Milei en su salsa. Por Mónica Gutierrez

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    Los malos modos del Presidente sostienen la mística, una narrativa irritante que alienta a sobrellevar el terrible esfuerzo del ajuste.

    Nadie puede darse por sorprendido. Milei está haciendo lo que prometió.

    La feroz narrativa con la que sostiene su derrotero está en línea con su discurso de campaña. Entre demonios e imprecaciones avanza entreteniendo a una platea sufriente pero todavía esperanzada. Un circo romano que alimenta a diario con revulsivas intervenciones en la conversación pública.

    Se le imputa no haberse calzado el traje de Presidente y seguir en modo campaña. A esta altura parece una estrategia rendidora. Va de canal de canal acelerando el relato. De cuenta en cuenta en las redes sociales, evacuando con fruición su impronta digital.

    Milei despacha sus malos modos sin pudor ni miramientos. Hostiga con el látigo hiriente de la ira a propios y extraños. El león ruge. El padre de Conan, ladra. El jefe de Estado juega a “animalizar” a sus opositores reduciéndolos a una condición subhumana.

    El flamante Presidente de los argentinos acelera para consolidar el vínculo con una inmensa mayoría que quiere que le saquen de encima veinte años de ensañamiento populista.

    Milei es el costo político a pagar tras la desmesura de los K. Un outsider al que todo parece tolerarsele para que pase una escoba sanitaria sobre el pasado corrupto y parasitario.

    De Lali Esposito a Ricardo López Murphy el libertarío se solaza explicando sus métodos. No se trata de dañar a tal o cual, sino de elegir al más vistoso para ejemplificar e intimidar. Una táctica eficaz, no se habla de otra cosa.

    Milei fue, estos días, absolutamente explícito. Admitió que el rechazo a la ley de Bases, súbitamente abortada por el oficialismo, terminó ordenando el espectro ideológico al exponer quiénes están con el cambio y “quiénes siguen aferrados al status quo…defendiendo los curros“. No vivió la caída de la mega norma como una derrota sino como una oportunidad.

    Con las movidas cegetistas y los paros sindicales pasa algo parecido. Los deja hacer. A ellos también busca exponerlos. Firme en esta idea de reversionar la mirada de la realidad, los deja patalear con huelgas y medidas de fuerza que complican la vida diaria de la gente en orden a exhibirlos como parte del problema y no de la solución. Confía en la mala imágen que la corporación sindical tiene en la gente.

    La red sobre la que saltimbanquea Milei es la paciencia social que todavía cultiva con estoicismo la inmensa mayoría, es el 56% que apostó a salir de agujero negro de la “década ganada”.

    El acompañamiento a Milei incluye hasta aquí a los que creen que ni el Estado es necesariamente una asociación ilícita para delinquir, ni el Congreso es un “nido de ratas”, pero que saben que la corrupción enquistada en las estructuras gubernamentales es una aberración que debe ser removida para sostener el sistema.

    “Hace falta un loco para dar vuelta todo esto”, piensan muchos. Para este sector, Milei es un medio, nunca un fin.

    Es mucha la gente que está dispuesta a bancarse el brutal recorte que se está aplicando con tal de llegar a otra orilla. A nado, boqueando, pero salir de aquí. Tal es el estado de estropicio en el que CFK y los suyos dejaron el país.

    Milei está feliz, en su salsa. Celebra los logros de reducción del déficit que presenta la gestión económica. “Estamos haciendo el ajuste más grande de la historia argentina y mi imagen sigue igual”, se jacta Milei.

    Un exhaustivo informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, IARAF da cuenta de la cruda realidad.

    El Gobierno llevó adelante en sus primeras semanas de gobierno el recorte del gasto público más grande de los últimos 30 años. El gasto primario se redujo en 39,4% interanual real, cerrando el período con un superávit primario. Sobre el monto total ahorrado, el mayor aporte lo hicieron sobre las jubilaciones y pensiones contributivas con el 33% de la participación.

    Consultado acerca de la penosa situación de la clase pasiva, Milei fue absolutamente crudo:

    “No hay plata, todos los sectores se empobrecieron”. Para concluir es que hay más chicos pobres, que viejos pobres. Mientras el 60% de los menores vive en situación de pobreza, el registro de ancianos en esa condición es solo del 15%. Hace responsables a quienes derribaron la ley de la imposibilidad de implementar una nueva fórmula para el ajuste de los haberes. La cuestión quedó en veremos.

