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Las ventas se desploman 15% y piden frenar la apertura indiscriminada de carnicerías en Salta

El mostrador de la carnicería, históricamente termómetro de la economía cotidiana en Salta, refleja hoy una realidad implacable. Entre estadísticas oficiales que matizan la crisis e hileras de ganchos cada vez más despojados, los comerciantes del sector enfrentan una tormenta perfecta: caída en el consumo de carne vacuna y un esquema de competencia sin regulación que amenaza la supervivencia del negocio de barrio.

Menos faena y un consumo resentido Los números confirman la desaceleración de la actividad en los frigoríficos y en los puntos de venta de la provincia:

La faena de ganado vacuno registró un retroceso cercano al 10%, una cifra que grafica de manera directa el menor movimiento de cabezas hacia el mercado interno.

La demanda de cortes vacunos cayó en proporciones similares a la faena, registrando una clara retracción en el hábito de compra de los salteños.

Para mantener la proteína en el plato, el consumidor ha compensado la pérdida del vacuno aumentando la demanda de carne de cerdo.

Si bien al contabilizar en conjunto los niveles de consumo de res, cerdo y pollo la Argentina sostiene marcas elevadas en el plano internacional, la percepción en la calle difiere drásticamente del dato macroeconómico.

La grieta entre la estadística y la calle La brecha entre el balance global del mercado y el día a día de los comercios deja un panorama desolador en las ventas minoristas:

Se estima que el volumen de ventas en las carnicerías salteñas ha caído alrededor de un 15%.

Las pequeñas carnicerías familiares vienen cediendo espacio de forma sistemática ante la expansión de grandes cadenas y supermercados que concentran el mercado.

Con una facturación golpeada, el sostenimiento del local y la carga fiscal impositiva se vuelven una meta difícil de alcanzar.

El debate por la competencia y la regulación comercial Más allá de la pérdida de poder adquisitivo del cliente, la preocupación central gira en torno a la falta de pautas para la apertura de nuevos locales en una misma zona geográfica:

La proliferación de negocios del mismo rubro pared de por medio genera una fragmentación del mercado que termina asfixiando a las carnicerías ya consolidadas.

Los establecimientos históricos afrontan costos y habilitaciones inmediatas, mientras que los nuevos emprendimientos suelen operar durante sus primeros meses con esquemas de regularización diferida.

Surge la necesidad de que los municipios evalúen normativas de habilitación que fijen distancias mínimas (entre 4 y 5 cuadras) para proteger la sustentabilidad de los comercios existentes.

La encrucijada plantea un dilema para la economía local: mientras el libre juego de la oferta busca abaratar precios para el consumidor final, la falta de planificación urbana para los comercios de cercanía amenaza con liquidar a las pymes del sector antes de que el consumo vuelva a recuperarse.

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