Más que una mesa, una cama. Por Mónica Gutiérrez

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    El kirchnerismo se salió con la suya. Le marcó la cancha a Alberto Fernández. No hubo foto de familia porque no hay familia alguna, ni ensamblada, ni nada.

    Primera reunión de la Mesa Nacional del Frente de Todos

    La mesa está servida Los comensales ingresaron cuchillo y tenedor en mano. Todos queriendo echar bocado, quedarse con un pedazo de la torta. Nadie quiere quedarse afuera del banquete. Tienen hambre. Es la mesa del hambre de poder. Ocurre que, esta vez, el pastel en cuestión es pequeño y amargo.

    Las migajas de una Argentina devastada por políticas públicas populistas y prebendarias que fueron hundiendo a los de más abajo en el infierno de la indigencia y las clases medias y medias bajas en las arenas movedizas de la pobreza, están ahora en juego.

    La vocera presidencial siempre suelta de lengua y floja de pudor dijo este jueves que el objetivo de la mesa en cuestión es fijar estrategias electorales para evitar que vuelva “la derecha”. Para la ramplona arrogancia oficialista, la derecha es todo lo que no se les subordina.

    Nada dice la inefable portavoz del 100% de inflación, de los chicos que se quedan en dos comidas diarias, de los que tiene trabajo en blanco y son pobres, de los que no comen un asado desde quién sabe cuando. Menos aún de los jubilados que no llegan ni a los alimentos básicos.

    La prioridad hoy está en otro lado. Se trata de no perder la manija, de mantenerse en el poder, de seguir perteneciendo al colectivo de los que viven del Estado. O lo que no se dice, que fuera del sufrimiento y la postergación de las mayorías hay tesoros ocultos debajo de la tierra, hay todavía mucho negocio por desenterrar, hay mucho territorio por repartir. De eso también se trata.

    Las inocultables diferencias de empantanan a la coalición gobernante no lograron atenuarse en la primera juntada en la Mesa de la Discordia. “Nadie se guardó nada, hubo planteos fuertes”, dijo Andrés “Cuervo” Larroque.

    Siempre crudo, el hombre fuerte de La Cámpora, fue al hueso. Opinó que sería inconveniente que Alberto Fernández se someta a unas PASO y que le pedirán a Cristina que sea candidata.

    Wado de Pedro y Máximo Kirchner

    El tema de la “proscripción” de CFK fue central. El kirchnerismo quiere sellar a cal y canto la idea de la persecución judicial a CFK con el objetivo de sacarla definitivamente de la cancha. Sin Cristina en escena, la realidad se los lleva puestos a todos.

    La cartelería que tapizó el ingreso del Presidente a la calle Matheu, fue un mensaje claro para Alberto Fernández y para todo aquel al que le quepa el sayo: ”Proscripción, un carajo, Cristina 2023″.

    El dramático renunciamiento que escenificó la Vice, apenas después de conocerse el fallo que la condenó, podría reconsiderarse.

    Exultante y, cuando nadie lo esperaba, llegó Máximo Kirchner. Lo hizo acompañado de “Wado” De Pedro. El manduque incluyó un catering cumpleañero. Pero el clima no dió para el cumpleaños feliz. La sorpresiva presencia del Máximo en una fecha tan sentida, reforzó la idea de la centralidad Cristinista. La llama del operativo clamor quedó encendida.

    El kirchnerismo se salió con la suya. Le marcó la cancha a Alberto Fernández. El sueño-relato de ir por la reelección deviene abstracto de aquí en más. Cayó en la trampa que le tendieron. Le pusieron la mesa para hacerle saber que no está en los planes 2023. Lo dejaron sin el pan y sin la torta. Más que una mesa, una cama.

    No hubo foto de familia porque no hay familia alguna, ni ensamblada, ni nada.

    Se emitió un comunicado cuyo título resume lo que el encuentro buscó y dejó: “Democracia sin proscripciones. Unidad para transformar”. Lo de la “unidad ” no es más que un formalismo. El documento que, midiendo cada letra, se presentó al termino de este primer encuentro, sella la cuestión central que impulsa la mesa: la reivindicación de Cristina y su candidatura.

    La Mesa puso en marcha la operación final contra Alberto Fernández. El presidente se aferró a la idea de presentarse y competir en las PASO pero es probable que ya sepa que, se presente o no CFK, está idea entró en proceso de demolición.

