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Después de la cirugía, es importante no someter al papa León XIV a exigencias que pueden esperar. Por Nelson Castro

El diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar obliga a priorizar la recuperación del sumo pontífice y a evaluar los riesgos de una visita de diez días a Uruguay, Argentina y Perú.

El diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar confirmado tras la operación a la que fue sometido el papa León XIV obliga a poner su salud en el centro de cualquier decisión.

La noticia tiene un aspecto alentador: se trata de una lesión muy pequeña, de apenas tres milímetros, que fue extirpada durante una operación que se desarrolló sin complicaciones.

Sin embargo, que las perspectivas de recuperación sean favorables no significa que se pueda minimizar la gravedad del diagnóstico ni pasar por alto los cuidados que requiere un paciente en estas condiciones.

Estamos frente a un tumor maligno. No es un dato menor. La detección de una lesión de estas características, en una persona que no tenía antecedentes conocidos de esta enfermedad, modifica necesariamente su situación médica.

Ahora será fundamental completar el estudio de la pieza extirpada, determinar si existe algún compromiso más allá de la zona intervenida y establecer el seguimiento oncológico correspondiente. La expectativa es buena, pero todavía hay pasos que deben cumplirse.

La exigencia de una agenda intensa

Hay una cuestión que debe quedar clara: la posibilidad de una recuperación favorable no habilita a someter al paciente a exigencias que pueden esperar. Y aquí aparece el punto central de la discusión: el viaje que el Papa tiene previsto realizar a Uruguay, Argentina y Perú.

Si yo fuera el médico de una persona que acaba de ser operada por un tumor maligno de pulmón, no le recomendaría emprender un viaje de estas características sin que antes se haya completado la recuperación y exista una evaluación médica que lo autorice.

Mucho menos si se trata de una visita de casi dos semanas, con una agenda intensa, encuentros permanentes, desplazamientos, ceremonias y la obligación de estar en contacto con miles de personas.

Un viaje papal no es un descanso. Supone un esfuerzo físico y emocional considerable. Implica sonreír, saludar, escuchar, hablar, recibir a niños, participar de celebraciones y sostener una actividad prácticamente constante. Todo eso demanda energía y requiere que quien lo realiza esté en condiciones de afrontarlo.

Por supuesto, León XIV puede tener un enorme deseo de visitar la Argentina. Es comprensible. También es comprensible la expectativa que genera su presencia en nuestro país. Pero el deseo del paciente no puede ser el único criterio para tomar una decisión de esta naturaleza. El deber de quienes lo rodean es cuidarlo, incluso cuando eso implique decirle que no.

El caso de Francisco

En este punto, la experiencia reciente de Francisco constituye una referencia que no deberíamos ignorar. La salud del papa argentino estuvo atravesada por decisiones en las que, a mi entender, la dimensión política e institucional tuvo un peso que no debió tener.

Francisco cometió dos errores que considero decisivos: no aceptar una operación cuando correspondía y no internarse cuando atravesó un cuadro de bronquitis. Su evolución posterior mostró las consecuencias que puede tener postergar decisiones médicas necesarias.

No se trata de afirmar que un desenlace diferente hubiera estado garantizado. En medicina no existen esas certezas. Pero sí de reconocer una enseñanza fundamental: la salud de un Papa no puede quedar subordinada a las necesidades de la institución que representa.

El Vaticano tiene responsabilidades pastorales, diplomáticas y políticas. La Argentina espera al Pontífice y la Iglesia tiene sus propias razones para querer concretar la visita. Ninguna de esas consideraciones, sin embargo, debe prevalecer sobre la indicación de los médicos. La condición de jefe de la Iglesia católica no lo vuelve inmune a los riesgos ni lo exime de respetar los tiempos de una recuperación.

La comunicación de la salud del Papa

Por eso, considero indispensable que la evaluación médica sea clara y que sus conclusiones se comuniquen con transparencia.

El parte oficial confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar y señaló que la intervención se realizó para garantizar una resección completa de la lesión. Es una información importante, pero no alcanza para conocer por sí sola cuál será el pronóstico definitivo ni qué actividades podrá retomar el paciente y en qué momento.

Sería conveniente que los profesionales que participaron de la operación expliquen en una conferencia de prensa cuál es la situación clínica, qué estudios quedan pendientes y cuáles son las recomendaciones para las próximas semanas y meses.

La información no debe limitarse a comunicar que una cirugía fue exitosa. También tiene que ofrecer elementos que permitan comprender el proceso de recuperación y sus eventuales riesgos.

León XIV es un paciente que, por lo que se conoce hasta ahora, tiene buenas perspectivas de recuperación. Si el equipo médico considera que necesita meses para recuperarse, esa recomendación debe ser respetada. Si eso implica postergar la visita a la Argentina, habrá que hacerlo.

Exponer al papa León XIV a un viaje que puede esperar, sin tener la certeza de que está en condiciones de realizarlo es no cuidarlo. Y después de lo que ocurrió con Francisco, tenemos la obligación de haber aprendido esa lección.

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