    Una encuesta de la consultora Zuban asegura que si bien Javier Milei sigue contando con el apoyo de la mayoría de los que lo votaron, ya se produjo un punto de inflexión. La opinión pública comienza a responsabilizar a la actual gestión de la situación económica. Mientras en diciembre solo el 25% creía que Milei era responsable de la situación económica, ya en febrero el 51% de los consultados atribuye a la gestión libertaria las penurias del momento,

    La hiperactividad mediática de Milei rompió el escenario de los tres tercios y fue generando una nueva polarización: a favor o en contra de Milei.

    La nota dominante es que el sector de los anti mileístas es la fragmentación. Esto es especialmente así en las fuerzas que supieron componer Juntos por el Cambio. La principal alianza opositora está objetivamente pulverizada.

    “Juntos por el Cambio está llegando a la desaparición como coalición”, dijo Patricia Bullrich en Washington. La ministro de Seguridad ve venir una alianza entre la LLA y el PRO anclada en las ideas. Un escenario que imagina para las próximas elecciones.

    La idea de un cogobierno se diluye en un mar de especulaciones y dificultades. A las resistencias internas de uno y otro lado se suma un convencimiento de Mauricio Macri, quien va por la presidencia partidaria. Si a Javier Milei le va bien, el partido de los amarillos quedará fagocitado por los libertarios y si le va mal, Macri pagara los costos a la par del presidente anarcocapitalista. Me conviene, no me conviene.

    No son pocos los libertarios que manifiestan incomodidad frente a la posibilidad de una alianza aún en el ámbito parlamentario.

    Milei no parece tener apuro alguno en fusionarse con el PRO. Nada que desdibuje el liderazgo exclusivo del espacio que representa. Consciente de los riesgos que para él representa empardar con el libertario, toma el asunto con máxima cautela. Quedar subsumido bajo el poder de los Milei sería pura pérdida para su capital político.

    El ministro de Economía, que no deja de manifestar su deslumbramiento por la figura presidencial, también descarta de plano la hipótesis de un cogobierno. “No hay ninguna razón para pensar en una integración con el PRO a nivel del Poder Ejecutivo”, contestó sin vueltas.

    Sostener la expectativa y contener el malestar social demanda medidas efectistas.

    El cierre del INADI y el desplazamiento de decenas de altos funcionarios camporistas del ANSES van en ese sentido. Si bien en el caso del cierre del Instituto Nacional contra la Discriminación generó un encendido debate, la medida fue celebrada como un fuerte avance contra la casta abulonada en los estamentos estatales.

    Son medidas que ayudan a estirar el tiempo de la paciencia. El recorte de gastos y privilegios en los ministerios siempre es bien recibido y en un contexto de recesión y despidos en el sector privado, puede ayudar a sobrellevar el duro tiempo de la adversidad.

    Empeñado en su misión salvífica, Milei ahora propone pena de cárcel para los funcionarios que emitan dinero para el Tesoro. Se trabaja en la idea de “definir al señoreaje como un delito penal que alcance al Presidente del BCRA, el directorio y los funcionarios involucrados con penas privativas de la libertad”.

    Nada, en cualquier caso, será suficiente si no se sostiene la desaceleración de la inflación y si no empieza a sentirse a nivel del común de los mortales alivio económico, recuperación del poder adquisitivo.

    El levantamiento del cepo podría tener un efecto paradigmático. Nada expresaría de manera más contundente un regreso hacia un país normal que la unificación cambiaria.

    Otro delicado frente a conformar es el de los gobernadores. En la tarde de este viernes los seis mandatarios patagónicos emitieron un durísimo comunicado respaldando al chubutense Nacho Torres que denunció que el Ministerio de Economía de la Nación le retuvo ilegalmente $13500 millones de la coparticipación mensual.

    El gobernador chubutense amenazó con no entregar petróleo al gobierno nacional a modo de represalia.

    “Repudiamos tajantemente el ataque que está haciendo el gobierno nacional a una provincia hermana, no aceptamos patrones de estancia ni el unitarismo de quienes creen que van a poder pisotear a las provincias”, dice el comunicado titulado “Las Provincias Unidas del sur”. Esto recién empieza.

    Los malos modos de Milei sostienen la mística, una narrativa irritante que alienta a sobrellevar el terrible esfuerzo del ajuste. La pregunta del momento es cuánto se extenderá en el tiempo ese insumo bendito que le permite al Presidente hacer y deshacer por cuenta y orden de su voluntad el más duro ajuste de que tengamos memoria.

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