Alberto tiene una reforma: es la de Cristina

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    Ricardo Roa para Clarin

    Da la casualidad de que todas las medidas que él presenta como propias van en línea con lo que necesita Cristina.

    El juego está a la vista. Cristina Kirchner pisa el acelerador buscando dos objetivos simultáneos y que en el fondo son uno solo: salir del pantano de las causas por corrupción, la mayoría a las puertas de juicios orales y manejar resortes clave del aparato judicial. Pero el juego está tan a la vista que no la va a tener fácil.

    Alberto Fernández presenta medidas como ideas propias y da la casualidad de que todas van en línea con lo que piensa y necesita Cristina. Para empezar, la ya llamada Comisión Beraldi para reformar la Corte y que lleva el nombre del abogado de Cristina que tramita un montón de recursos de Cristina ante la misma Cor

    Los caminos del Presidente y de la vice para reformar la Justicia consisten en un proyecto que no explica cuál es el problema que viene a resolver ni qué propone para resolverlo. Lo justifican en algo con lo que nadie puede estar en desacuerdo: desterrar la politización en la Justicia federal, la docena de jueces de Comodoro Py que son la crema del sistema y los más conocidos del sistema. Les importa poco que casi todos fueran nombrados por el kirchnerismo al que muchos prestaron grandes servicios. Ahora son poco confiables.

    Otra cara del proyecto desguaza el fuero menos contaminado por la política y que atiende los problemas penales de la gente común. Y una más: va a contramano del sistema acusatorio que ya empezó a aplicarse en Salta y Jujuy y debería llegar en dos años a todos lados. Se necesitarán más fiscales y menos jueces, pero el Gobierno nombrará una pila de jueces. ¿Serán mejores? Nadie lo sabe. Sí se sabe que el casting lo hará una Cámara de Casación que no es la que corresponde sino otra de mayoría kirchnerista. Esto es, reemplazarán un esquema contaminado por otro esquema igual o más contaminado.

    También designarán algunos fiscales. ¿Y quién los designará? No lo dicen. Sí se sabe por qué no lo dicen: esperan correr antes al procurador Casal. Casal es un digno funcionario de carrera que tiene un peso comparable al de un miembro de la Corte. Asumió por un rato la jefatura de los fiscales, hasta que Macri pudiera colocar a su candidata Weinberg de Roca, pero el rechazo del peronismo lo dejó allí hace dos años y 8 meses. El Gobierno ahora le inventa denuncias y lo amenaza con hacerle juicio político para disciplinarlo y que renuncie y poner en su lugar a uno de sus militantes, Víctor Abramovich. En voz baja, Casal responde: ”No me iré porque me presionen”. Está claro: la Corte no es el hueso más duro de pelar; la suma es lo más duro de pelar.

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