Bolsas de consorcio, ropa sucia y cuatro días sin ver una gota de agua.
Esa era toda la pertenencia y el dolor que arrastraba Zulma Lobato a mediados de agosto. Desorientada, vulnerada y arrinconada contra el frío hormigón de la vereda del Hospital San Martín, en Paraná, la mediática de 67 años tocó el fondo más amargo de la marginación. No había reflectores ni aplausos: solo el silencio impiadoso de la calle y una maraña de medicamentos guardados entre bolsas de plástico.
El personal de Desarrollo Humano del municipio la encontró a la deriva, sin que pudiera articular palabra para explicar cómo el destino la había arrojado a cientos de kilómetros de su casa.
El faro en las sierras
Cuando el desamparo amenazaba con devorarla por completo, una mano tendida desde la provincia de Buenos Aires cambió el rumbo de la tragedia. Jair Hourcade, conocida en las redes sociales como La Pepona, decidió intervenir en la crisis y asumir la tutela y el cuidado de la artista.
El traslado hacia Tandil marcó el cierre de semanas angustiantes y el inicio de un refugio inesperado: Lobato fue alojada en una residencia para adultos mayores que gestiona la propia influencer en la ciudad serrana.
Tras días de abandono, las primeras imágenes la mostraron paseando por el centro tandilense y compartiendo una cena reparadora.
“Estamos muy bien. Muchas gracias”, transmitió Hourcade en las últimas horas mediante un audio grabado en pleno centro, con Zulma a su lado confirmando el vuelco de su destino con una frase tajante: “Es hermoso”.
El último acto

Zulma Lobato en cuando fue hallada en situación de calle en Paraná
Acostumbrada a los escándalos y al encandilamiento de las cámaras de televisión, la vida de Zulma Lobato vuelve a escribirse lejos del morbo capitalino. En la tranquilidad de Tandil, la mediática busca dejar atrás el fantasma de la indigencia para empezar a transitar, al fin, un capítulo de paz.



