto Fernández comenzó a hablar de su reelección cuando ni siquiera logró resolver los problemas para lo cual fue elegido para un primer mandato: inflación, pérdida del poder adquisitivo y estancamiento. De hecho, estas cuestiones se agravaron en los últimos años.

    Hay una segunda causa: la oposición y las facciones internas dentro de la coalición oficialista, percibiendo los arduos problemas que tiene el gobierno, buscan organizarse para competir, más que cooperar con la gestión o preocuparse por esta.

    Precisamente la acumulación de fracasos es un incentivo para que los distintos segmentos que pertenecen al Frente de Todos salgan a diferenciarse e insinúan que en 2023 presentarían candidatos propios, porque los funcionarios actuales no representan sus ideas, a pesar de pertenecer a la misma fuerza política.

    A su vez, en la oposición, la debilidad del Frente de Todos y el triunfo contundente alcanzado en noviembre estimula la aparición de candidatos: todos se relamen y quieren anotarse para competir porque el premio mayor parece estar cada vez más cerca. Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Facundo Manes, Alfredo Cornejo, Miguel Ángel Pichetto y Javier Milei por las dudas se anotan o envían señales en tal dirección. En este marco, las discusiones tanto a nivel nacional como provincial y municipal se adelantan.

    Y hay un tercer punto: la dinámica electoral es un negocio. Se reúne dinero para hacer campaña, se organizan eventos, se realizan viajes, se confeccionan encuestas. Todo esto activa y pone en funcionamiento una maquinaria que involucra a un gran número de actores de la más diversa índole. No es un fenómeno exclusivo de la Argentina, aunque acá parece haber alcanzado una escala mayor, en gran parte por factores institucionales. De hecho, los desdoblamientos y el mecanismo de las PASO extienden el tiempo electoral en algunos territorios de forma excesiva.

    Todos estos elementos ponen de manifiesto que el sesgo de la política actual está en la competencia por el poder y no en su ejercicio. En 2023 se cumplirán 40 años desde el regreso a la democracia. Será un tiempo valioso para realizar un balance de los logros y también de los fracasos. La visión optimista que Raúl Alfonsín tenía acerca de las urnas (“con la democracia se come, se cura y se educa”) está puesta en discusión luego de cuatro décadas de vaivenes y una última de completa frustración. Los problemas de los argentinos no se solucionan simplemente con elecciones, sino con buena gestión. Lo primero abunda, lo segunda escasea.

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