La candidatura de Javier Milei navega entre aciertos, errores, encuestas y un lanzamiento prematuro. Por Por Diego Dillenberger

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    Es el único candidato presidencial confirmado de la Argentina. Pero según los datos de las últimas encuestas y los análisis de los expertos en comunicación, ya estaría dando señales de agotamiento.

    Un año antes de la elección, Gabriel Boric no estaba ni en el radar de los medios de Chile. Pedro Castillo era un desconocido meses antes de las elecciones que ganó en Perú. Los dos fueron “candidatos sorpresa” en sus países y tienen en común que llegaron al poder como totales “outsiders” de la política. Metieron un pique sobre los metros finales de la carrera y ganaron.

    ¿Qué tiene en común con los presidentes “sorpresa” de Chile y Perú el economista Javier Milei? Más allá de que tanto el chileno como el peruano representan ideas de izquierda, y Milei es abanderado del liberalismo a ultranza, el economista despeinado se está diferenciando porque podría haber empezado la carrera demasiado pronto: hoy es el único candidato presidencial confirmado de la Argentina, y faltando más de un año para las elecciones, según los datos de las últimas encuestas y los análisis de los expertos en comunicación, ya estaría dando señales de agotamiento.

    El chileno y el peruano, que hoy sufren sendos derrumbes de imagen y aprobación en sus países, aparecieron tan a último momento que no tuvieron ni tiempo de equivocarse y opacar su valiosa “imagen de novedad”. Así llegaron intactos a sus respectivas segundas vueltas.

    La última encuesta de Zuban Córdoba hizo encender la luz amarilla en el bunker del líder de La Libertad Avanza: mantendría su importante intención de voto a presidente cercana al 20 por ciento, pero su imagen se desplomó: en mayo llegó a liderar la tabla con envidiables 48 por ciento de imagen positiva contra 40 de negativa. Pero en junio, las curvas se le dieron vuelta completamente, a más de 51 de negativa contra 41 de positiva.

    Venía con un notable envión comiéndoles intención de voto a los opositores de Juntos por el Cambio y parecía cada vez más probable que podría llegar a tener la misma fortuna que sus vecinos de Chile y Perú: llegar a un muy probable balotaje con el peronismo o la oposición de Juntos por el Cambio.

    Pero muchos analistas están viendo que podría haber llegado a una suerte de techo. ¿Qué pasó para que el fenómeno político de Milei diera una verdadera vuelta de campana en imagen en apenas 30 días? En mayo, parafraseando al expresidente Mauricio Macri, “pasaron cosas”:

    Les inició demandas judiciales a cinco periodistas de diversas tendencias políticas aduciendo sentirse afectado en su honor.

    El mismo día de la masacre de Uvalde, Texas, en la que mataron a 20 chicos de primaria, propuso para la Argentina la libre portación de armas. En los días posteriores se produjeron dos masacres más en Estados Unidos.

    Dijo que si llegaba al gobierno en la Argentina habría un mercado libre de compra-venta de órganos humanos.

    Prometió que cerraría el Ministerio de Educación sin explicar claramente qué piensa hacer con la educación

    Después de ser mediáticamente muy efectivo con sus shows de sorteo de su dieta para demostrar que él no tiene nada que ver con la “casta política”, no tuvo un mensaje claro para explicar cuando lo chicanearon por usar pasajes del Congreso para volar a actos proselitistas. Se comportó como cualquier integrante común y corriente de “la casta política”.

    Una encuesta a profesionales de comunicación de la revista especializada Imagen indica que más del 70 por ciento de los expertos del mercado argentino jamás le hubiesen aconsejado demandar a periodistas por criticar algunas de sus posturas con el adjetivo de nazi: “está en su derecho, pero no le queda bien a un liberal tirarse contra la libertad de prensa”, era la síntesis de muchos relacionistas públicos argentinos sobre la medida tan extrema del economista libertario en ese sondeo.

    El 60 por ciento de los expertos juzgó totalmente inoportuno salir con la propuesta de libre portación de armas para la Argentina justo el día de la masacre de Texas, en lugar de presentar un programa para combatir al crimen.

    A estos errores, se le suma el hecho de que al economista casi no se le conoce equipo: ¿quiénes podrían ser sus ministros, con qué aliados cuenta en el interior para disputar las gobernaciones? Ni siquiera sabemos a quiénes podría elegir el economista como potenciales ministros de Economía, si llega a ser presidente. Un candidato a presidente tiene que mostrar equipos para transmitir que está en condiciones de dirigir un país.

    Su éxito se basó en explicar muy claramente y con mucha didáctica los lineamientos básicos de un plan económico con reformas estructurales, como la oposición todavía no supo hasta ahora ni esbozar.

    Fue también un éxito su discurso contra “la casta política” por el enorme gasto público del que se benefician los políticos a costa de un país con cada vez más inflación y más pobreza. Y muchos se sienten atraídos por su histrionismo y su iracundia. Milei sigue siendo muy atractivo para los jóvenes de menos de 30 años, que son los más decepcionados con el fracaso de la Argentina y los que primero están pensando en emigrar.

    Milei es todo un “rockstar”, pero las encuestas están mostrando que si quiere dar la sorpresa, como Boric y Castillo, largó la carrera demasiado pronto como para no dar respuestas a tantos interrogantes.

    En sus equipos de campaña, dirigidos por su hermana, Karina, apodada “el jefe”, hoy se están lamentando de haber arrancado tan temprano. Milei se sintió obligado a oficializar su candidatura prematuramente cuando, a principios de año, la política argentina se sorprendió con una ruptura del Frente de Todos gobernante que lucía terminal.

    Más de un analista pensaba a principios de año que esa guerra interna del oficialismo iba a llevar inexorablemente a elecciones anticipadas este mismo año.

    Hoy el consenso de los expertos que leen las hojas de té de la política es que el gobierno llegaría a 2023, aunque en una lenta y constante agonía: para Milei son muchos meses para cometer errores de comunicación y estropear su halo de “candidato sorpresa”.

    El incentivo para encarrilar su campaña no es menor

    Según la encuesta de Zuban, Córdoba, el 30 por ciento del electorado prefiere que siga el peronismo y el 31 por ciento que a partir del 23 gobierne la oposición de Juntos por el Cambio. Pero el 34,3 por ciento elegiría “un partido político nuevo”: punto para Milei.

    Y ante la pregunta de si los votantes para resolver el problema económico prefieren que el próximo gobierno tome medidas “gradualistas” o “de shock”, gana con casi 59 por ciento el shock: otro punto para un Milei.

    El cambio radical que se produjo en la opinión pública argentina le deja a Milei la mesa servida. De hecho es casi como que él mismo hubiera tendido el mantel y colocado los cubiertos.

    Pero para aprovechar ese potencial y poder sentarse a comer, cerca de Milei ya se dieron cuenta de que necesitan con urgencia contratar a una consultora de comunicación. Una suerte de “Durán Barba” que ayude al economista lilbertario a no espantar más a sus potenciales votantes moderados decepcionados con la política tradicional.

    Pero para eso hacen falta fondos. Uno de sus asesores que se dedica a ayudarlo en el armado político y el “fund raising” explica: “faltando más de un año para las elecciones, es difícil conseguir que los empresarios abran sus billeteras”.

    ¿No habrá sido un tanto prematuro el show de sortear su dieta todos los meses?

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