    Se lo hicieron saber sin vueltas y en la cara. Lo seguirán desgastando con la misma fruición con la que lo vienen ninguneando desde el 2019. Para eso fogonearon la convocatoria y lo lograron. Está en marcha el plan fríamente calculado: neutralizar a Alberto Fernández, sacarselo de encima.

    Mucho más allá de las irreconciliables diferencias, en algo todos coinciden. El 2023 electoral los encontrará “unidos o derrotados”. Por unidos se entiende que nadie saque los pies del plato, claro. De eso se trata.

    Una sensación parecida empieza a ganar a la coalición opositora. Hasta aquí convencidos de que estaban “condenados al éxito electoral”, ahora empieza a alcanzarlos una duda existencial.

    El escenario de polarización extrema con el que la política viene dominando el escenario político desde hace una década empezó a resquebrajarse. La aparición de Milei mete un elemento inquietante en la certeza triunfalista que anima a los cambiemitas a jugar con fuego.

    Los que celebraron gozosos la llegada del libertario, ponderando su vigor a la hora de instalar el discurso del liberalismo económico, empiezan a darse cuenta que el magnetismo electoral del hombre de La Libertad Avanza no reside en sus ideas económicas sino en su furiosa diatriba anti política. O sea, en su ADN anarquista. Javier Milei arrasa entre los más jóvenes del conurbano. Su target va de los 16 a los 25 años. No es con teorías económicas que los seduce.

    Javier Milei

    “El voto de Milei no es ideológico, es voto bronca”, asegura en tono de advertencia un referente excluyente del PRO. “Si Milei desaparece de la escena lo suyo va al voto en blanco o a la extrema izquierda”, agrega.

    La preocupación por el avance del economista se vive en las dos puntas del espectro político. Roba votos por izquierda y por derecha. Le saca a Juntos por el Cambio pero también al Frente de Todos.

    A la hora de las mediciones, Patricia Bullrich aparece mejor posicionada que Mauricio Macri. El ex presidente tiene en la Provincia una imágen negativa muy fuerte, pero los suyos confían en que llegado a un balotaje se impondría con comodidad.

    La Provincia preocupa a los opositores, en este territorio también la necesidad de marchar unidos es apremiante. Con Kicillof compitiendo contra todos los candidatos de Juntos alineados estarían en un empate técnico. Un escenario en extremo peligroso considerando que en la Provincia no hay balotaje. Quién se impone por un voto se queda con la Gobernación.

    En la Ciudad también todo está enredado. Horacio Rodríguez Larreta tiene un acuerdo con Martín Lousteau que Macri resiste. “Nosotros no podemos entregar la Ciudad”, es la consigna PRO. Jorge Macri no se piensa bajar de esa batalla.

    María Eugenia Vidal, en el mientras tanto, flota. Hace la plancha recorriendo el país. No está en la cabeza de la gente de la Provincia, ni ella aspira a ir por la Ciudad. Se prepara para, llegado el caso, ir por la Presidencia. Ella es demasiado joven, tiene tiempo por delante, puede esperar.

    La indefinición de Macri complica el armado de la coalición opositora. Hay quienes confían en que en el caso de que el ex presidente decida jugar, todo se ordenará inmediatamente tras su candidatura. Puede que no sea más que una expresión de deseo de los que lo s quieren bien y sueñan de vuelta en la Rosada. Por el momento, ni Horacio Rodríguez Larreta ni Patricia Bullrich manifiestan intención alguna de bajarse.

    “La incertidumbre no es buena para nadie”, asegura un dirigente con llegada directa a Mauricio Macri. No solo porque no permite la consolidación de un liderazgo sino porque también genera mucho problema en el armado de las listas distritales.

    También entre los opositores la unidad es apremiante. Hay diferencias fuertes entre los distintos candidatos y esto confunde a la gente. La situación no debería prolongarse por mucho más tiempo. Estirar las definiciones desdibuja, desgasta a los que están en carrera.

    La inflación galopa y pone en jaque el proyecto de poder de Sergio Massa. Las tensiones políticas al interior del oficialismo le hacen la vida muy complicada al ministro de Economía. No está pudiendo imponer cambios. Sin control sobre la inflación no hay futuro para una eventual candidatura.

    La profundidad de la crisis demanda liderazgos fuertes para una remontada. Por el momento no se vislumbra ninguna certeza en el horizonte.

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