El avión del escándalo: el símbolo de la falta de funcionamiento del Estado argentino. Por Carlos Pagni

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    El caso permitió ver varias anomalías. Todavía no sabemos si tenemos un problema de seguridad, pero Alberto Fernández tiene un problema diplomático con sus viejos y nuevos amigos.

    En medicina, hay métodos de diagnóstico que suponen la aplicación de líquidos de contraste. Es decir, se aplica un líquido sobre un órgano, un sistema, que permite después determinar cuáles son las anomalías, las imperfecciones, los problemas. Este tema del avión iraní-venezolano que aterriza en Córdoba y es detenido después en Ezeiza es una especie de líquido de contraste que nos permite ver el funcionamiento, o mejor dicho, la falta de funcionamiento del Estado argentino en muchas de sus dimensiones.

    Primero, llegó sin que se entere nadie a Córdoba. Las primeras noticias sobre la existencia de este vuelo llegaron desde la prensa paraguaya. Ya en Uruguay, el ministro de Defensa le negó el tránsito por el espacio aéreo uruguayo. Recordemos que es un avión que transporta a 14 venezolanos y cinco iraníes, uno de los cuales está militando en una organización que para los Estados Unidos es terrorista.

    Primera anomalía: no hay señales de alarma, sino muy tardías, cuando ya el avión está en Ezeiza. Había estado en Córdoba y nadie se había enterado de los que tienen que enterarse, que son las autoridades del Estado, el aparato de seguridad del Estado. Si no era por la niebla que lo obligó a llegar a Ezeiza, pasaba inadvertido este avión iraní-venezolano.

    Segunda rareza: interviene la Justicia y le cae como un regalo del cielo este avión y este caso al juez federal Federico Villena, un juez sumamente controvertido, con una historia cargada de irregularidades, tan cargada de irregularidades que es acusado simultáneamente por kirchneristas y macristas porque sirvió a ambos en contra del otro grupo. Sirvió a los kirchneristas en contra del macrismo y sirvió a los macristas en contra del kirchnerismo, según cual fuera el momento de su carrera. Con una mochila de acusaciones en el Consejo de la Magistratura, se aferra a este caso a ver si puede sobrevivir.

    ¿Qué transportaba el avión? Transportaba autopartes contratadas por una intermediaria que compra autopartes en México para venderle a Volkswagen en la Argentina. Supuestamente, hay un régimen de protección para la industria automotriz porque los autos se hacen con autopartes argentinas. Ahora nos enteramos de que no, de que esas autopartes son importadas. Y cómo no lo van a ser si con el dólar oficial tan atrasado, casi regalado, es más negocio importar que producir. Y el importador se ahorra unos dólares contratando con una aerolínea prácticamente clandestina, que hay muchos países donde no la dejan sobrevolar, justamente, por las sospechas de estados opacos, como el estado venezolano y el iraní.

    En el caso del Gobierno, todavía más problemas. No sabemos todavía si tenemos un problema de seguridad -lo determinará la Justicia-, pero seguramente Alberto Fernández está ante un problema diplomático, quedando mal con todos sus amigos, con los viejos y con los nuevos.

    Queda mal con los nuevos. Hay que recordar que el primer viaje oficial de Fernández fue a Israel, enemigo acérrimo de Irán. Acaba de llegar de Estados Unidos, que es el país que tiene señalada a esta aerolínea. Pero además queda mal con los venezolanos y los iraníes que ahora están retenidos acá, que son también sus amigos. Además, hay que recordar algo que sucedió este fin de semana: Alberto Fernández fue el vocero de Venezuela en la Cumbre de las Américas, y Nicolás Maduro le agradeció los servicios prestados desde Teherán, la capital de Irán, de donde procede enmascarado el avión venezolano, este avión.

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